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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


viernes, 2 de marzo de 2018

DIOS NECESITA DE MÍ



Hoy es 2 de marzo, y me gustaría continuar con lo de ayer. “Saber oír” a Dios, aprender a oírlo, esto sí que es importante, Importante con mayúsculas…

Terminábamos con algo que escribió Etty Hillesumen su Diario. Esta joven judía holandesa, que murió en la cámara de gas en Auschwitz a los 28 años, tuvo una particular experiencia de Dios. De ella habla Iván López Casanova en su libro Pensadoras para el siglo XXI, vale la pena este libro.

En su Diario, impresiona fuertemente algo que ella escribe sobre “ayudar a Dios”, así lo percibía. La suya es una experiencia personal e intransferible, un ejemplo de cuál fue SU percepción de la voz de Dios.

Escribió así, cuando ya estaba en el campo de concentración: “Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica… Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado.

Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias… Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior… Mantendré en un futuro próximo muchísimas más conversaciones contigo y de esta manera impediré que huyas de mí. Tú también vivirás pobres tiempos en mí, Señor, en los que no estarás alimentado por mi confianza. Pero, créeme, seguiré trabajando por ti y te seré fiel y no te echaré de mi interior“(12 de julio de 1942) 

“Seguiré trabajando por ti y te seré fiel”…  Pienso que una riqueza tan grande como esta, reclama meditación, contemplación, rumiar los textos, como decían los antiguos Padres de la Iglesia.

En otro momento, Etty escribió también: “Todo progresa según su ritmo interno peculiar en cada uno de nosotros y se debería enseñar a la gente a escuchar y a respetar dicho ritmo; esto es lo más importante que un ser humano puede aprender en esta vida.







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