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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


martes, 29 de agosto de 2017

COHERENCIA

Veníamos hablando de fortaleza, y hoy, 29 de agosto, recordamos en la Iglesia el mayor ejemplo de esta virtud: hoy es la conmemoración del martirio de Juan el Bautista.

Jesús dijo que ningún hombre fue más grande que Juan el Bautista, ¡qué elogio! Con palabras de hoy, yo diría que es el ejemplo exacto de lo “políticamente incorrecto” y que tenemos que aprender de él a dar la vida, si es necesario, por la fidelidad a su conciencia, formada en la santa ley de Dios. 



¿Cuál fue el problema? Leo el evangelio de la Misa de hoy: Herodes había mandado apresar a Juan y le había encadenado en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo; porque se había casado con ella y Juan le decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano». Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía: porque Herodes tenía miedo de Juan, ya que se daba cuenta de que era un hombre justo y santo. Y lo protegía y al oírlo le entraban muchas dudas; y le escuchaba con gusto. Cuando llegó un día propicio, en el que Herodes por su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea, entró la hija de la propia Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los que con él estaban a la mesa. Le dijo el rey a la muchacha: —Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le juró varias veces: —Cualquier cosa que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino. Y, saliendo, le dijo a su madre: —¿ Qué le pido? —La cabeza de Juan el Bautista  contestó ella. Y al instante, entrando deprisa donde estaba el rey, le pidió: —Quiero que enseguida me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se entristeció, pero por el juramento y por los comensales no quiso contrariarla. Y enseguida el rey envió a un verdugo con la orden de traer su cabeza. Éste se marchó, lo decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha y la muchacha la entregó a su madre. Cuando se enteraron sus discípulos, vinieron, tomaron su cuerpo muerto y lo pusieron en un sepulcro. (Mc , 17-29).

Creo que no hace falta hacer ningún comentario o, quizás, son tantos los comentarios que despierta el relato que es preferible no hacer ninguno… Juan es ejemplo de integridad hasta el final, de coherencia completa. Hoy, con los criterios al uso, tan difundidos, quizás saltarían comentarios de este estilo: ¿y por qué no se calló la boca, y para qué se metió en líos? Dejá, que cada uno haga lo que le parezca

En el siglo XV tenemos a un santo que terminó su vida igual que san Juan Bautista. Fue Santo Tomás Moro; es el patrono de los gobernantes y los políticos. Hay una película formidable, que ganó el Oscar, Un hombre para la eternidad, la recomiendo. Estudió en Oxford y en Londres, fue un gran abogado y humanista. De gran prestigio profesional, en la Corte le piden su colaboración, y luego es elegido Canciller del Reino. Pero cuando Enrique VIII, con presiones y sobornos consigue la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, Tomás Moro renuncia a su cargo intuyendo que eso le costará muy caro.
Se niega a firmar el Acta de Sucesión y de Supremacía, por la que el rey se proclama Cabeza de la Iglesia Anglicana. Moro acata la autoridad civil del rey, pero no quiere ser infiel a su conciencia. Poco después es juzgado y encerrado en la Torre de Londres; muchos le piden que firme, que ceda, aunque sea disimulando, pero su conciencia no se lo permite. Fue decapitado, como Juan el Bautista. Seguiremos.



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