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martes, 25 de julio de 2017

DERECHO Y DEBER DE LOS PADRES

Hoy es la fiesta del apóstol Santiago, Patrono de España, y el primer apóstol mártir; a él nos encomendamos.

Permítanme un recuerdo personal. Cuando yo tenía 10 años, quizás 11, y un año más mi hermano Carlos, que en paz descanse, un sábado de tarde mi padre cerró la puerta del escritorio en mi casa, y nos explicó con gran delicadeza y claridad cuál era el origen de la vida, cómo venían los hijos al mundo, por dónde salían del vientre de la madre… Nos quedó todo muy claro, a mi hermano y a mí, y a la vuelta de tantos años siempre le agradezco a Dios y a mi padre aquella conversación, cuando estábamos entrando en la edad de la curiosidad por saber más acerca del precioso misterio de la vida.

Lo que hizo mi padre aquella tarde fue también una lección de obediencia a lo que siempre ha enseñado la Iglesia: la educación sexual es un derecho y deber fundamental de los padres y, con palabras de Juan Pablo II, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos. En este sentido la Iglesia reafirma la ley de la subsidiariedad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educación sexual, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres” (Fam. Cons. N. 37).



En otras palabras, los padres no pueden delegar en la escuela lo que es un deber fundamental de ellos, más aún hoy, cuando vivimos bajo la “dictadura del relativismo”, en expresión de Benedicto XVI, en la que no hay lugar para las normas morales. Decía también Juan Pablo II: «Por los vínculos estrechos que hay entre la dimensión sexual de la persona y sus valores éticos, esta educación debe llevar a los hijos a conocer y estimar las normas morales como garantía necesaria y preciosa para un crecimiento personal y responsable en la sexualidad humana. Por esto la Iglesia se opone firmemente a un sistema de información sexual separado de los principios morales y tan frecuentemente difundido, el cual no seria más que una introducción a la experiencia del placer y un estimulo que lleva a perder la serenidad, abriendo el camino al vicio desde los años de la inocencia».

Entiendo que hay padres y madres a los que les cuesta especialmente hablar de la sexualidad con sus hijos, pero es un deber hacerlo: ¿no los vacunan contra la gripe?, ¿no cuidan si están sanos o enfermos?, ¿no les hacen recomendaciones de todo tipo?... Habrá quizás que preguntar, informarse, sacar experiencias de otros padres…, pero no dejar de cumplir un deber esencial.  

Por lo demás, ¿cuál es la concepción de la persona que tienen tantos manuales de educación sexual, promovidos y financiados por organismos internacionales interesados en difundir la ideología de género, como veíamos ayer?

Piénselo cada uno, después de leer algunas páginas, no más, de la PROPUESTA de la que hablamos ayer. (Las ACTIVIDADES del final no tienen desperdicio, para enterarse de lo que pretende la IDEOLOGÍA DE GÉNERO).


1 comentario:

Alvaro Fernandez dijo...

Analizando la propuesta a fondo, llama la poderosamente la atención que mientras la palabra "género" se usa más de 80 veces, en un documento cuyo fin es la educación sexual, la palabra amor no figura, salvo como parte de la expresión "hacer el amor". ¿Como podria haber consenso entre esta propuesta y una institución que tiene como uno de sus fines principalisimos establecer en la Tierra la cultura del Amor?