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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


jueves, 12 de octubre de 2017

VIRGEN DEL PILAR, RUEGA POR ESPAÑA

 12 de octubre es hoy, Día de la Raza, dice el calendario, pero sobre cualquier otra advocación, pienso que tenemos que tener muy presente que hoy celebra España a su Patrona, ¡nada menos!, la Virgen del Pilar.
Por las circunstancias tan difíciles que está viviendo por la pretendida declaración de independencia de Cataluña, quiero invitarlos a rezar hoy el Santo Rosario rogándole a la Virgen, en este día de fiesta, que las cosas se arreglen serenamente. Ella sabe cómo hacerlo.
Les conté que el Domingo pasado estuve en Illescas, una población al sur de Madrid, en la provincia de Toledo. Y me llamó la atención el aviso que dio el párroco al terminar las dos Misas que concelebró conmigo. Dijo que en este año, precisamente por el momento que se está viviendo, hoy no tendrían la Misa en el cuartel de la Guardia Civil, sino que la Guardia Civil vendría a Misa a la parroquia. Corporativamente, la Guardia Civil tiene por Patrona a la Virgen del Pilar.
Le pregunté cómo era eso, y me dijo que todos los años, el 12 de octubre, el párroco va al cuartel de la Guardia Civil para celebrar la Misa en honor de  la Virgen del Pilar, pero que en esta ocasión había una orden superior de no hacerlo, ya que las cosas no están para fiestas.


Más allá de esta circunstancia, la fiesta de hoy nos lleva a los primerísimos tiempos de la extensión del cristianismo. Dice una fuerte tradición que en el año 40 el apóstol Santiago estaba evangelizando aquellas tierras y, pasando por Asturias, a través de Galicia y de Castilla llegó hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad que se llamaba Cesaraugusta, que conocemos hoy como Zaragoza.
Cuenta la tradición que el 2 de enero del año 40 se encontraba Santiago con 8 discípulos junto al río Ebro, cuando escuchó voces de ángeles que cantaban Ave Maria, gratia plena y vio aparecer a la Virgen sobre un pilar de mármol. La Virgen, que aún vivía, le pidió al apóstol que allí levantara una capilla, con el altar en torno al pilar donde ella estaba de pie. Ese fue el origen de la fantástica Basílica del Pilar, en la que se venera desde entonces la imagen de la Santísima Virgen. Que esta tradición es antigua lo muestra el sarcófago de Santa Engracia, que se conserva en Zaragoza desde el siglo IV, en el que un bajorrelieve representa el descenso de la Virgen apareciéndose al apóstol Santiago.
Por lo demás, Colón llegó por primera vez al continente americano el 12 de octubre de 1492. Fue un descubrimiento que cambió la historia. El Papa Juan Pablo II dijo que la Virgen del Pilar es la “patrona de la hispanidad”. En síntesis, recemos a la Virgen. Está muy reciente la consagración de Montevideo a la Virgen que hizo el arzobispo delante de miles de fieles: a Ella le confiamos hoy, de modo especial, que el proceso que está viviendo España termine en paz

miércoles, 11 de octubre de 2017

UNA FECHA PARA LA HISTORIA

 Hoy es 11 de octubre, una fecha de especial importancia. Hoy celebramos en la Iglesia al papa san Juan XXIII y lo celebramos hoy porque él fue quien inauguró hoy, en 1962, el mayor acontecimiento que ha vivido la Iglesia en el siglo XX: el Concilio ecuménico Vaticano II. El Papa quiso hacerlo hoy porque en aquel tiempo se celebraba el 11 de octubre la Maternidad Divina de María, que más adelante fue trasladada al 1 de enero.



Han pasado 55 años desde aquel día. Juan XXIII dijo en el discurso de la solemne inauguración: El gran problema planteado al mundo, desde hace casi dos mil años, subsiste inmutable. Cristo, radiante siempre en el centro de la historia y de la vida; los hombres, o están con El y con su Iglesia, y en tal caso gozan de la luz, de la bondad, del orden y de la paz, o bien están sin El o contra El, y deliberadamente contra su Iglesia: se tornan motivos de confusión, causando asperezas en las relaciones humanas, y persistentes peligros de guerras fratricidas.

Más adelante añadió: El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz. Doctrina, que comprende al hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; y que, a nosotros, peregrinos sobre esta tierra, nos manda dirigirnos hacia la patria celestial. Esto demuestra cómo ha de ordenarse nuestra vida mortal de suerte que cumplamos nuestros deberes de ciudadanos de la tierra y del cielo, y así consigamos el fin establecido por Dios.

Habría mucho para comentar… Pero creo que lo más interesante es recordar y actualizar lo que ocurrió otro 11 de octubre pero de 1992: el Papa san Juan Pablo II entregó a la Iglesia un fruto extraordinario del Concilio: el Catecismo de la Iglesia Católica. Digo fruto del Concilio, porque, en efecto, fueron los Obispos de todo el mundo, por medio de sus representantes, los que pidieron al papa, en 1985, que se compusiera un catecismo, es decir un compendio de la enseñanza de la Iglesia, en el que se la presentara de manera accesible al hombre de hoy. Duró 6 años la preparación de este Catecismo, que es una maravilla.

Lo que me propongo ahora es ir presentando, según el Catecismo de la Iglesia Católica, algunos temas que me parece que tienen especial interés en nuestro momento. Serán bienvenidas las sugerencias.


viernes, 29 de septiembre de 2017

UN MOTIVO PARA LA SOBRIEDAD (La Templanza y 5)

Hoy, 29 de septiembre, celebramos en la Iglesia a los tres Arcángeles que aparecen en la Sagrada Escritura con su nombre propio: San Miguel, San Gabriel y San Rafael. ¡Qué importante conocerlos, pedirles ayuda, tener amistad con ellos! A ellos les encomiendo de modo especial que las consideraciones que venimos haciendo sobre la virtud de la templanza, la sobriedad, tan necesaria siempre y más en este tiempo nuestro de consumismo fomentado por tantos medios, encuentren eco en ustedes y sepamos cada uno vivir esta preciosa virtud  y enseñar a vivirla, en primer lugar, a los hijos. Sé que no es fácil, pero hay poner los medios.



Educar a los hijos en la sobriedad reclama en primer lugar, como es obvio, que la pauta de sobriedad esté marcada por los padres. No se me olvida algo del primer tiempo de mi sacerdocio, recién ordenado y viviendo en Madrid. Un chico que hablaba conmigo (16 años) me contó un día que se habían mudado de apartamento, y que estaban mejor (era una familia numerosa), no tan apretados como antes. Y agregó: - Bueno, por ahora estamos comiendo sobre unos cajones, porque no tenemos mesa en el comedor. - ¿Y eso?... - ¡Uy, usted no sabe!  Hasta que mi madre se decida por una podemos pasar un mes: ella mira, consulta precios, va a subastas, habla con mi padre y después concreta la compra.

Me lo contaba con naturalidad, como algo normal. Y me consta que el padre tenía un muy buen trabajo y que ganaba bien… Y sé también que en su casa sólo había Coca-Cola los días de fiesta; y que la ropa pasaba de un hermano a otro… En fin, ¿se entiende por dónde va la educación de la sobriedad en los hijos? David Isaacs dice algo importante: hay una finalidad más importante que debería regir el modo de actuar de cada uno. Cada persona debe responsabilizarse de su propia vida, de tal modo que utilice bien lo que posee, al servicio de Dios y de los demás. No sólo se trata de no hacer daño, sino también de hacer bien. No se trata de gastar el dinero y el tiempo propios para el propio placer sino para el propio bien y el bien de los demás. Esto es justicia consigo mismo y con los demás.

Por otra parte, ¿cómo no tener presentes las palabras de Jesús, tan exigentes y liberadoras? Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas (Mt 6, 24s). Y en otro momento nos dijo que la puerta para entrar en el Cielo es angosta y que hay que exigirse para entrar por ella: es obvio que no se trata sólo de adelgazar…, aunque no podemos olvidar que un problema muy serio que tenemos en Uruguay es el de la obesidad.

En fin, cuando Juan Pablo II habló de la sobriedad, dijo al final de su catequesis: Es necesario que termine aquí, aunque estoy convencido de que el tema queda interrumpido, más bien que agotado. Yo me apropio de estas palabras y termino aquí.


jueves, 28 de septiembre de 2017

SAL SIN SABOR (La templanza-4)

Estamos tratando de la templanza, de la sobriedad, y pienso que no pocas personas quisieran encontrar una especie de catálogo de normas, de prohibiciones a las cuales atenerse en esta materia. Lo siento, pero ese prontuario no existe. En cambio, sí existen unos principios generales que cada uno –especialmente pienso en los padres y madres de familia- tiene que ver cómo los lleva a la práctica.



Uno de esos principios es que somos nosotros, los cristianos, los que debemos ser sal de la tierra. Y hay que estar vigilantes, porque es tal la cantidad de mundanidad que respiramos, que es muy fácil disolver la sal y que se vuelva insípida. Si nos dejamos llevar por lo que “está de moda” y, por ejemplo, se hacen gastos desproporcionados para descansar; si uno percibe su inquietud porque acaba de salir el último modelo de celular y no para hasta que lo consigue; si no tenemos control en la bebida o en la comida, con sus lógicas consecuencias de pérdida del dominio de uno mismo; etcétera, etcétera, todos estos y otros muchos más son modos de ir disolviendo nuestra sal.

Otro principio o criterio es que vivimos en sociedad, con otras personas, y que no puede resultarme indiferente cómo viven, especialmente las que tengo más cerca: empleados o que de algún modo dependen de mí. ¿Qué tienen, qué no tienen, cómo podría ayudarlos más allá de lo que es “justo según la ley”?... Esto es así, sencillamente, porque somos cristianos, hijos de Dios, nada más y nada menos que por eso.

Otras referencias, muy profundas, las presentaba el Papa San Juan Pablo II hablando de la templanza. Decía: esta virtud exige de cada uno de nosotros una humildad específica en relación con los dones que Dios ha puesto en nuestra naturaleza humana. Yo diría la “humildad del cuerpo” y la “del corazón”. Esta humildad es condición imprescindible para la “armonía” interior del hombre, para la belleza “interior” del hombre. Reflexionemos bien sobre ello todos, y en particular los jóvenes y, más aún, las jóvenes en la edad en que hay tanto afán de ser hermosos o hermosas para agradar a los otros. Acordémonos de que el hombre debe ser hermoso sobre todo interiormente. Sin esta belleza, todos los esfuerzos encaminados al cuerpo no harán —ni de él, ni de ella— una persona verdaderamente hermosa.

Por otra parte, se preguntaba, ¿no es precisamente el cuerpo el que padece perjuicios sensibles y con frecuencia graves para la salud, si al hombre le falta la virtud de la templanza, de la sobriedad? A este propósito podrían decir mucho las estadísticas y las fichas clínicas de todos los hospitales del mundo. También tienen gran experiencia de ello los médicos que trabajan en consultorios a los que acuden esposos, novios y jóvenes. Es verdad que no podemos juzgar la virtud basándonos exclusivamente en criterios de la salud psico-física; pero sin embargo, hay pruebas abundantes de que la falta de virtud, de templanza, de sobriedad, perjudica a la salud.

Es todo muy práctico, ¿no les parece? Ojalá nuestro “termómetro interior” funcione bien, para saber discernir lo que es bueno y mejor para mí y para mi familia en relación con la sobriedad. Qué importante, en esta materia en particular, el diálogo entre los esposos y, más en concreto todavía, el diálogo para discernir cómo educar a los hijos en la sobriedad. 



miércoles, 27 de septiembre de 2017

COMO BUCÉFALO (La templanza-3)

Es miércoles 27 de septiembre y tengo bien presente hoy al Beato Álvaro del Portillo. Hace tres años, en Madrid, fue una fiesta inolvidable su beatificación. A él me encomiendo y los encomiendo a todos.

Estamos tratando de la templanza, a la que también llamamos sobriedad. ¿Verdad que nos suena una palabra parecida? Ebrio. Sobrio, en su origen, significaba lo contrario de ebrio: el que es moderado en el vino. Después se extendió a la moderación en todos los aspectos de la vida.

Fíjense cómo lo explicaba Juan Pablo II: A esta virtud se la llama también “sobriedad”. Es verdaderamente acertado que sea así. Pues, en efecto, para poder dominar las propias pasiones (los impulsos espontáneos de la SALIGEP, ¿se acuerdan?, sobre todo por lo que hace a la lujuria y a la gula, pero también a la ira, a la soberbia, a la envidia…), no debemos ir más allá del límite justo en relación con nosotros mismos y nuestro “yo inferior”. Si no respetamos este justo límite, no seremos capaces de dominarnos.


El Papa salía al cruce de un equívoco: esto no quiere decir, explicaba, que el hombre virtuoso, sobrio, no pueda ser “espontáneo”, ni pueda gozar, ni pueda llorar, ni pueda expresar los propios sentimientos; es decir, no significa que deba hacerse insensible, “indiferente”, como si fuera de hielo o de piedra. ¡No! ¡De ninguna manera! Es suficiente mirar a Jesús para convencerse de ello.

Y agregó: Jamás se ha identificado la moral cristiana con la estoica (la moral estoica decía un rotundo NO a las pasiones, que perturban la razón). Al contrario, considerando toda la riqueza de afectos y la emotividad de que todos los hombres están dotados —si bien de modo distinto: de un modo el hombre y de otro la mujer, a causa de la propia sensibilidad—, hay que reconocer que el hombre no puede alcanzar esta espontaneidad madura, si no es a través de un serio trabajo sobre sí mismo y una “vigilancia” particular sobre todo su comportamiento. En esto consiste, por tanto, la virtud de la “sobriedad”.

Quisiera subrayar lo de “un serio trabajo sobre sí mismocomo condición para alcanzar una espontaneidad madura. ¿Cómo explicarlo? No sé si conocen la historia del caballo de Alejandro Magno, Bucéfalo. Era un animal sumamente nervioso, nadie había podido montarlo. Alejandro lo consiguió. Mandó que lo sostuvieran mirando al sol: es que se asustaba de su propia sombra el bicho… Y lo mantuvo a rienda corta… Se fue calmando y lo sirvió en todas sus batallas con gran nobleza y valentía. Su “espontaneidad” se hizo madura…


También nosotros, los hombres, necesitamos domarnos. La tendencia al placer, a lo fácil, a lo que me gusta, al yo-mi-me-conmigo es muy fuerte. Es necesario ejercitarse permanentemente, en todos los ámbitos, para tener dominio sobre uno mismo. Educar a los hijos en este nivel no es fácil, pero es bien posible. Seguiremos.

martes, 26 de septiembre de 2017

SI NO LE HAGO MAL A NADIE (Templanza-2)

Hoy es martes 26 de septiembre. Ayer empezamos a introducirnos en la templanza, virtud por demás importante que, no obstante, despierta  muy poco interés, sobre todo entre la gente joven pero no sólo en ellos.

¿En qué se nota?... Bueno, está por ejemplo el cuento del señor que llega a la fiesta y, cuando el mozo se acerca y le ofrece algo para beber -¿vino, cerveza, whisky?...- el señor contesta seriamente: - Está bien, sí, en ese orden. No resulta fácil explicar la necesidad de la sobriedad, de la moderación, de la templanza, porque uno puede encontrarse con justificaciones como estas: ¿qué hay de malo en pasarla bien? Si yo no le hago mal a nadie… ¿Por qué no puedo gastarme el dinero en lo que quiero y puedo comprar?



Por otro lado, si fumar marihuana da placer y es legal; si, en general, cada vez hay más cosas, más lindas y más baratas, ¿por qué me voy a controlar? O, desde otro ángulo, recuerdo que antes de Semana Santa les pregunté a los chicos de sexto año de un colegio, en Minas, qué iban a hacer durante esos días, y me respondieron: - Me voy a Miami, me voy a Punta Cana, me voy a Disneylandia y a otros sitios… ¿Será que los tiempos han cambiado tanto y esto resulta normal? Pero, ¿es bueno esto? Bueno para que los chicos lleguen a tener una vida buena?

Tengo bien presente, a su vez, lo que me contó hace ya muchos años, el profesor de un colegio de Montevideo. – Fíjese: en la última reunión de padres les dije, “ustedes no pueden darle a sus hijos 500 pesos para que los gasten el fin de semana” (era mucha plata 500 pesos), y uno de los padres me dijo: - ¿Y por qué no? Yo hago con mi plata lo que quiero.

En fin, la casuística es inagotable: la falta de moderación está presente en todos los terrenos, incluso en uno, tan inocente, como el de los cumpleaños infantiles. Resulta que se dan verdaderas competencias entre los padres a ver cuál es más original: payasos, juegos inflables, regalos inverosímiles, tortas gigantes, sorpresas…

En este panorama, tan fomentado por todos los medios, hay que entender algo que explicaba Juan Pablo II al hablar de esta virtud: El hombre moderado es el que es dueño de sí. Aquel en que las pasiones no predominan sobre la razón, la voluntad e incluso el “corazón”. ¡El hombre que sabe dominarse! Si esto es así, nos damos cuenta fácilmente del valor tan fundamental y radical que tiene la virtud de la templanza. Esta resulta nada menos que indispensable para que el hombre “sea” plenamente hombre. Basta ver a alguien que ha llegado a ser “víctima” de las pasiones que lo arrastran, renunciando por sí mismo al uso de la razón (como por ejemplo un alcohólico, un drogado), y constatamos que “ser hombre” quiere decir respetar la propia dignidad y, por ello y además de otras cosas, dejarse guiar por la virtud de la templanza.

Como se ve el tema es importante. Pero falta conocer razones para entender bien la necesidad de practicar la virtud de la templanza. Seguiremos.


lunes, 25 de septiembre de 2017

LA TEMPLANZA (1)






En este lunes 25 de septiembre quisiera empezar a tratar algo sobre una de las cuatro virtudes cardinales, de la que tenemos especial necesidad: la templanza. Ustedes se preguntarán por qué.

Creo que se entenderá si les cuento esto que me contaron hace unos días. En el supermercado, una mamá está con su hijo de 6 o 7 años, está buscando algo en las góndolas. El hijo, un poco cansado de dar vueltas, le dice entonces a la madre: - Dale mamá, comprame algo. Y la madre: - Pero qué es lo que querés? – No sé, algo. La madre, en buen tono: - Si algo no te hace falta no se compra, porque cuesta trabajo ganar la plata, ¿entendiste?

La mamá, con su respuesta, estaba educando a su hijo en la virtud de la templanza o, si se quiere, en la sobriedad, virtud que hoy por hoy es especialmente necesaria.
En 1978 el Papa Juan Pablo I había empezado a tratar sobre las virtudes teologales, la fe, la esperanza y la caridad. Y se proponía seguir con las virtudes cardinales, cuando Dios se lo llevó al Cielo. Llegó Juan Pablo II y retomó las catequesis. Cuando habló de la virtud de la templanza empezó refiriéndose a las virtudes en general. Dijo: Cuando hablamos de las virtudes —no sólo de estas cardinales, sino de todas o de cualquiera de las virtudes— debemos tener siempre ante los ojos al hombre real, al hombre concreto. La virtud no es algo abstracto, distanciado de la vida, sino que, por el contrario, tiene “raíces” profundas en la vida misma, brota de ella y la configura. La virtud incide en la vida del hombre, en sus acciones y comportamiento. De lo que se deduce que, en todas estas reflexiones nuestras, no hablamos tanto de la virtud cuanto del hombre que vive y actúa “virtuosamente”; hablamos del hombre prudente, justo, valiente, y hoy precisamente, hablamos del hombre “moderado” (o también “sobrio”).
Enseguida hizo una aclaración importante: El mismo término “templanza” parece referirse en cierto modo a lo que está fuera del hombre. En efecto, decimos que es moderado el que no abusa de la comida, la bebida o el placer; el que no toma bebidas alcohólicas inmoderadamente, no enajena la propia conciencia por el uso de estupefacientes, etc. Pero esta referencia a elementos externos al hombre tiene la base dentro del hombre.
Lo que quería decir, en fin, es lo siguiente: Es como si en cada uno de nosotros existiera un “yo superior” y un “yo inferior”. En nuestro “yo inferior” viene expresado nuestro cuerpo y todo lo que le pertenece: necesidades, deseos y pasiones, sobre todo las de naturaleza sensual. La virtud de la templanza garantiza a cada hombre el dominio del “yo superior” sobre el “yo inferior”. ¿Supone acaso dicha virtud humillación de nuestro cuerpo? ¿O quizá va en menoscabo del mismo? Al contrario, este dominio da mayor valor al cuerpo. La virtud de la templanza hace que el cuerpo y los sentidos encuentren el puesto exacto que les corresponde en nuestro ser humano. Seguiremos.


viernes, 15 de septiembre de 2017

EL LUGAR JUSTO (MATRIMONIO-4)

Continuando con el tema de ayer, algo que escribe Costanza Miriano me da pie para mirar especialmente a la Santísima Virgen en la celebración de hoy: Nuestra Señora de los Dolores.

Escribe Costanza: Si una mujer consigue mantenerse al lado de un hombre en silencio, un silencio concentrado en Dios, que, como dice Santa Teresa de Ávila, es el más poderoso de los clamores, aprenderá lo que es la alegría de ver florecer a una persona junto a ella. Como la pérdida de identidad del hombre ha coincidido con las reivindicaciones feministas, una buena parte del trabajo que hay que hacer será retomar nuestro sitio.

¿Qué quiere decir con esto? Algo realmente importante, que la experiencia me lleva a compartir plenamente. Retomar su sitio quiere decir que la mujer tiene que aprender a no decidirlo todo, permitirle dar su opinión y no presionarlo, así él podrá emerger; y escucharlo, afirma, le hará asumir la responsabilidad de decir cosas sensatas. Es probable, advierte la escritora,  que las primeras veces que la mujer no cuestione su programa proponiéndole un plan B y otro B-2 e incluso, ya puestos, un plan C, él se temerá lo peor (¿tendrá algo que ocultarme?, ¿tendrá un amante?, o peor aún, ¿habrá invitado a su tía anciana la tarde del partido?). Concluye: es un trabajo hermoso y fecundo, porque si cada uno sostiene su parte del yugo, única y distinta, se produce mucho fruto, y con menos sufrimiento.



Dije que pensaba en la fiesta de hoy, la Virgen de los Dolores, y entendí que, una vez más, es Ella el modelo para imitar. Pensemos un poco en aquel sucedido, cuando Jesús, que ya había cumplido 12 años, se pierde en Jerusalén… José y María, después de haber hecho un día de camino, al no encontrarlo vuelven a la ciudad y empiezan a buscarlo, preguntando por todos los sitios si han visto a un chico que es así de alto, que… Las respuestas negativas deben de haberles provocado una desazón enorme, figúrense.

Cuenta san Lucas en su evangelio, que finalmente lo encontraron en el templo de Jerusalén, adonde seguramente José y María habrán ido a rezar. Ahí está Jesús, sentado entre los que explican la Ley, haciendo preguntas y respondiendo a los que le preguntan… Su madre, al verlo, no lo puede creer. Y dice textualmente el evangelio, presten atención porque es importante: - Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos (Lc 2, 48). 

La Virgen Madre de Dios es el modelo para cualquier mujer. ¿Se entiende qué quiere decir Costanza Miriano cuando, hablando de la crisis de las identidades masculina y femenina, dice a las mujeres que una buena parte del trabajo que hay que hacer será retomar nuestro sitio? María, esposa de José, con toda la angustia de haber perdido a su hijo, cuando lo encuentra pone delante a José, el cabeza de familia: tu padre y yo… ¿No les parece que es una lección práctica para tener muy en cuenta? Seguiremos.




jueves, 14 de septiembre de 2017

SUFRE Y HAZ SUFRIR (MATRIMONIO-3)

14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz: ella es la señal del cristiano, y tenemos que aprender a llevarla como Jesús la llevó. Una escena inolvidable de La Pasión, recuerdan, es el momento en que le cargan la enorme Cruz sobre su hombro y Jesús le da un beso, con un amor…

Es verdad que alguna vez puede llegarnos una cruz especialmente pesada, pero pocas veces. En el matrimonio, en cambio, es relativamente fácil, si no se está vigilante, inventarse cruces y sufrir como un cierto masoquismo con ellas… Esto –tengo que decirlo- es más fácil que le pase a las mujeres, porque de por sí son más complicadas que los hombres.

Un ejemplo: Juan viene y dice desconcertado: - Yo no sé qué le pasa a mi esposa, pero hace tres días que no me habla. Cuando le pregunto si hay algo que hice mal, que no entiendo por qué no me habla, no dice nada, pero se le nota que está sufriendo y a mí me hace sufrir, claro…



Una semana después le pregunto a Juan: - ¿Pasó la tormenta? – Sí, pasó, por fin desembuchó: fue un drama, pero desembuchó. Ahora, si alguien me explica…, porque yo sigo sin entenderla. El problema fue que yo me fui de viaje cuatro días y antes de salir le pregunté: ¿qué querés que te traiga? Me contestó: - Nada, nada, no me traigas nada. Bueno, no le traje nada. Y ese fue el motivo por el que no me habló en tres días.

Sufrió ella y lo hizo sufrir a él. ¿Tiene arreglo esto? Sí, claro que tiene arreglo: ella tiene que aprender a ser sencilla, a decirle las cosas con claridad, a no crearse ilusiones…, aprender en definitiva que se casó con un hombre. En todo caso, no hay derecho a pasarlo mal y a hacérselo pasar mal por pavadas de ese estilo.

Los ejemplos pueden multiplicarse, pero resulta que, según Costanza Miriano, hoy por hoy el peligro mayor del matrimonio es otro: se trata de  a crisis devastadora de las identidades masculina y femenina, la falta de hombres y de mujeres de verdad y, como consecuencia, de matrimonios que funcionen. Que no es exactamente lo mismo que hablar de las crisis que, después de los años ochenta, afectaron a las alfombras, a los macarrones al vodka o a los polos color salmón: la unión estable entre un hombre y una mujer es necesaria para transmitir la vida de la especie en unas condiciones mínimas de serenidad. 

Hablamos aquí, quisiéramos hablar, de ser hombre en plenitud. Una plenitud que procede ante todo de una respuesta libre al amor de Dios, pero una respuesta que el hombre puede dar en el matrimonio sólo cuando encuentra en la mujer, en una mujer como es debido, al otro sí mismo del que habla el Génesis.

Pienso que tiene razón. Como es un tema para exprimir, lo dejamos para la próxima.





     

miércoles, 13 de septiembre de 2017

HECHOS, NO PALABRAS (MATRIMONIO-2)

 Hoy es 13 de septiembre, víspera de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que nos lleva a meditar en ella, tratando de encontrarla en la vida diaria. “El que quiera ser mi discípulo tome su cruz cada día”, dice Jesús.

En cierta medida, la Santa Cruz, en el matrimonio, puede encontrarse en la aceptación de la diferencia, de la que habla Costanza Miriano. Ella cuenta con buen humor que, aun teniendo claro que debe aceptar la diferencia, intenta descifrar meticulosamente los monosílabos con los que le responde su marido. Eso me pasa, confiesa, porque soy psicológicamente inestable. Él me ha dicho muchas veces que intenta limitar las comunicaciones a lo estrictamente necesario, sobre todo si está cansado. Pero, ahora, ya sé que siente por mí una cierta estima. Sólo que no lo dice. Hace como John Wayne en Río Bravo: “Si dejas que otro te vea con este vestido te hago arrestar”. - ¡Oh, querido, cuánto has tardado. - ¿En qué? - ¡En decirme que me quieres! Por eso, concluye Costanza, cuando mi marido me dice, cerrando ruidosamente la puerta del coche: “Llegas tarde, como siempre”, me conmuevo. Estoy segura de que lo que querría decirme es: “Te echaba de menos, querida”.

Como se ve, esta señora tiene un formidable sentido del humor, y entre bromas y veras habla de muchas verdades… Después de leerla pensé: ¡cómo me gustaría decirles algunas cosas solamente a los hombres! Pero como no es posible aquí voy, sin discriminaciones.

Es obvio que la aceptación de la diferencia, en el matrimonio, debe ser mutua, lo cual significa, en el caso de los hombres, asumir de veras que se ha casado con una mujer. ¿Qué quiere decir esto? Que la esposa necesita ser tratada según lo que ella es y esto tiene un solo nombre: detalles, aprender a tener detalles. ¿De qué? De ayuda, de servicio, de cariño manifestado en hechos concretos. ¿En qué cosas? En cosas tan ordinarias, siguiendo el ejemplo de ayer, como arreglar la canilla que pierde (si es que uno sabe hacerlo), o yendo a buscar la garrafa del supergas sin que tenga que pedirlo por favor.



Tener detalles significa cultivar las pequeñas sorpresas. Yo tuve un padre muy bueno, y algo que me encantaba, cuando era chico, era acompañarlo los sábados de mañana a dar algunas vueltas para comprar cosas que hacían falta en casa…Y en más de una ocasión recuerdo que, al pasar por una florería, entrábamos en ella para comprar un ramo para mi madre, a quien le gustaban especialmente las flores.  ¿Y a qué mujer no le gustan?

Tener detalles es cuidar la delicadeza en el trato con ella. No se me olvida el comentario triste de una señora, hace muchos años: - Yo me dí cuenta de que lo nuestro empezaba a andar mal, cuando él un día dejó de abrirme la puerta del auto… ¿Han cambiado los tiempos? Sí, lo sé. Pero ¿queremos o no queremos mejorar los tiempos? Esto, como todo, sólo se consigue a fuerza de detalles que levantan el nivel.

Costanza Miriano bromea con la traducción que hace ella de lo que dice su marido y lo que en realidad quiere decir… Pero el lenguaje de los hechos no necesita traducción. La Santa Cruz, sin tragedia y con alegría,  por amor, ¡qué bendición encontrarla tan a mano!, ¿no creen?

martes, 12 de septiembre de 2017

DAR LA VIDA POR ELLA (MATRIMONIO-1)

Después de no pocos años de sacerdocio y de haber asistido como testigo principal a tantos casamientos (digo testigo principal porque los ministros del sacramento del matrimonio, como saben, los que hacen el matrimonio son los que se casan, él y ella), decía que después de tantos años de casamientos y de acompañamientos post-casamientos, uno va sacando experiencias. Quizás la principal sea que hace falta tiempo para que él y ella capten que se casaron con una mujer y ella con un hombre. Y esto, a veces, puede convertirse en un tormento.

Por eso, me parece muy acertado que la autora del libro Cásate y da la vida por ella haga esta consideración:

Me temo que no sé cuál es el secreto para estar verdadera y profundamente juntos. Pero, más o menos, tal como yo lo veo, hay que partir de la aceptación de la diferencia. Porque el otro es, precisamente, el otro. Es libre –dando por supuestas la buena fe y la abnegación- de hacer las cosas a su modo. (…) Asumir la libertad y la diversidad del otro evita que su modo de hacer las cosas acabe convirtiéndose en insoportable, desde la forma de dar vueltas a la cucharita en la taza, pasando por el tono de voz con que regaña a su hijo, hasta el uso del comando a distancia del televisor.


 Sigue explicando: Asumir la diversidad del otro puede que también recorte significativamente el número de cosas que es necesario discutir juntos, sabiendo que no se habla ni mucho menos la misma lengua, como cuando uno dice en inglés library y piensas que está diciendo librería. Tú le dices que estabas preocupada por su retraso y él se siente controlado y sofocado. Tú quieres que él adivine tu deseo y él necesita carteles de color verde fluorescente de tres por dos con un letrero: ESTOY TRISTE, QUÉDATE CONMIGO. El problema principal de estas dos lenguas recíprocamente intraducibles es que el hecho de que usen las mismas palabras es totalmente accidental y engañoso.

En fin, al menos una conclusión interesante de esta diferencia de comunicación, o mejor dicho, de interpretación de los idiomas diferentes que hablan el hombre y la mujer, Costanza Miriano la ejemplifica así: Si una tiene necesidad de una pequeña confidencia íntima y profunda acerca de esa leve tristeza que probablemente oscurece un poco el fondo de su corazón, mientras expone sus más profundos pensamientos ha de evitar usar expresiones tales como: “Tengo una preocupación que va y viene, continua, como la gota de un grifo que pierde agua en el lavabo”, porque él se levantará e irá a arreglar el grifo: esta es su forma de escuchar, hacerse útil de modo práctico. Ninguna mujer con sentido común se desahoga con el marido para que le responda:”Querida mía, eres una mujer maravillosa”. Para eso están las amigas. 


Bueno, por hoy nos quedamos aquí. Juzguen ustedes si tiene razón la autora o si exagera… En mi humilde opinión experiente, pienso que da en el blanco, qué quieren que les diga. 

sábado, 2 de septiembre de 2017

SIRVE SI QUIERES REINAR

Es sábado 2 de septiembre y estoy muy contento porque en la Casa de retiros del Verdún hay 36 señoras, casadas y solteras, haciendo un Cursillo de Cristiandad. Han venido de Minas, de Batlle y Ordóñez, de Aiguá y Mariscala, de José P. Varela y no sé si me olvido de alguna localidad. (Entre paréntesis les diré que, por lo general, las mujeres del interior tienen una base humana de fortaleza que no deja de asombrarme. La han cultivado desde niñas. Muchas de ellas, cuando eran chicas, han ido a una escuela rural, caminando por el medio del campo muchas cuadras, con frío en invierno, lloviendo, para tomar un ómnibus; o en bicicleta o a caballo… Después siguieron el liceo, separadas de sus familias muchas veces, y no digamos cuando si se fueron a Montevideo a estudiar, qué difícil… En fin, vamos a nuestro tema, porque este solo da para mucho más).

Ayer expuse algunas ideas de la reina Sofía acerca de cómo concebía ella su papel de reina y, por extensión, el de la mujer en particular. Y comenté que, cuando las leí, hace veinte años, en el libro de Pilar Urbano, LA REINA, sus palabras me habían resultado conocidas. En efecto, fue el Papa Juan Pablo II el que dos años antes de la publicación del libro, había escrito esas mismas cosas en la CARTA A LAS MUJERES, del 29 de junio de 1995.



No sé si la reina Sofía habrá leído antes al Papa  o si lo que dijo era fruto de su propio pensamiento. Lo que importa es subrayar la fina sintonía con unas ideas que son claras, profundas y de valor permanente. Escribió Juan Pablo II en ese documento: La Iglesia ve en María la máxima expresión del «genio femenino» y encuentra en Ella una fuente de continua inspiración. María se ha autodefinido «esclava del Señor» (Lc 1, 38). Por su obediencia a la Palabra de Dios, Ella ha acogido su vocación privilegiada, nada fácil, de esposa y de madre en la familia de Nazaret. Poniéndose al servicio de Dios, ha estado también al servicio de los hombres: un servicio de amor. Precisamente este servicio le ha permitido realizar en su vida la experiencia de un misterioso, pero auténtico « reinar ». No es por casualidad que se la invoca como «Reina del cielo y de la tierra». Con este título la invoca toda la comunidad de los creyentes, la invocan como «Reina» muchos pueblos y naciones. ¡Su « reinar » es servir! ¡Su servir es « reinar »!

Y añadió algo no menos importante: De este modo debería entenderse la autoridad, tanto en la familia como en la sociedad y en la Iglesia. (…) En esto consiste el «reinar» materno de María. Siendo, con todo su ser, un don para el Hijo, es un don también para los hijos e hijas de todo el género humano, suscitando profunda confianza en quien se dirige a Ella para ser guiado por los difíciles caminos de la vida al propio y definitivo destino trascendente. A esta meta final llega cada uno a través de las etapas de la propia vocación, una meta que orienta el compromiso en el tiempo tanto del hombre como de la mujer.


Son pensamientos, profundos, que estoy seguro enriquecen a todos. Antes de darles la bendición, hago una sugerencia: cuando puedan, busquen los auriculares y re-escuchen estas ideas: estamos en tiempo de construir sobre cimientos hondos, firmes. Por eso es importante meditar y ponderar en el corazón, como hacía la Virgen, tanta riqueza. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

¿QUÉ ES SER REINA?

Empezamos el mes de septiembre y estamos hablando de la necesidad de mujeres con fortaleza que tiene este mundo nuestro. Como los ejemplos y las historias iluminan y concretan las ideas –así actuó Jesús, que nos enseñó todo por medio de parábolas- quisiera contarles algo acerca de una mujer, que, sin duda, es digna del mayor respeto: se trata de la reina Sofía de España, esposa de Juan Carlos I de Borbón y madre de Felipe VI, actual rey de España.



En 1997 cayó en mis manos una biografía de la reina Sofía, escrita por una gran periodista, Pilar Urbano. Estuve apenas hojeando el libro, más que nada por la calidad de su autora, pero con un cierto escrúpulo, lo confieso, porque los asuntos de reyes, reinas, príncipes y princesas, son propios de la revista Hola, que no leo nunca.

El caso es que el libro LA REINA, de Pilar Urbano, me atrapó y lo leí del principio al fin, y aprendí algunas cosas muy interesantes. Por ejemplo, que fue muy exigente la educación escolar que recibió la reina Sofía en el instituto exclusivo en que estudió: las internas se levantaban bien temprano, ducha de agua fría en invierno y verano, etcétera. En fin, lo que más me atrajo del libro fue la respuesta de la reina Sofía a esta pregunta que le hizo la periodista: - ¿Qué cosa es ser reina? Ella contestó así:

       “Tal como yo entiendo el concepto de reina, puede darse, y se da, en cualquier familia donde la mujer es la cabeza y el corazón de esa familia, y sabe que su misión más importante es atender y cuidar de ese hogar: ella, entonces, es la reina de la casa. Cada ser humano, cada mortal que habita este planeta nuestro, puede tener ese mismo concepto de su vida como servicio. Es la más alta dignidad que cabe en un hombre, en una mujer: vivir para los demás. El hombre que sirve es rey. La más útil y la más bella y la más buena forma de reinar es servir: estar a disposición de los demás. Yo porque soy reina, no puedo permitirme ser egoísta. No puedo decir “de esto paso, a aquello no voy porque no me apetece…”. Yo no estoy para hacer lo que quiero, sino lo que necesiten de mí. A mí me programan cada día, ¡y cada hora! de mi vida, en función de los intereses del país. Yo voy donde conviene que vaya, por el bien de los demás. Y esto es lo mismo que hace una mujer de su casa, una mujer cabeza de familia: no piensa en ella, piensa en los suyos. Es en este sentido en el que digo que una reina, como una madre de familia, es cualquier cosa menos una profesional”.


Son palabras que dan para pensar mucho, ¿no creen? A mí me impresionaron de modo particular, cuando las leí, porque entendí que eran la concreción inesperada de unas ideas que había leído dos años antes de que apareciera el libro. Pero de esto seguiremos hablando mañana. 

jueves, 31 de agosto de 2017

HERENCIA DE LA MUJER

Vamos al grano: ¿por qué este mundo nuestro necesita mujeres fuertes?... 

Hace unos días estaba releyendo algo que escribió Juan Pablo II en su último libro, Memoria e Identidad, en el que hace consideraciones profundas sobre distintos temas, entre ellos sobre el concepto de PATRIA. Escribió: “La expresión “patria” se relaciona con el concepto y la realidad de “padre” (pater). La patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio, es decir, el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados. Es significativo que, en este contexto, se use con frecuencia la expresión “madre patria”. En efecto, todos sabemos por experiencia propia hasta qué punto la herencia espiritual se transmite a través de las madres”. 

Este pensamiento, que me parece indiscutible, se relaciona con lo que el Beato Pablo VI pedía a las mujeres en la clausura del mayor acontecimiento que vivió la Iglesia en el siglo XX, el Concilio Vaticano II. Fue un discurso memorable, en el que dijo: Esposas, madres de familia, primeras educadores del género humano en el secreto de los hogares, transmitid a vuestros hijos y a vuestras hijas las tradiciones de vuestros padres, al mismo tiempo que los preparáis para el porvenir insondable. Acordaos siempre de que una madre pertenece, por sus hijos, a ese porvenir que ella no verá probablemente.

¿Alguien puede dudar de que es así, tan enorme, la misión de las madres y, en otra medida, de todas las mujeres? Porque, en efecto, el Papa se dirigió a todas, sin más distinción que su capacidad para el dolor. Dijo: Mujeres que sufrís, que os mantenéis firmes bajo la cruz a imagen de María; vosotras, que tan a menudo, en el curso de la historia, habéis dado a los hombres la fuerza para luchar hasta el fin, para dar testimonio hasta el martirio, ayudadlos una vez más a conservar la audacia de las grandes empresas, al mismo tiempo que la paciencia y el sentido de los comienzos humildes.


                                                    Pintura de Isabel Guerra

Estas palabras fueron escritas hace algo más de medio siglo. Contemplando en aquel momento el estado del mundo (culturalmente, en los años sesenta nace el movimiento hippie; son los años de la “revolución sexual”, de la promoción del LSD; es cuando nace la “nueva izquierda” y comienza la “segunda ola del feminismo”, etcétera…) en fin, viendo Pablo VI cómo estaban las cosas y hacia dónde podría derivar la marcha del mundo, hacía esta consideración: llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzado hasta ahora. Y concluía: Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga.

Han pasado 52 años, y este desafío parece hoy más vigente que entonces. ¿Se va entendiendo por qué hacen tanta falta mujeres fuertes en este mundo nuestro?... Seguiremos.









miércoles, 30 de agosto de 2017

MUJERES FUERTES COMO EL TEMPORAL

Hoy en el Perú, Uruguay y Argentina, al menos, es la fiesta de Santa Rosa de Lima. Cuando se reformó hace años el calendario universal de la Iglesia, la fiesta de santa Rosa de Lima se colocó el día 23 de agosto, pero en el Río de la Plata se mantuvo su celebración como siempre, el día 30. En realidad, no se por qué estos cambios, porque la historia dice que santa Rosa de Lima murió el 24 de agosto de 1617, cuando tenía 31 años.
Hace ya unos años yo estuve en Lima y visité la casa, en la que vivió con su familia. En ella pude ver la ermita que construyó con su hermano Fernando, cuando tenía 20 años. Es una habitación mínima, de piedra y en ella vivía prácticamente todo el día. Salía de ella para ir a la iglesia de la Virgen del Rosario y para atender a los enfermos y esclavos.

Santa Rosa de Lima había nacido en Lima el 20 de abril de 1586. Es curioso; su nombre, en realidad, era Isabel, Isabel Flores de Oliva, pero una india que servía a la familia la llamaba Rosa debido a que la niña tenía una extraordinaria belleza. Solamente sus parientes se dirigían a ella con ese nombre.
Qué misterio el de la Iglesia y sus santos, qué distintos entre sí y qué iguales en su amor a Jesucristo. La vocación de santa Rosa de Lima no fue corriente. Fue una mujer que buscaba el amor de Dios apasionadamente y de un modo que no es común: en el silencio, en duras mortificaciones, en intensos ayunos.
Sus padres intentaron casarla pero ella defendió su vocación. El 10 de agosto de 1606 ingresó como Terciaria en la Orden de Santo Domingo, imitando a Santa Catalina de Siena, su maestra espiritual.
En 1615, un grupo de piratas quiso atacar la ciudad de Lima. Cuando ya estaban en el puerto del Callao, santa Rosa y otras mujeres fueron a la iglesia de la Virgen del Rosario para rezar ante el Santísimo Sacramento. Incluso la santa puso su cuerpo delante del sagrario para protegerlo.
Días después murió el capitán de los piratas y estos se alejaron de la ciudad. Todos los limeños atribuyeron este “milagro” a Rosa.
Aquí es donde se mezcla la leyenda. Dicen que ella rezó mucho y que se levantó una tormenta tal que los piratas no pudieron entrar en el puerto del Callao. De aquí lo de la tormenta de santa Rosa…
Cuando ella murió, el virrey y toda la ciudad fueron a despedirla, tal era la fama de santidad que tenía. Termino con algo que dijo Juan Pablo II en Lima en 1992, hablando sobre santa Rosa. Dijo que su vida sencilla y austera era un “testimonio elocuente del papel decisivo que la mujer ha tenido y sigue teniendo en el anuncio del Evangelio”.
Estas palabras nos pueden servir como introducción de un tema importante. Veníamos hablando de la importancia de la fortaleza; pienso que todos tenemos especial necesidad de ella, pero sobre todo hacen falta en el mundo mujeres fuertes, fuertes como el temporal.  Las necesitamos para mejorarnos a todos. Seguiremos.







martes, 29 de agosto de 2017

COHERENCIA

Veníamos hablando de fortaleza, y hoy, 29 de agosto, recordamos en la Iglesia el mayor ejemplo de esta virtud: hoy es la conmemoración del martirio de Juan el Bautista.

Jesús dijo que ningún hombre fue más grande que Juan el Bautista, ¡qué elogio! Con palabras de hoy, yo diría que es el ejemplo exacto de lo “políticamente incorrecto” y que tenemos que aprender de él a dar la vida, si es necesario, por la fidelidad a su conciencia, formada en la santa ley de Dios. 



¿Cuál fue el problema? Leo el evangelio de la Misa de hoy: Herodes había mandado apresar a Juan y le había encadenado en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo; porque se había casado con ella y Juan le decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano». Herodías lo odiaba y quería matarlo, pero no podía: porque Herodes tenía miedo de Juan, ya que se daba cuenta de que era un hombre justo y santo. Y lo protegía y al oírlo le entraban muchas dudas; y le escuchaba con gusto. Cuando llegó un día propicio, en el que Herodes por su cumpleaños dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea, entró la hija de la propia Herodías, bailó y gustó a Herodes y a los que con él estaban a la mesa. Le dijo el rey a la muchacha: —Pídeme lo que quieras y te lo daré. Y le juró varias veces: —Cualquier cosa que me pidas te daré, aunque sea la mitad de mi reino. Y, saliendo, le dijo a su madre: —¿ Qué le pido? —La cabeza de Juan el Bautista  contestó ella. Y al instante, entrando deprisa donde estaba el rey, le pidió: —Quiero que enseguida me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey se entristeció, pero por el juramento y por los comensales no quiso contrariarla. Y enseguida el rey envió a un verdugo con la orden de traer su cabeza. Éste se marchó, lo decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha y la muchacha la entregó a su madre. Cuando se enteraron sus discípulos, vinieron, tomaron su cuerpo muerto y lo pusieron en un sepulcro. (Mc , 17-29).

Creo que no hace falta hacer ningún comentario o, quizás, son tantos los comentarios que despierta el relato que es preferible no hacer ninguno… Juan es ejemplo de integridad hasta el final, de coherencia completa. Hoy, con los criterios al uso, tan difundidos, quizás saltarían comentarios de este estilo: ¿y por qué no se calló la boca, y para qué se metió en líos? Dejá, que cada uno haga lo que le parezca

En el siglo XV tenemos a un santo que terminó su vida igual que san Juan Bautista. Fue Santo Tomás Moro; es el patrono de los gobernantes y los políticos. Hay una película formidable, que ganó el Oscar, Un hombre para la eternidad, la recomiendo. Estudió en Oxford y en Londres, fue un gran abogado y humanista. De gran prestigio profesional, en la Corte le piden su colaboración, y luego es elegido Canciller del Reino. Pero cuando Enrique VIII, con presiones y sobornos consigue la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, Tomás Moro renuncia a su cargo intuyendo que eso le costará muy caro.
Se niega a firmar el Acta de Sucesión y de Supremacía, por la que el rey se proclama Cabeza de la Iglesia Anglicana. Moro acata la autoridad civil del rey, pero no quiere ser infiel a su conciencia. Poco después es juzgado y encerrado en la Torre de Londres; muchos le piden que firme, que ceda, aunque sea disimulando, pero su conciencia no se lo permite. Fue decapitado, como Juan el Bautista. Seguiremos.



lunes, 28 de agosto de 2017

NATURALIDAD

Hoy es lunes 28 de agosto y celebramos en la Iglesia a un santo enorme, doctor de la Iglesia, que es una cantera inagotable de sabiduría y amor de Dios: es san Agustín, y aprovecho para felicitar a todos los que lo tienen como santo patrono.

Nosotros estábamos tratando de la fortaleza, una de las cuatro virtudes cardinales, y el sábado decía que una de sus expresiones es saber decir que NO cuando algo contradice nuestro modo de vivir en cristiano. Esta actitud me parece relevante hoy en día, en un mundo tan plural como es el que vivimos.

¿Por qué? Porque es una gran verdad aquello que nos dijo san Juan Pablo II en su primer viaje a México: La Iglesia tiene hoy necesidad de cristianos dispuestos a dar claro testimonio de su condición y que asuman su parte en la misión de la Iglesia en el mundo, siendo fermento de religiosidad, de justicia, de promoción de la dignidad del hombre, en todos los ambientes sociales, y tratando de dar al mundo un suplemento de alma, para que sea un mundo más humano y fraterno, desde el que se mira hacia Dios.



En otras oportunidades, el mismo Papa, y después de él Benedicto y también Francisco, han dicho que nuestra época es como la de los primeros cristianos. Les recomiendo un libro que es un clásico, LA VIDA COTIDIANA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS, de Adalbert Hamman, gran estudioso de los tres primeros siglos de la historia de la Iglesia. Y otro autor, Rodney Stark, sociólogo, profesor de la Universidad de Washington, que también se ha especializado en esa época y ha escrito EL AUGE DEL CRISTIANISMO.

En definitiva, ¿cómo se extendió el cristianismo en sus comienzos? Se extendió gracias al ejemplo de hombres y mujeres que supieron ser “políticamente incorrectos”, es decir, que dijeron que NO a modos de vivir de aquel tiempo que eran considerados normales. Mirándolo desde otro lado, supieron vivir con NATURALIDAD su fe cristiana.

Aquellos primeros debieron enfrentarse a retos muy parecidos a los de hoy: el reto de la familia, el papel de la mujer, el aborto y el infanticidio, la atención a los enfermos y huérfanos… Era chocante, en los medios de la época, decir que NO al aborto, a las relaciones sexuales extra matrimoniales; no participar del espectáculo de los circos, etcétera. Y también era chocante, por ejemplo, cuando llegó a Roma una epidemia de peste, que muchos cristianos, en vez de irse de la ciudad o tratar de evitar el contagio por todos los medios, se dedicaran a cuidar a los enfermos… ¿por qué estás haciendo esto?, les preguntaban. Porque Jesús nos lo mandó… Se bautizaban...

Naturalidad de cristianos. Tiene completa validez este pensamiento de Camino: "Y ¿en un ambiente paganizado o pagano, al chocar este ambiente con mi vida, no parecerá postiza mi naturalidad?", me preguntas.

     —Y te contesto: Chocará sin duda, la vida tuya con la de ellos; y ese contraste, por confirmar con tus obras tu fe, es precisamente la naturalidad que yo te pido.



sábado, 26 de agosto de 2017

NO ES PARA TANTO...

Hablábamos de la virtud de la fortaleza. Saben…, pienso que es realmente necesario educarnos y educar a los hijos en esta virtud, que es el cimiento sobre el que se puede edificar el edificio espiritual. Me llamó la atención algo que dice David Isaacs cuando hablando de un vicio que se opone a la fortaleza se refiere a la indiferencia. Y dice: se trata de las personas que, por no reconocer su deber de mejorar o por no reconocer o querer enterarse de las influencias perjudiciales, adoptan una actitud pasiva, cómoda o perezosa”.

Esto hay que entenderlo según la descripción que él hace de la fortaleza. Decía: “en situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, la fortaleza resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes”. 



Creo que hoy son muchas las influencias nocivas provocadas por el ambiente, y lo fácil es adoptar frente a ellas una actitud pasiva, comodona, frente a la cual se pretende disolver la responsabilidad diciendo “todo el mundo lo hace”, “bueno, no exageres, no es para tanto”… Y la verdad es que sí es para tanto: si queremos mejorar este mundo nuestro, no hay otro camino más que decir que NO a muchas de esas “situaciones ambientales” que me perjudican.

La verdad es que me llamó la atención hace un tiempo, cuando fui a una reunión y conocí a un matrimonio joven que sistemáticamente dijeron que NO cuando les ofrecieron un arrolladito de jamón, una croquetita de carne y alguna cosita más. Cuando iba a preguntarles si no iban a comer nada, la dueña de casa se acercó con unos pancitos que tenían tomate y no sé si algo más, y me dio la explicación: - Es que son vegetarianos…

Yo, qué quieren que les diga: me merece todo el respeto una persona que es fiel a una decisión exigente en la propia conducta. Es verdad que requiere fortaleza, pero nuestro contexto es distinto: cuando hablamos de decir que NO en situaciones ambientales perjudiciales, nos referimos a conductas que ofenden a Dios, que son impropias de un hijo de Dios: espectáculos, videos, juegos, películas, modos de vestir, modos de divertirse… despedidas de solteros/as… No se trata de ser aguafiestas, sino de vivir con naturalidad.

Hay mas consideraciones sobre la fortaleza, pero por hoy lo dejamos aquí.








miércoles, 23 de agosto de 2017

¿FUERTES SIN FORTALEZA?



Ayer de tarde había salido a hacer una gestión, aquí, en Minas, y tenía en la cabeza el tema de la fortaleza, del que venimos hablando en estos días. Lo insólito fue que, al dar vuelta una esquina me encontré nada menos que con un elefante… Pensé: ¡este sí que es ejemplo de fortaleza! Le saqué una foto.



Se dan cuenta de que, en realidad, una cosa es la fuerza bruta  y otra muy distinta la fortaleza. Por eso hay flacos incapaces de levantar una pluma y tienen una fortaleza extraordinaria, y al revés… Y, por lo que hablábamos ayer -tenemos una naturaleza humana con un fallo de fábrica, por así decir- es necesario que cada uno se dedique a la “doma” de uno mismo y que los padres de familia eduquen a sus hijos de manera que crezcan derechos. No hay que olvidar que “árbol que nace torcido, nunca su tronco endereza”.

En el libro LA EDUCACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS Y SU EVALUACIÓN, el profesor David Isaacs dice algo que hace pensar: “los hijos necesitan saber que su vida sirve para algo; que cada persona tiene una misión intransferible de glorificar a Dios. Cada persona puede y debe amar, salir de sí, servir a los demás, superarse personalmente para trabajar mejor. El que es egoísta, que busca nada más que el placer, no tiene motivos para desarrollar la fortaleza porque es indiferente al bien”.

Es esencial que los padres enseñen a sus hijos cómo desarrollar una vida buena y no una buena vida. Dice Isaacs: “si educamos a nuestros hijos a esforzarse, a dominarse, pero no les enseñamos lo que es bueno, pueden acabar buscando lo malo con una gran eficacia”.

Pienso que tiene mucha razón. Hoy por hoy, hay chicos y chicas que dedican bastante tiempo en la semana a ir al gimnasio a “hacer fierros”, como se dice, a mejorar la forma; que se empeñan en sus entrenamientos de rugby con una devoción y un sacrificio casi religiosos… y nada más, como si eso fuera un fin en sí mismo. Si se les propone hacer algo por los demás gratuitamente, dedicarles un tiempo a otras personas,…, se achican, se acobardan. Son muy fuertes, pero no tienen fortaleza.

Al empezar el capítulo dedicado a esta virtud, Isaacs describe así la virtud de la fortaleza: “En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, la fortaleza resiste las influencias nocivas, soporta las molestias y se entrega con valentía en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes”. Hay mucho para meditar en esta definición de la virtud cardinal de la fortaleza. Seguiremos.