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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


domingo, 29 de diciembre de 2013

LA LUZ EN UN TANGO


            Hasta hace dos días yo andaba entreverado, sin saber cómo explicar La alegría del Evangelio, del Papa Francisco. Había leído algunos comentarios parciales, es decir, nada imparciales, centrados en algunas ramitas económicas –tema sagrado para muchos- que tiene el documento y como incapaces de ver el tupido bosque de ideas y sugerencias que, de a poco, causarán una verdadera revolución en la Iglesia –todos somos Iglesia- y, por tanto, en el mundo.

2 de octubre 2013.- ¡Marga canta mejor que Gardel!...

             La verdad es que no encontraba el modo de sintetizar las 220 páginas en las que el Papa expone cómo hacer El anuncio del Evangelio en el mundo actual, según reza el subtítulo del documento. Así estuve hasta anteayer, cuando se hizo la luz.
            Fue mientras viajaba de Minas a Montevideo, escuchando una copia del CD de temas argentinos cantados por mi hermana Marga, que le entregué a Francisco, de su parte, en octubre pasado. (Le dije entonces al Papa: - Mire, Santo Padre, que canta mejor que Gardel… A lo que me respondió, riéndose: - ¡Pero haceme el favor, mirá que sos!...).
           La luz vino de la mano de Eladia Blázquez. Marga interpretaba su tango A un semejante, que yo había escuchado ya unas cuantas veces. No sé por qué, en ese viaje, sus palabras fueron un fogonazo: ¡encontré lo que buscaba!
Eladia Blázquez (1931-2005)
                                                                                           
         Vení, charlemos, sentate un poco… Es la invitación que Francisco dirige a todos, que andamos a mil por hora, ocupados y preocupados, sin tener tiempo de “perder el tiempo” hablando con un amigo. Tenemos tema para rato: si conociste a Jesús cuando eras chico y, por lo que sea, perdiste su amistad; si estás “en otra” pero no estás contento… Hay para conversar un año entero. Todavía más si caemos en la cuenta, como Francisco lo hace ver, que la humanidad se viene encima y, en consecuencia,  ya no podemos, hermano loco, buscar a Dios por las esquinas. ¿Por qué? Porque ¡se lo llevaron, lo secuestraron y nadie paga su rescate! 

            Aquí está el nudo de la cuestión: da la impresión de que Dios ya no interesa. Lo hemos cambiado por el sentimiento, ¡ay, Señor!, y es solamente esto lo que tenemos para compartir: a vos te duele como a mí la lluvia en el jardín y en una rosa; si te dan ganas de llorar a fuerza de vibrar por cualquier cosa…
Así vamos viviendo, mientras afuera esta el turbión de tanta gente sin piedad, de tanto ser sin corazón. Vamos viviendo, mal viviendo, y sufriendo, sufriendo.
Marga

            Este es el cuadro, en nada distinto del que tuvieron que enfrentar los primeros locos cristianos. Más de uno habrá comentado alguna vez, entonces y ahora, con un hermano en la fe: decí, ¿qué hacemos vos y yo, qué cosa vos y yo sobre este mundo, sembrando amor en un desierto, tan estéril y tan muerto, que no crece ya la flor?
            Francisco, sin embargo, precisamente porque la mano viene brava, insiste en su invitación a conversar, pasando por alto ideologías y partidismos: nos une algo demasiado grande: vení charlemos, sentate un poco, ¿no ves que sos mi semejante? ¡Qué elemental y qué desconocido! Sos mi semejante, sos otro yo, para algo grande estamos en la tierra… Bueno, ¿y de qué hablamos? ¿De qué, sino de esto?: si sos mi semejante, a ver, probemos hermano loco, salvar el alma cuanto antes.

            En el primer tiempo de la Iglesia escribió Tertuliano: es precisamente esta eficacia del amor entre nosotros lo que nos atrae el odio de algunos que dicen: ¡miren cómo se aman!, mientras ellos se odian entre sí. Mira cómo están dispuestos a morir el uno por el otro, mientras ellos están dispuestos, más bien, a matarse unos a otros. En La alegría del Evangelio, el Papa Francisco, que ha meditado durante años la vida de Jesús, vuelve a lo mismo: quien encuentre a un cristiano en el camino de su vida deberá poder exclamar con alegría: Es un asombro tener tu hombro y es un milagro la ternura, sentir tu mano fraternal, saber que siempre para vos el bien es bien y el mal es mal. 

¡Feliz Año Nuevo!

viernes, 20 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD

La recibí de mi Universidad, la comparto: ¡la clave es compartir!

martes, 17 de diciembre de 2013

PARA TENER ESPERANZA



MENSAJE DE NAVIDAD

Es verdad lo que dice la canción, los minuanos lo sabemos bien: Dios baja a la tierra en Minas y en abril… Pero en Navidad… En Navidad es infinitamente más.
 Celebramos el nacimiento de un Niño que es Dios y vino en persona a nuestro mundo: se llama Jesús y María es su madre. Quisiera que en esta Navidad nos fijáramos especialmente en ella, porque es una mujer gaucha como no ha habido otra.
En una gruta dio a luz a su hijo y lo acunó en un pesebre. Con el chiquito Jesús y con José, su esposo, tuvo que emigrar porque Herodes quería matarlo. Al ofrecerlo a Dios en el templo de Jerusalén, un profeta le anunció que su hijo sería rechazado y que a ella se le partiría el alma… Cuando Jesús empezó su misión de enseñarnos cómo debemos vivir para alcanzar el Cielo, María sintió, junto con la alegría, el odio de los poderosos… Y estuvo con él, consolándolo con su presencia, al entregar Jesús su vida en la Cruz por los pecados de los hombres.

Tenemos que aprenderlo todo de Jesús y de su Madre. En esta Navidad le pido especialmente a la Virgen Santísima que nuestras muchachas, imitándola, sean mujeres gauchas de verdad: rezadoras; fieles a Dios hasta la muerte; fuertes en sus convicciones; sin miedo al sacrificio; defensoras incansables y siempre respetuosas del divino misterio de la vida; capaces de jugarse por el ideal grande del noviazgo y del matrimonio como Dios manda, y por el más grande aún de la completa entrega a Dios.
Y encomiendo también a los papás y a las mamás: para que, con su ejemplo y con su palabra, con su cercanía y su amistad, sepan forjar el carácter gaucho de sus hijas.
¡Nuestra patria, para tener esperanza, necesita más que nunca a estas mujeres!

¡MUY FELIZ NAVIDAD!

miércoles, 11 de diciembre de 2013

¿SUICIDIO O HARAKIRI?

Fumata con olor a marihuana; esto fue la votación de ayer. Y me vino a la memoria un comentario de mi amigo y condiscípulo en Navarra, Luis Foix, que en 1982, cuando la locura de la guerra de las Malvinas, era el corresponsal del diario La Vanguardia en Londres. A él le tocó viajar a Argentina a cubrir la información.
  Llegó el periodista a Buenos Aires y percibió que la opinión pública porteña estaba bastante desinformada…, hasta el punto de que en una reunión con universitarios (“¡se la vamo a dar a los ingleses, se la vamo a dar!”, oyó) no pudo menos que exclamar:
- ¿Vosotros conocéis la flota que está preparando Inglaterra?... Pienso que tenéis dos posibilidades: la primera, ¡suicidaros!; la segunda…, ¡haceros el harakiri!
           En este “day after”, necesariamente se suman, a la votación de ayer, la legalización y promoción del aborto; la equiparación legal de las uniones homosexuales con el matrimonio y la fecundación artificial en todas sus formas, leyes que, como escribí más de una vez, llevarán a que la familia uruguaya se hunda como hundieron los ingleses al Capitán Belgrano.

         Entonces, ¿qué elegimos: el suicidio o el harakiri? Hay una tercera opción (segunda, mejor dicho), entusiasmante, que podría resumirse en un slogan: Por la familia todo es poco.
Lo cual quiere decir que es necesario multiplicar las iniciativas para ayudar a los matrimonios jóvenes antes de que lleguen las dificultades; que hace falta enseñar a los chicos y chicas adolescentes el valor de la fidelidad en todos los órdenes; que hay que decidirse a no tener miedo de decirles que lo blanco es blanco y lo negro, negro; que es necesario que  los papás y las mamás asuman su deber de dar la información sexual a sus hijos, y que no permitan que les pudran el coco enseñándoles cómo hacer el “sexo seguro”; que hace falta… un largo etcétera.
         Hace un mes y pico casé a Rosina y Nicolás; en dos semanas lo harán José y Pilar. Son dos parejas de novios, que me consta que “la tienen clara”. Tanto que están dispuestos a darlo todo –a darse del todo- porque por la familia todo es poco.
         No están solos en el empeño, también me consta. Hay, como ellas, muchas parejas más que no quieren saber nada con los “derechos” de abortar los hijos, de cultivar marihuana o de integrar un club de faloperos. Están dispuestos a romperse todo por la familia, por la que ellos quieren formar. Hay que apoyarlos con entusiasmo: se encuentran en la primera fila de una guerra que hay que ganar. O sí, o sí.  

miércoles, 4 de diciembre de 2013

MEXICANOS EN MINAS

          Esta historia me alegra mucho y, al mismo tiempo, me pone colorado de vergüenza.
La Catedral de Minas ya cumplió 120 años y se nota, sobre todo en las humedades, que no perdonan: carcomen paredes y columnas, y provocan unas tremendas caries en los revestimientos. Enfrentar el problema es difícil, sobre todo porque el gasto de reparación está fuera de nuestras posibilidades.  
Como cantaba Nat King Cole, el estribillo de Quizás, quizás, quizás no deja de martillearme cada vez que entro en la catedral: ¡por lo que tú más quieras –así grita mi conciencia- hasta cuándo, hasta cuándo!... ¿Cuándo me vas a arreglar?

José Manuel, José Antonio y Marco Antonio

Hace cosa de dos meses, un día cualquiera, sucede algo bastante parecido a un milagro. Cinco obreros mexicanos llegan a la catedral y preguntan por el párroco, el P. Pablo. Le explican que están trabajando en la nueva planta de ANCAP, en las afueras de Minas, y que vinieron a visitar la iglesia. Le dicen que les llamó la atención el problema de la humedad y el estado de las columnas, y que varios de ellos (son 35) se han puesto de acuerdo y, si les dan los materiales, en las horas libres que tengan están dispuestos a arreglar todo lo que puedan...
Dicho y hecho: ya terminaron las cuatro columnotas de la izquierda del templo y esperan hacer algo más antes de irse, dentro de diez días.

Un sábado de tarde pude estar con tres de ellos mientras trabajaban. Son de un pueblo del estado de México, de difícil pronunciación: Tequixquiac. 
Siento no haber grabado la conversación, porque no es frecuente encontrar tanto sentido común y tanto sentido sobrenatural.
-      Pero fíjese, Padre: entramos en la casa de Dios y vimos pero ¡qué maaal está esto, no puede seeer!... Y ¡ándele!, dijimos, pues tenemos tiempo liiibre y además hay hueeeelgas, ¡vamos a ayudar un pooco! Pues claro que sí Padresito, si todos nos quedamos asiiií, diciendo nomás que ¡qué feo estáaaa!..., pues no vamos a esperar que vengan del cielo a arreglarnos la casa de Diooos,¿no cree?

Me dijeron también que se irán de Minas muy contentos.
-    No es para menos, dije. ¡Con todo lo que han hecho!..
-   Sí, Padresito, pero lo importante no es eso... (y señalaba con el dedo a las alturas). Usted me entiende...
¡Claro que lo entiendo! Pero tuvieron que venir desde Tequixquiac a recordarme que es por Dios por quien hay que hacer las cosas, o sí o sí.