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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


martes, 23 de julio de 2013

COMO UN RUBÍ


Pasado mañana estaré en Río de Janeiro. Voy a la Jornada Mundial de la Juventud para conocer al Papa Francisco y para participar en este encuentro que, desde 1984, es un encuentro con la esperanza de la Iglesia.
         Recuerdo que al volver de la Jornada en Sidney, en 2008, Sofía, estudiante de Ciencias Económicas, me dijo: - ¡Entendí lo que es la Iglesia! Le pedí que se explayara un poco…
- Entendí varias cosas sobre la Iglesia: la primera, que habla en todos los idiomas: quiero decir que, a pesar de que éramos cientos de miles de  jóvenes de países y lenguas diferentes, no me pregunte cómo pero nos comunicábamos a la perfección. La segunda, que la Iglesia no son sólo los sacerdotes y los obispos… Esto, que parece obvio, en la Jornada lo percibí muy claramente: cada uno de nosotros es la Iglesia; los que forman la jerarquía la representan oficialmente, pero todos somos la Iglesia y tenemos la responsabilidad de buscar la santidad, de ser apóstoles y de tratar de mejorar el mundo. Y la tercera cosa es que… ¡no estoy sola! ¡Somos muchos los que pensamos que eso es posible!
          Varios miles de chicas y chicos uruguayos emprendieron viaje a Río; de nuestra Diócesis de Minas, más de un centenar. No sé si voy a encontrarlos en el maremagnum de gente… Pero lo importante no es esto: lo que realmente interesa es que todos y cada uno encuentren a Jesús y, como Sofía, entiendan bien que el futuro de la Iglesia se juega en el hoy de cada CUAL.
         En este sentido, son bien claras las ideas del Papa Francisco. Una vez me decía un sacerdote muy sabio, que estamos frente a una situación totalmente opuesta a la que plantea la parábola del pastor, que tenía noventa y nueve ovejas en el corral y fue a buscar a la que se perdió: tenemos una en el corral y noventa y nueve que no vamos a buscar. Creo sinceramente que la opción básica de la Iglesia, en la actualidad, no es disminuir o quitar prescripciones o hacer más fácil esto o lo otro, sino salir a la calle a buscar a la gente, conocer a las personas por su nombre. (…) A una Iglesia que se limita a administrar el trabajo parroquial, que vive encerrada en su comunidad, le pasa lo mismo que a una persona encerrada: se atrofia física y mentalmente. O se deteriora como un cuarto encerrado, donde se expande el moho y la humedad. A una Iglesia autorreferencial le sucede lo mismo que a una persona autorreferencial: se pone paranoica, autista.
         Chesterton escribió alguna vez que siempre hablamos de los jóvenes como la esperanza del futuro y, cuando éste llega, se parece sospechosamente al presente… Traigo esto a cuento porque puede que ayude a no caer en la tentación, tan cómoda como estéril, de gastar las horas hablando de las dificultades que hay para dar a conocer a Jesucristo… Lo que Él nos pide es que, cada uno en su sitio, trate de ser coherente, nada más: con naturalidad, que explique su modo de pensar y de vivir que, aun con errores, intenta seguir lo que Jesús nos enseñó y la Iglesia nos propone.
            Ya les contaré más acerca de la JMJ en Río. Estoy persuadido de que, cuando termine, caeremos en la cuenta de que ha sido un nuevo Pentecostés: sin bochinches, cada joven (¡y también los menos jóvenes!) sentirá que en su corazón arde un rubí, una brasa que contagia su calor como sin querer.  


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