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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


viernes, 21 de septiembre de 2012

POLONIA Y SU ALMA (1)



            Roma, Jueves 20 de septiembre. Ayer, por lo que leo en la prensa, terrible temporal en Uruguay. Aquí, una lluvia mansa que en cierta medida ha limpiado el smog. Dentro de cinco días estaré en Minas y preveo poco tiempo para escribir: aprovechemos esta noche romana.

             Polonia. Empecé y terminé el viaje llegando al corazón de los polacos: en el Santuario de Czestokowa, al día siguiente de llegar a Varsovia (430 kilómetros ida y vuelta) y, en la última jornada, celebrando la Misa en la parroquia donde predicaba el P. Jerzy Popielusko, secuestrado, torturado y asesinado por los comunistas en 1984 y beatificado en 2010. Tenía 37 años. Dio la vida por su fe en Dios y por la libertad de su patria. Después de su muerte, el pueblo polaco ya no tuvo miedo -así me lo explicaba el párroco, mientras me enseñaba el museo del P. Popieluszko- y salió a la calle. Fue el principio del fin del totalitarismo soviético.

            El alma de los polacos es católica. Fluye la fe con completa naturalidad: participan piadosamente en la Misa; rezan el Rosario de a miles; hacen largas colas para confesarse; piden la bendición del sacerdote… En casi todas las iglesias está expuesto el Santísimo y hay gente adorando la Eucaristía. En los campos, (el P. Stefan y yo hicimos 1.800 kilómetros en cinco días, internándonos en la “Polonia profunda”), a derecha e izquierda de las carreteras, incontables cruces adornadas e imágenes de la Virgen son llamadores de la presencia de Dios.

            El Papa Juan Pablo II está en todas las partes de su patria. En 9 viajes visitó sus más de 40 Diócesis. Hay monumentos y cuadros por doquier, y plazas y calles llevan su nombre: no es para menos. Recuerdo lo que declaró Gorbachov, una vez terminado el comunismo: “lo que ha pasado habría sido imposible sin contar con él”.
            Corto aquí: es tarde y hay que descansar.    
En el albergue de Czestokowa, monumento a los padres de Juan Pablo II.

La bandera uruguaya, en la entrada del Santuario.   
Termina una Misa y empieza otra...

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