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DESPUÉS DE 110 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

A la vuelta de 110 años, hay un sentir popular, compartido plenamente por el Obispo de Minas, de que ya es hora de ofrecerle a la Virgen un templo
, como expresión de gratitud por sus desvelos de Madre.

domingo, 9 de octubre de 2011

¿QUÉ ES SOBREVIVIR?

El 15 de setiembre pasado, el Obispo de Minas pudo saludar al Santo Padre Benedicto XVI, al terminar la audiencia que les concedió a los 119 participantes en el curso que lo había llevado a Roma. A todos se les había pedido, como es fácil de entender, que no se detuvieran en el saludo: el Secretario de la Congregación para los Obispos diría al Papa el país y la diócesis del que lo iba a saludar, se besaba su anillo al darle la mano y pasa el siguiente.
El Obispo de Minas, muy contento,  obedeció al pie de la letra las indicaciones. 
 Lo que no podía imaginar es que el Papa le dijera lo que le dijo: tanto le sorprendió que hasta hoy ha estado dudando si comunicarlo o no. Ha decidido hacerlo porque piensa que encontró la clave de las palabras de Benedicto XVI y, además, porque los lectores seguramente harán sus propios aportes después de meditarlas, como ha hecho y lo sigue haciendo el Obispo de Minas.
"Uruguay, Minas", escuchó el Santo Padre. Se acerca el Obispo en cuestión y comenta el Papa: È un paese laico... Y a continuación, mirando con firme cariño al susodicho, añade: È necessario sopravvivere! El Obispo no se lo esperaba. Sólo atina a responder: Grazie, Santo Padre... Y, como se ve, siente en su brazo derecho la mano del gentiluomo que lo está "invitando" a volver a su lugar.


El Obispo de Minas ha meditado mucho el diagnóstico del Papa, en particular la segunda parte. ¿Qué quiso decirle al declarar que "es necesario sobrevivir"?
Uruguay es conocido en todo el mundo, sin excepción, por "El milagro de los Andes". Esta historia nuestra es una historia exacta de sobrevivientes: un grupo de muchachos enfrenta un entorno de muerte y, contra toda posibilidad razonable, consiguen vencerlo.
¿Cómo lo hicieron? Manteniendo viva la esperanza y, movidos por ella, poniendo todo de su parte para superar aquella aparente imposibilidad: ninguno se desentendió de la empresa, todos dieron lo mejor de sí en favor de los que saldrían del encierro... 
Cuando el Papa le dice al Obispo de Minas que su país, en el contexto de los países de Latinoamérica, es un país laico, es decir, que tiene poco sentido religioso (el tema es muy matizable), pienso que quería animar a los católicos uruguayos a sobrevivir en su fe mediante la esperanza.
La condición es que sea una esperanza activa, hecha de espíritu de lucha, de estudio, de cooperación y de renuncias personales en favor del objetivo que hay que conseguir: hacer de este país un país más cristiano. Pienso, sinceramente, que es una meta más asequible que cruzar los Andes. Entonces... (El Obispo de Minas agradece comentarios).  



9 comentarios:

Santiago Raffo dijo...

Creo que el Santo Padre no solamente se refiere al Uruguay sino a la Iglesia que peregrina en el Uruguay y ya lo creo que es necesario SOBREVIVIR. Sobrevivir a los malos pastores, a las ideologías que nos han envenado, a la "praxis" por la praxis en si misma. A los que quieren transformar a la Iglesia en una ONG, a los predicadores que hablan de todo menos de Cristo, a las homilías vacías y sin contenido, a la abulia espiritual a la crítica permanente de los mediocres, al sin sentido, a la falta de propuestas serias, a la falta de definiciones, a la obediencia a medias del magisterio, al miedo al que dirán, al miedo a lo diferente, al miedo a lo nuevo...
En fin si habrá que sobrevivir en nuestra querida Iglesia uruguaya.
Después de tantos años y tantas cosas que he visto y que no puedo decir estoy seguro de la guía divina del Espíritu Santo, de lo contrario habríamos desaparecido hace mucho tiempo.
Parafraseando al cantor:"Me preguntaron como me preguntaron, sobreviviendo dije, sobreviviendo..."

Tomásdeaquí dijo...

Gracias Don Jaime por compartir con nosotros esa experiencia. Cuando terminé de leer “Jacinto Vera, el misionero santo” pude hacerme una idea más cabal de la historia de la Iglesia en Uruguay, de sus orígenes muy humildes y de lo tardío de su organización institucional con relación a los demás países de América. Mucho se ha avanzado, gracias a Dios, en los 130 años que han pasado desde la muerte de nuestro primer obispo. Mirando en esa perspectiva es que debemos ver nuestra situación actual. Una de las cosas más necesarias, a mi juicio, es la de una adecuada formación de nosotros, los católicos uruguayos, que incluya un mayor conocimiento del magisterio de la Iglesia. Y desde allí debería surgir la necesidad de que cada uno de nosotros haga presente ese magisterio en la vida común de todos los uruguayos (familia, trabajo, lugar de estudio, vecindario, etc). Desde Montevideo.

Anónimo dijo...

Al leer esto, me acordé de uno de nuestros jóvenes que tuvo la gracia de ir a la JMJ, y que me dijo algo así: "Me encontré con la alegría del amor de Dios" o "Me encontré con la alegría de predicar la Buena Noticia"... realmente no sé qué me dijo, pero yo uní los dos conceptos... y me pregunto ¿Cómo sobrevivir sin esta ALEGRÍA? ¿Cómo no "contagiarla si la sentimos? ¿Será esta la manera de sobrevivir?

María L.

Rodrigo dijo...

Me ha interesado muchísimo este artículo, y me lleva a pensar algunas cosas.
La primera, aplicable a la Iglesia en el Mundo, en Uruguay y en Minas (Pastores y rebaño), se llama Relativismo. Muchas veces nos hemos dejado inundar por estas ideas o maneras de pensar apartandonos de la Verdad. Es un tema largo pero que estoy seguro dificulta nuestro camino de Fe.
La segunda, específicamente en Minas, sin querer emitir juicios, no creo que el Santo Padre desconozca que su misión, Mons. Jaime, reviste características particulares por los hechos del pasado. Y le aseguro que lo sucedido nos condiciona muchísimo al momento de dar nuestro testimonio. Por algo Dios lo ha permitido y estoy seguro que será para su gloria.
De todas maneras como le ha dicho el Santo Padre, es necesario sobrevivir. En la Cruz sobrevivimos, muriendo constantemente con la Esperanza de la Resurrección.
La paz.

Anónimo dijo...

En 1988, antes de la 2a visita del Beato JP II al Uruguay, el entonces nuncio Mons. Cordero Lanza Di Montezémolo, hoy Cardenal, visitóe Seminario Mayor, y en una charla con los 65 seminaristas mayores que éramos entonces (hoy son la mitad) y los formadores, nos decía que la Iglesia en Uruguay 'es una Iglesia muerta'. Hubo un silencio sepulcral y alguien le preguntó ´cómo se podía hacer para que eso no fuera así. El rió y dijo "Bueno, hay que hacer un diagnóstico pastoral y un conjunto de cosas que no es fácil explicar ahora en este momento".
Esto quiere decir cómo se nos veías y cómo se nos ve en Roma. Las palabras del Santo Padre confirman ese 'veredicto'. En lo personal pienso que con que se arrancara en evitar a toda costa toda comunión indigna o en pecado mortal, ya estaríamos avanzando un buen paso... de la muerte a la vida...

mundomujer dijo...

El Papa le dió una formulación exacta a lo que nos pasa. Pero, Dios nos cuida y provee lo que necesitamos. A mis 57 años lo veo muy claro: cuando miro hacia el pasado y compruebo cuánto me cuidó y de cuántas cosas me salvó. Por ej. a pesar de haber ido a Misa desde los siete años, recién a los 20 en enteré de la Resurrección (estudiando en el ITU laicos, en 1974). Porque yo estaba en una parroquia donde no se hablaba de eso, donde había grupos que se decían de la parroquia, pero a los cuales no se los podía invitar a una Misa, etc. Sin embargo, el Señor, por medio del párroco me puso en contacto con el ITU laicos que fue un momento de conversión. Cuando veo hoy la revalorización de la Liturgia, que en muchos lugares se hace adoración eucarística todos o casi todos los días, que se vuelve a destacar el sacramento de la reconciliación, que se lee en grupo a doctores de espiritualidad como Santa Teresa de Jesús ... me doy cuenta de que estamos volviendo a centrarnos, estamos regresando a casa...
Falta mucho por hacer, sí; pero tenemos el tesoro más grande que se puede tener: Somos amados por Dios y lo sabemos. ¡Qué tristeza cuando vemos las caras de políticos desesperanzados, profesionales desesperanzados, jóvenes desesperanzados...!

Rosa Pellerey dijo...

El Papa le dió una formulación exacta a lo que nos pasa. Pero, Dios nos cuida y provee lo que necesitamos. A mis 57 años lo veo muy claro: cuando miro hacia el pasado y compruebo cuánto me cuidó y de cuántas cosas me salvó. Por ej. a pesar de haber ido a Misa desde los siete años, recién a los 20 en enteré de la Resurrección (estudiando en el ITU laicos, en 1974). Porque yo estaba en una parroquia donde no se hablaba de eso, donde había grupos que se decían de la parroquia, pero a los cuales no se los podía invitar a una Misa, etc. Sin embargo, el Señor, por medio del párroco me puso en contacto con el ITU laicos que fue un momento de conversión. Cuando veo hoy la revalorización de la Liturgia, que en muchos lugares se hace adoración eucarística todos o casi todos los días, que se vuelve a destacar el sacramento de la reconciliación, que se lee en grupo a doctores de espiritualidad como Santa Teresa de Jesús ... me doy cuenta de que estamos volviendo a centrarnos, estamos regresando a casa...
Falta mucho por hacer, sí; pero tenemos el tesoro más grande que se puede tener: Somos amados por Dios y lo sabemos. ¡Qué tristeza cuando vemos las caras de políticos desesperanzados, profesionales desesperanzados, jóvenes desesperanzados...!

M.D. dijo...

Monseñor gracias por compartir esto, cuando lo leí me sorprendió que el Santo Padre tenga un conocimiento tan agudo de lo que vivimos muchos católicos aquí.Me anima mucho que comprenda nuestra situación y por eso su respuesta de SOBREVIVIR.Este consejo suyo lo recibo como confirmación de lo que vivo yo y muchisimos otros hermanos que conozco:vamos buscando con sed constante la sana doctrina, la enseñanza de la verdad, la piedad en la liturgia,sacerdotes en comunión con el Papa,y son demasiado limitadas las posibilidades que encontramos en medio de la civilización de la acedia (dentro y fuera de la Iglesia) donde a lo malo se lo llama bueno y a lo bueno se lo acusa de malo.Tengo 35años y desde hace 10 años experimento esto con dolor. También recibo la palabra del Papa como un consejo: continuar sobreviviendo afianzados en la fe y la esperanza, porque la providencia de nuestro Padre Dios nunca nos ha abandonado.Pienso que la oración constante por la Iglesia en Uruguay es un camino para implorar a Dios que siga abriendo con su misericordia caminos en el desierto.

Daniel Iglesias Grèzes dijo...

Sí, la fe católica debe sobrevivir en Uruguay en un ambiente hostil, que ha calado hondo también en muchos católicos. Que el Señor nos conceda perseverar en la fe, con esperanza y alegría.

Gracias, Mons. Jaime. ¡Y feliz domingo!