Páginas

DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


martes, 29 de septiembre de 2009

CATÓLICOS Y PLURALISMO


Cuando falta menos de un mes para las elecciones y no poca gente está en el casillero de los "indecisos" a la hora de votar, viene bien leer este artículo que publicó ayer en "La Vanguardia", de Barcelona, mi amigo Josep-Ignasi Saranyana, experto en Historia de la Iglesia: clarifica ideas esenciales.


No es fácil el discernimiento político para los católicos, cuando unos despenalizan el aborto (casi liberalizándolo por completo) y proponen modelos anormales de familia, otros fomentan catalanofobias y discriminaciones, los terceros impulsan filas secesionistas, y más allá no se respeta la libertad de los padres en la educación de los hijos o en diferentes asuntos básicos.
Es complicado en tal contexto despejar las dudas y adquirir certezas, al votar o tomar algunas decisiones, pero hay que hacerlo, sopesando pros y contras, valorando prioridades y estableciendo jerarquías de verdades. El criterio evangélico “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” se mantiene en pie e ilumina al orden práctico, donde no hay soluciones únicas o indiscutibles.
Tampoco las épocas pasadas fueron fáciles para los cristianos. San Pablo se sentía muy orgulloso de su origen judío y de sus antecedentes religiosos, pero fue perseguido por los suyos. Alardeaba de su ciudadanía romana y exigía obediencia a las autoridades romanas, que consideraba legítimas, pero fue víctima de unas leyes que no respetaban libertades fundamentales. Esto sucedía entonces y pasa ahora. Por citar ejemplos, recordemos el caso de republicanos católicos(como Manuel Carrasco y Formiguera) y de demócratas católicos en tiempos de Mussolini (como Alcide De Gasperi).
No se dan ni se darán nunca las circunstancias ideales. Los católicos, libres como los demás ciudadanos, tendrán que bogar, de ordinario, en aguas agitadas. No obstante, en medio de ambigüedades de todo signo, cualquier católico estará siempre obligado a guiarse por su conciencia cristiana y, cuando sea el caso, por las orientaciones del magisterio pontificio sobre fe y reglas morales. Deberá contribuir, a su manera, a la evangelización del mundo contemporáneo, que es su único hábitat, y no otro. Y evitará con todo cuidado comprometer a la Iglesia en materias opinables.

sábado, 26 de septiembre de 2009

AGNÓSTICOS Y CATÓLICOS SE NECESITAN

El Papa ya está en la República Checa. En el avión, junto con otros periodistas, ha viajado Andrea Tornielli, vaticanista de Il Giornale, que ya ha puesto en su blog -"Sacri Palazzi"- las respuestas de Benedicto XVI a las cinco preguntas que le hicieron los informadores. De ellas seleccioné estos conceptos del Santo Padre, que nos hará bien meditar. ¡Hay mucho por hacer!

"Normalmente las minorías creativas determinan el futuro. La Iglesia católica debe entenderse como minoría creativa que tiene una herencia de valores que no son cosas del pasado, sino una realidad muy viva y actual. Esos valores deben ponerse en acto y tienen que estar presentes en el debate público, en nuestra lucha por el verdadero concepto de libertad y de paz, y así contribuir en diversos sectores: en primer lugar, en el diálogo intelectual entre agnósticos y creyentes.
Ambos necesitan del otro. Los agnósticos nunca pueden darse por contentos de no saber si Dios existe o no existe, sino que deben estar en permanente búsqueda, sintiendo la gran herencia de la fe. El católico tampoco debe sentirse contento sólo de tener la fe, sino que necesita investigar. Y más aún, en el diálogo con los otros debe aprender sobre Dios con la mayor profundidad.
Este es el primer nivel en el gran diálogo intelectual y humano.
En el sector educativo, la Iglesia tiene mucho para hacer y para dar en la formación. En Italia, por ejemplo, ante el problema de la emergencia educativa, que es un problema común a todo el Occidente, la Iglesia debe nuevamente concretar y actualizar, y abrir para el futuro su gran herencia".

jueves, 24 de septiembre de 2009

EL MILAGRO DE PRAGA

El Papa Benedicto XVI viaja a la República Checa, siguiendo las huellas de Juan Pablo II. No se puede olvidar que, después de la caída del comunismo, Praga fue la primera ciudad del antiguo mundo comunista que recibió su visita, el 21 de abril de 1990, aceptando la invitación que le hizo el presidente Vaclav Havel.
En su libro “Mi vida con Karol”, su secretario, actual arzobispo de Cracovia, Cardenal Stanislaw Dziwsz, explicaba:

“El presidente Vaclav Havel, al recibir al Santo Padre, no pudo expresar mejor la extraordinaria elocuencia histórica de aquella visita. Un “milagro” dijo. Seis meses antes, Havel, arrestado como enemigo del Estado, aun estaba en la cárcel. Ahora, le daba la bienvenida al primer Papa eslavo, al primer Papa que ponía los pies en aquella tierra. Aquel “milagro”, podría decirse, había comenzado en San Pedro, el 12 de noviembre del año anterior, cuando fue canonizada Inés de Bohemia. En aquella ocasión llegaron a Roma, desde su patria o fuera de ella, al menos diez mil checoslovacos. Se descubrieron unidos, fuertes, sin miedos.
El Papa les dijo: “Vuestra peregrinación no debe terminar hoy. Debe continuar…” Y la peregrinación continuó hasta desembocar en la “Revolución de terciopelo” aquellos diez días que cambiaron la historia checoslovaca. Casi una segunda “Primavera de Praga””.

A la vuelta de los años, las palabras de bienvenida que Vaclav Havel le dirigió a Juan Pablo II en el aeropuerto, son una especie de Aleluya cívico que conmueve.

Santidad,
Queridos conciudadanos:
No estoy seguro de saber qué es un milagro. A
pesar de ello, me atrevo a decir que en este momento
participo en un milagro: el hombre que hace seis
meses era arrestado como enemigo del Estado se
halla aquí en el día de hoy como presidente de ese
Estado, y da la bienvenida al primer pontífice que
pone el pie en este país en toda la historia de la
Iglesia católica.
No estoy seguro de saber qué es un milagro. A
pesar de ello, me atrevo a decir que esta tarde
participaré en un milagro: hoy, en el mismo lugar
donde hace cinco meses nos llenó de alegría la
canonización de Inés de Bohemia, ese día en que se
decidió el futuro de nuestro país, en ese lugar, digo,
el principal representante de la Iglesia católica
oficiará misa, y probablemente ante Aquel en cuya mano está el curso inescrutable de todas las cosas.
No estoy seguro de saber qué es un milagro. A
pesar de ello, me atrevo a decir que en este momento
participo en un milagro: a un país devastado por el
gobierno de los ignorantes, llega el símbolo vivo de
la cultura; a un país que hasta hace poco era
devastado por la idea del enfrentamiento y la división
en el mundo, llega el mensajero de la paz, el diálogo,
la tolerancia, la estima y la sosegada comprensión,
el mensajero de la unidad fraternal en la diversidad.
Durante estas largas décadas, el Espíritu
Santo fue desterrado de nuestro país. Tengo el honor
de presenciar el momento en que su suelo es besado
por el apóstol de la espiritualidad.
Bienvenido a Checoslovaquia,
Santidad

miércoles, 23 de septiembre de 2009

BUENAS EXPLICADERAS

Un rabino habla sobre la adopción de niños por parte de homosexuales, condenándola, y nadie dice nada. Si, en cambio, habla un obispo católico, que se prepare a hacer de diana de tiro al blanco: será atravesado por cuanto dardo pueda imaginar. ¿Por qué será?... En todo caso, hay que reconocer que el rabino Eliezer Shemtov supo explicar muy bien su posición, es decir, lo que enseña la Sagrada Escritura sobre el tema, sin complejos y con claridad de expresión: vale la pena leerla y aprender. La entrevista apareció en El Observador, el domingo 13 de este mes. Los destacados son míos.
- El Parlamento uruguayo acaba de aprobar la adopción por parte de parejas homosexuales. ¿Qué juicio le merece desde su religión?
- El judaísmo no prohíbe la homosexualidad, sino los actos homosexuales. La homosexualidad es un término demasiado general y vago, que se usa para una plétora de manifestaciones y causas muy diversas. Está más que claro que, según la Biblia, una familia se forma en base a una pareja compuesta por un hombre y una mujer. El judaísmo no condena solamente la relación sexual entre miembros del mismo género; la prohibe en cualquier manifestación que no sea dentro de la pareja heterosexual casada. O sea, la postura del judaísmo no es discriminatoria, sino exclusiva. Creo que es una perspectiva del tema que mucha gente ignora. Reconozco que para muchos este concepto es difícil de poner en pràctica, pero no es un desafío sólo de los homosexuales; hay muchos heterosexuales a los que les cuesta controlar sus instintos y canalizarlos como Dios manda...


jueves, 17 de septiembre de 2009

TRABAJAR EN LA IGLESIA

¡Qué cerca nos sentimos de Brasil!... No sólo geográficamente, sino por las circunstancias de la vida de la Iglesia. Fíjense en algunas de las cosas que les dijo el Papa esta mañana, en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, a un grupo de obispos brasileños que están de visita "ad limina": parecen dirigidas a nosotros.

En sus fieles y en sus ministros, la Iglesia es sobre la Tierra la comunidad sacerdotal orgánicamente estructurada como Cuerpo de Cristo, para desempeñar eficazmente, unida a su Cabeza, su misión histórica de salvación. Así nos lo enseña san Pablo: “Vosotros sois Cuerpo de Cristo, y cada uno un miembro de él” (1 Cor 12, 27). En efecto, no todos los miembros tienen la misma función: esto es lo que constituye la belleza y la vida del cuerpo (cf. 1 Cor 12, 14.17). Es en la diversidad esencial entre sacerdocio ministerial y sacerdocio común donde se entiende la identidad específica de los fieles ordenados y los laicos. Por esta razón, es necesario evitar la secularización de los sacerdotes y a la clericalización de los laicos. (…) Es importante hacer crecer esta conciencia en los sacerdotes, religiosos y fieles laicos, animando y vigilando para que cada uno pueda sentirse motivado a actuar según de propio estado.

La profundización armónica, correcta y clara de la relación entre sacerdocio común y ministerial, constituye actualmente uno de los puntos más delicados del ser y de la vida de la Iglesia. El número exiguo de presbíteros podría llevar a las comunidades a resignarse a esta carencia, tal vez consolándose con el hecho de que la misma pondría mejor de manifiesto el papel de los fieles laicos. Pero no es la falta de presbíteros la que justifica una participación más activa y numerosa de los laicos. En realidad, cuanto más toman conciencia los fieles de sus responsabilidades en la Iglesia, tanto más sobresale la identidad específica y el papel insustituible del sacerdote como pastor de toda la comunidad, como testigo de la autentificad de la fe y dispensador, en nombre de Cristo Cabeza, de los misterios de la salvación. (…) La función del presbítero es esencial e insustituible para el anuncio de la Palabra y la celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, memorial del Sacrificio supremo de Cristo, que da su Cuerpo y su Sangre. Por eso urge pedir al Señor que envíe obreros a su mies; además, es preciso que los sacerdotes manifiesten la alegría de la fidelidad a la propia identidad con el entusiasmo de la misión. (…) En la situación actual, en que muchos de vosotros os veis obligados a organizar la vida eclesial con pocos presbíteros, es importante evitar que tal situación sea considerada normal o típica del futuro. (…) Debéis concentrar los esfuerzos para despertar nuevas vocaciones sacerdotales y encontrar los pastores indispensables para vuestras diócesis, ayudándoos mutuamente para que todas dispongan de presbíteros mejor formados y más numerosos, para sustentar la vida de fe y la misión apostólica de los fieles.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

UN BUEN PADRE ESPIRITUAL

Esta mañana, en su habitual Audiencia de los miércoles, el Papa habló de un personaje del que yo no conocía ni su existencia: Simeón el Nuevo Teólogo, que vivió entre los años 949 y 1022, y que es muy apreciado por la Iglesia Ortodoxa.
Benedicto XVI aprovechó para subrayar la importancia de tener un Director espiritual. Y me parece que, para alcanzar el objetivo de las nuevas vocaciones sacerdotales que tanto necesitamos, deberíamos encontrar el tiempo para dedicarnos a este "oficio" capital. Dijo el Papa:
En el camino de vida ascética propuesto y recorrido por (Simeón el Nuevo Teólogo), la fuerte atención y concentración del monje sobre la experiencia interior, confiere al Padre espiritual del monasterio una importancia esencial. El mismo joven Simeón, como he dicho, había encontrado un director espiritual que lo ayudó mucho y del cual conservó una grandísima estima, tanta que le reservó, después de su muerte, una veneración incluso pública. Quisiera decir que sigue siendo válido para todos –sacerdotes, personas consagradas y laicos, y especialmente para los jóvenes- la invitación a recurrir a los consejos de un buen padre espiritual, capaz de acompañar a cada uno en el conocerse a sí mismo con profundidad, y llevarlo a la unión con el Señor, a fin de que su existencia se conforme cada vez más con el Evangelio. Para ir hacia el Señor necesitamos siempre una guía, un diálogo. No podemos hacerlo solamente con nuestras reflexiones. Y este es también el sentido de la eclesialidad de nuestra fe, el encontrar esta guía.

lunes, 14 de septiembre de 2009

BODAS DE PLATA

"Cuando sea exaltado sobre la tierra, atraeré todo hacia mí", dijo Jesús, indicando de qué modo iba a morir, agrega san Juan en su evangelio. La exaltación o glorificación del Señor tuvo lugar, en efecto, en la Cruz, la Santa Cruz con la cual, una vez abiertas con ella las puertas del Cielo, ahora reina y es el cetro de su reinado sobre toda la creación.
Cada día los sacerdotes elevamos a Cristo en el altar y renovamos su muerte redentora. Ahí somos imprescindibles: en definitiva, el motivo clave de nuestra ordenación sacerdotal es poder celebrar la Eucaristía. Y hoy hace nada menos que 25 años, dos de ellos -Gonzalo Estévez y Roberto Russo-comenzaron a celebrar cada día ese misterio único que une la Tierra y el Cielo.
Ha sido la suya una celebración grande; ha sido una gran celebración de la Iglesia entera: porque el sacerdote es ordenado para todos los hombres y para siempre.
Yo quería participar en la Santa Misa de las Bodas de Plata de estos hermanos y buenos amigos, que adquiere un valor aún mayor al celebrarlas en el Año Sacerdotal. Pero, a la hora en que empezaba la Misa, tenía una cola de personas que esperaban confesarse... No podía dejarlas. Me quedé tranquilo, porque estoy seguro de que Gonzalo y Roberto habrían hecho lo mismo: somos sacerdotes para levantar a Cristo sobre la tierra y para ser ministros de su infinita misericordia.
En todo caso, me prometí a mí mismo que, cuando lleguen sus Bodas de Oro, allí estaré... El problema es que, por una simple razón de calendario, digamos... ¡no estaré!

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿La reforma de la reforma? (3)



Este es el tercero y último post sobre el tema del título: se trata de la respuesta de Andrea Tornielli (por cierto, su nombre está sonando como sustituto del P. Lombardi S.J. al frente de la Sala Stampa de la Santa Sede) al "desmentido" que hiciera el Cardenal Secretario de Estado, cuando el 22 de agosto informó sobre "la reforma de la reforma" litúrgica. Es verdad que, sobre todo, la reforma es cuestión de interioridad y de santidad, como afirmaba el Cardenal Bertone. Pero, ¿será suficiente?
Queridos amigos: vuelvo al tema del post que dediqué el pasado 22 de agosto a las cuestiones discutidas en la reunión plenaria de la Congregación para el Culto divino, acerca de la recuperación de un mayor sentido de la sacralidad en la liturgia. Como saben y como ha sido recordado, en la tarde del lunes 24 de agosto el Vicedirector de la Sala Stampa de la Santa Sede, P. Ciro Benedittini (a quien estimo mucho), difundió a través de la Radio Vaticana una declaración verbal acerca del tema de mi artículo. Estas fueron sus palabras, medidísimas y estudiadas: “Hasta el momento no existen propuestas institucionales sobre una modificación de los libros litúrgicos actualmente en uso”.
Este presunto desmentido ha dado vueltas por los blogs y más de uno no ha escondido un poquito de satisfacción por el hecho de que el suscrito haya sido pescado en falso. Además, en la entrevista concedida ayer a L’Osservatore Romano, el cardenal Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, se refirió a las fantasiosas ideas de documentos sobre una “marcha atrás” del Concilio.
Quisiera decir que el desmentido del P. Benedettini, más que por mi artículo fue provocado porque lo reprodujeron muchos blogs (después del caso Williamson, los blogs y los sitios en Internet son constantemente monitoreados por la Santa Sede), que daban por inminente la “reforma de la reforma” y modificaciones en la Misa en el sentido más tradicional.
Ante todo, en mi artículo no hablé nunca de reformas inminentes o de documentos ya preparados, y al final dije claramente que se trataba del comienzo de un trabajo. Un trabajo largo que no quiere arreglar las cosas desde lo alto, por imposición, sino involucrar a los episcopados. Hablé de la votación hecha por la Congregación; del hecho de que el Cardenal Cañizares llevó al Papa sus resultados; de que se ha comenzado a estudiar no “propuestas institucionales de modificación de los libros litúrgicos”, sino indicaciones más concretas y rigurosas acerca de cómo celebrar con los libros existentes y en algunos casos recién publicados. Digo todo esto para que no crean que quien esto escribe en realidad ha dado una noticia falsa y que el Papa y la Congregación para el Culto no están pensando en nada, que la “reforma de la reforma” y la recuperación de una mayor sacralidad no existen. Desde que soy vaticanista he cometido muchos errores y muchos aun cometeré, pero créanme que el artículo en cuestión no está entre éstos. Por lo demás, el hecho de que “por el momento” no existan “propuestas institucionales” de reforma, no desmiente que ya hay propuestas de estudio que aún no son “institucionales”. Basta con leer lo que en su momento escribió el cardenal Ratzinger y lo que ha escrito el Papa Benedicto XVI en la carta que acompañaba al Motu proprio Summorum Pontificum, para darse cuenta de cómo tiene este tema en su corazón.

domingo, 6 de septiembre de 2009

¿La reforma de la reforma? (2)




El 29 de agosto pasado, el Secretario de Estado, Cardenal Tarcisio Bertone, en una entrevista con el Director de L'Osservatore Romano, se refirió al "documento secreto" sobre la reforma litúrgica que reprodujimos en el servicio anterior. Ofrecemos algunas de las consideraciones que hizo el Cardenal sobre esa y otras circunstancias de la vida de la Iglesia.


Usted sabe que, en torno a Benedicto XVI, hay muchos que lo siguen fielmente, pero también se dan reservas, especialmente en lo que respecta a la fidelidad al Concilio Vaticano II y sobre la reforma de la Iglesia. ¿Piensa que tienen fundamento esos temores?


Para entender las intenciones y la acción de gobierno de Benedicto XVI es necesario remontarse a su historia personal, -una variada experiencia que le permitió pasar por la Iglesia del Concilio como verdadero protagonista- y, una vez elegido Papa, volver al discurso de inauguración de su pontificado, al que dirigió a la Curia romana el 22 de diciembre de 2005 y considerar los actos concretos que él ha querido y firmado (y en ocasiones, pacientemente explicados). Otras elucubraciones y rumores sobre presuntos documentos en los que se daría marcha atrás al Concilio, son pura invención y responden a un cliché estandarizado y obstinadamente repetido. Sólo quisiera mencionar algunas directrices del Concilio Vaticano II, que han sido promovidas por el Papa con inteligencia y profundidad de pensamiento: la relación más amplia con la Iglesia Ortodoxa y con las Iglesias orientales, el diálogo con el judaísmo y con el Islam, con una atracción recíproca, que ha despertado respuestas y profundizaciones que hasta ahora nunca se habían dado, purificando la memoria y contemplando las riquezas del otro. Además, quisiera subrayar la relación directa y fraterna, además de paterna, que tiene el Papa con todos los miembros del colegio episcopal en las visitas ad limina y en otras numerosas ocasiones. Hay que recordar además que él ha querido instituir las intervenciones libres en las asambleas del Sínodo de los obispos, con respuestas puntuales y reflexiones del mismo Pontífice. Tampoco se puede olvidar el contacto directo que ha instaurado con los Superiores de los dicasterios de la Curia romana, con quienes ha renovado los encuentros periódicos.
En cuanto a la reforma de la Iglesia, que es sobre todo una cuestión de interioridad y de santidad, Benedicto XVI nos ha devuelto a la fuente de la Palabra de Dios, a la ley evangélica y al corazón de la vida de la Iglesia: Jesús, el Señor conocido, amado, adorado e imitado como “aquel en el cual Dios tuvo a bien que en Él habitase toda la plenitud", según la expresión de la carta a los Colosenses. Con el volumen “Jesús de Nazaret”, y con el segundo que está preparando, el Papa nos ha hecho un gran regalo y manifestar su expresa voluntad de “hacer de Cristo el corazón del mundo”.
¿Cuáles han sido, en el ámbito de la Curia romana, las intervenciones destacadas de Benedicto XVI y cuáles aún se pueden esperar?
Benedicto XVI es un profundo conocedor de la Curia romana, desde el momento en que desarrolló un papel preeminente como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, un observatorio y un dicasterio central en la conexión con los todos los altos organismos de gobierno de la Iglesia. Él ha podido conocer perfectamente personas y dinámicas, y seguir el trámite de los nombramientos efectuados durante el pontificado de Juan Pablo II, aun estando lejos de las maniobras y del rumoreo que a veces se da en ciertos ambientes curiales, desgraciadamente poco empapados de un verdadero amor a la Iglesia.
Desde el comienzo de su pontificado, aún breve, son más de 70 los nombramientos de superiores de los diferentes dicasterios, sin contar con los nuevos Nuncios apostólicos y nuevos obispos de todo el mundo. Los criterios que siempre han guiado las elecciones de Benedicto XVI han sido: la competencia, el genuino espíritu pastoral, la internacionalidad. Son inminentes algunos nombramientos importantes y no faltarán las sorpresas, sobre todo por la representación de las Iglesias jóvenes: África ya ha ofrecido y ofrecerá excelentes candidatos.

¿Es justo atribuirle al Pontífice todo lo que sucede en la Iglesia o es útil, para una correcta información, aplicar el principio de responsabilidad personal?
Se ha hecho corriente atribuirle al Papa –o, como se dice sobre todo en Italia, al Vaticano- la responsabilidad de todo lo que sucede en la Iglesia, o de lo que declara cualquier exponente o miembro de Iglesias locales, de instituciones o de grupos eclesiales. Esto no es correcto. Benedicto XVI es un modelo de amor a Cristo y a la Iglesia, la personifica como Pastor universal, la guía por el camino de la verdad y de la santidad, señalando a todos la alta medida de la fidelidad a Cristo y a la ley evangélica. Y es justo, para una correcta información, atribuirle a cada uno (unicuique suum) la propia responsabilidad por los hechos y por las palabras, sobre todo cuando contradicen patentemente las enseñanzas y los ejemplos del Papa. La imputabilidad es personal, y este criterio es válido para todos, también en la Iglesia. Pero, desgraciadamente, el modo de informar y de juzgar depende de las buenas intenciones y del amor por la verdad de los periodistas y de los medios de información.