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DESPUÉS DE 115 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

En 19 de abril de 2014 se inauguró la renovación del entorno del templete de la Virgen. El 15 de septiembre de 2015, la capilla "Madre de Misericordia", en la cumbre del Cerro. Es la Virgen la que mueve los corazones, para que ayuden a hacer de su casa del Verdún un lugar privilegiado de encuentro con Jesús.


miércoles, 29 de abril de 2009

ME DEJÓ SIN ALIENTO

De un tiempo a esta parte -¡vaya a uno a saber por qué...!- se han multiplicado las películas y los videos de animales que, con intención expresa o implícita de quien los hace o los envía, se presentan como ejemplo de lo que los hombres deberíamos hacer y no hacemos.
Como todo, cuando la producción es tan abundante te cansa y, en mi caso, no pocos de los correos con bichitos que me llegan, terminan en el reciclaje...
Pero resulta que mi hermana Marga acaba de mandarme este video cortito, con el siguiente comentario: "Me dejó sin aliento. Vale la pena verlo".
Lo vi, claro, y me quedé pensando, pensando... Pensé en cachorros, a los que conozco, que corren y corren perseguidos por el miedo... Pensé en los que necesitan un padre que los defienda y no lo encuentran... En fin, los invito a pinchar aquí, ver, pensar, y escribir. ¡Gracias, Marga!

jueves, 23 de abril de 2009

EL PRESIDENTE

A mi amigo Rom (se llama Romualdo y somos amigos de toda la vida) lo encontré ayer muy enojado. El motivo, se imaginan, era todo eso que ahora empieza a saberse sobre el presidente del Paraguay. No sé si hice bien cuando animé a Rom a escribir… En todo caso, como le prometí ponerlo en mi blog, aquí está lo que acaba de enviarme.

El caso de Lugo es, por una parte, tan vulgar que apenas da de sí para algún comentario: que lo diga Clinton, que lo diga Menem, que lo diga Alan García, que lo diga Fidel, por nombrar a unos pocos botones de muestra. Pero, por otro lado, lo de Lugo es muy diferente: se trata de un traidor.
Lugo es traidor porque no respondió a la confianza que tuvo con él la Iglesia Católica. Lugo es un traidor superlativo, porque, sirviéndose de su rango eclesiástico, engañó a no se sabe cuántas mujeres. Lugo es también un gran traidor de los hombres y mujeres que lo votaron, porque, creyéndole, esperaban que eliminaría la corrupción y ahora caen en la cuenta de que es el mayor de los corruptos.
Lugo, por traidor, debería ir a la cárcel entrando en ella por la puerta grande, en un acto que podría desarrollarse así.
Reunido el pueblo paraguayo en la principal avenida de Asunción, abrirá un estrecho corredor para recibir a su ex presidente. Suéltese entonces al traidor donde arranca la avenida, y déle una mujer un primer puntapié en el lugo, al que seguirá otro, y otro, y otro más, hasta que llegue, sin apuro, al final del recorrido. Aquí estará esperándolo el coche celular, que lo trasladará a la cárcel.
La Justicia decidirá la pena que corresponde al traidor. En todo caso, para que no olvide su pasado y como muestra de misericordia con él, durante los años de su condena deberá recitar cincuenta veces al día el Salmo 50: “… Reconozco mi delito y mi pecado está de continuo ante mí…”

EL PRESIDENTE

A mi amigo Rom (se llama Romualdo y somos amigos de toda la vida) lo encontré ayer muy enojado. El motivo, se imaginan, era todo eso que ahora empieza a saberse sobre el presidente del Paraguay. No sé si hice bien cuando animé a Rom a escribir… En todo caso, como le prometí ponerlo en mi blog, aquí está lo que acaba de enviarme.

El caso de Lugo es, por una parte, tan vulgar que apenas da de sí para algún comentario: que lo diga Clinton, que lo diga Menem, que lo diga Alan García, que lo diga Fidel, por nombrar a unos pocos botones de muestra. Pero, por otro lado, lo de Lugo es muy diferente: se trata de un traidor.
Lugo es traidor porque no respondió a la confianza que tuvo con él la Iglesia Católica. Lugo es un traidor superlativo, porque, sirviéndose de su rango eclesiástico, engañó a no se sabe cuántas mujeres. Lugo es también un gran traidor de los hombres y mujeres que lo votaron, porque, creyéndole, esperaban que eliminaría la corrupción y ahora caen en la cuenta de que es el mayor de los corruptos.
Lugo, por traidor, debería ir a la cárcel entrando en ella con honores. Reunido el pueblo paraguayo en la principal avenida de Asunción, abrirá un estrecho corredor para recibir a su ex presidente. Suéltese entonces al traidor donde arranca la avenida, y déle una mujer un primer puntapié en el lugo, al que seguirá otro, y otro, y otro más, hasta que llegue, sin apuro, al final del recorrido. Aquí estará esperándolo el coche celular, que lo trasladará a la cárcel.
La Justicia decidirá la pena que corresponde al traidor. En todo caso, para que no olvide su pasado y como muestra de misericordia con él, durante los años de su condena deberá recitar cincuenta veces al día el Salmo 50: “… Reconozco mi delito y mi pecado está de continuo ante mí…”

miércoles, 22 de abril de 2009

¿QUIEN ESTÁ DETRÁS DEL NIÑO?

Me vinieron al recuerdo unas palabras de Romano Guardini que, me parece, hay que tener bien presentes. El motivo fue un encuentro con Anamaría, a quien casé hace 14 años con Juan. En estos años han tenido cuatro hijos preciosos: Luis, de 12; Miguel, de 11; Fátima, 9; y Pepe, que tiene 6 y es un sol sin nubes permanente.
Resulta, entonces, que hoy hace un año que Juan le dice a Anamaría que ya no la quiere más, que se ha cansado de vivir con ella, que él dejó mucho por el matrimonio...: dejó de jugar al fútbol los fines de semana, dejó de ir a fiestas con sus amigos... Y le dijo que se iba de la casa, que estaba confundido, sí, confundido dijo.
Anamaría llama, desesperada, al sacerdote que la casó y éste llama a Juan y Juan va a verlo y, con aire de inocencia angélica, le explica al cura que sigue queriéndola pero "como una hermana", que los sentimientos no se inventan, que... -Juan, decime la verdad: ¡vos tenés otra!... Juan lo niega tozudamente, enfáticamente, ofendido por semejante suposición.
Hace seis meses que Juan vive con la otra, y está empeñado en que sus hijos la "acepten", que la quieran, que salgan con ella... Sus hijos se rebelan frente a la imposición, lloran, sufren por el acoso de su padre, como sólo los niños pueden sufrir.
Anamaría va a trabajar todos los días con el corazón partido: - Mis hijos me necesitan, dice tragándose las lágrimas.
El sacerdote recuerda hoy lo que escribió Guardini comentando la advertencia de Jesús "al que escandalice a uno de estos pequeños, más le valiera que le pusieran al cuello una piedra de molino"... Escribió así: "Ten cuidado de no tocar lo sagrado que hay en el niño. Detrás de él está el ángel que ve a Dios. Detrás del niño está Dios. Si te acercas demasiado a él, rozarás algo que conduce inmediatamente al misterio de Dios. Y entonces te verás cara a cara con un adversario terrible. Es cierto que este se calla. Parece que no ocurre nada. Pero un día sabrás lo que sucedió cuando se convirtió en adversario tuyo".

¿QUIEN ESTA DETRAS DEL NIÑO?

Me vinieron al recuerdo unas palabras de Romano Guardini que, me parece, hay que tener bien presentes. El motivo fue un encuentro con Anamaría, a quien casé hace 14 años con Juan. En estos años han tenido cuatro hijos preciosos: Luis, de 12; Miguel, de 11; Fátima, 9; y Pepe, que tiene 6 y es un sol sin nubes permanente.
Resulta, entonces, que hoy hace un año que Juan le dice a Anamaría que ya no la quiere más, que se ha cansado de vivir con ella, que él dejó mucho por el matrimonio...: dejó de jugar al fútbol los fines de semana, dejó de ir a fiestas con sus amigos... Y le dijo que se iba de la casa, que estaba confundido, sí, confundido dijo.

Anamaría llama, desesperada, al sacerdote que la casó y éste llama a Juan y Juan va a verlo y, con aire de inocencia angélica, le explica al cura que sigue queriéndola pero "como una hermana", que los sentimientos no se inventan, que... -Juan, decime la verdad: ¡vos tenés otra!... Juan lo niega tozudamente, enfáticamente, ofendido por semejante suposición.

Hace seis meses que Juan vive con la otra, y está empeñado en que sus hijos la "acepten", que la quieran, que salgan con ella... Sus hijos se rebelan frente a la imposición, lloran, sufren por el acoso de su padre, como sólo los niños pueden sufrir.

Anamaría va a trabajar todos los días con el corazón partido: - Mis hijos me necesitan, dice tragándose las lágrimas.

El sacerdote recuerda hoy lo que escribió Guardini comentando la advertencia de Jesús "al que escandalice a uno de estos pequeños, más le valiera que le pusieran al cuello una piedra de molino"... Escribió así: "Ten cuidado de no tocar lo sagrado que hay en el niño. Detrás de él está el ángel que ve a Dios. Detrás del niño está Dios. Si te acercas demasiado a él, rozarás algo que conduce inmediatamente al misterio de Dios. Y entonces te verás cara a cara con un adversario terrible. Es cierto que este se calla. Parece que no ocurre nada. Pero un día sabrás lo que sucedió cuando se convirtió en adversario tuyo".

domingo, 19 de abril de 2009

A LAS CINCO DE LA TARDE

El poema de García Lorca, en el que llora la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías, empieza así: A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde.
Ayer, a las cinco en punto de la tarde, en la Catedral de Maldonado había vida y alegría a granel, alegría y vida de las que no pasan. Escribía el poeta: A las cinco de la tarde. ¡Ay qué terribles cinco de la tarde! ¡Eran las cinco en todos los relojes! ¡Eran las cinco en sombra de la tarde! A las cinco de la tarde, en Maldonado, el cielo se asomó a la tierra y la Catedral, repleta, se desbocó en canciones para cantar el gozo máximo de la Iglesia: ¡un nuevo sacerdote, aleluya, Luis Eduardo, aleluya!

El obispo Rodolfo estaba emocionado, antes, durante y después de imponerle las manos. Le dio consejos de los que importan: que celebres la Santa Misa cada día, para una multitud o sin ninguna persona: porque la Misa es para Dios. Que reces cada día la liturgia de las Horas, no sólo para alimentar tu piedad, sino porque el mundo entero necesita la oración del sacerdote. Que encuentres tiempo para administrar el sacramento de la Reconciliación. Que dediques tiempo al estudio y a la reflexión...

A las siete en punto de la tarde terminó la ceremonia: ¡nació otro Cristo!

PROHIBIDO ACHICARSE

19 de abril de 2005. ¡Fumata blanca! Aparece en el balcón de San Pedro el nuevo Papa. Me gusta verlo en esa foto, vestido como estaba a la hora de la elección: trabajando, con un pullover negro, sin preparación ninguna. Así se presentó a la multitud reunida en la plaza y al mundo entero, y así habló: "Después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias!".

Han pasado cuatro años. Tiene ahora 82 de edad y oye cada día la promesa y el encargo de Jesús: "Yo he rogado por ti. ¡Confirma a tus hermanos en la fe!". No hace otra cosa, por eso lo critican. Es verdad que Jesús también lo había advertido: "Si a mí me han perseguido, a ustedes también los perseguirán". Nada nuevo hay bajo el sol.


El domingo de Pascua, el Papa de 82 años animaba a todos, con una energía acumulada desde hace más de 2.000 años: "Que nadie se arredre en esta batalla pacífica comenzada con la Pascua de Cristo, el cual, lo repito, busca hombres y mujeres que lo ayuden a afianzar su victoria con sus mismas armas, las de la justicia y la verdad, la misericordia, el perdón y el amor". A ver qué hacemos...


viernes, 17 de abril de 2009

APÓSTOL DE LA MISERICORDIA DIVINA

Más que la fecha exacta (2 de abril de 2005), me gusta recordar que Juan Pablo II falleció en la víspera del segundo domingo de Pascua de 2005, que vamos a celebrar mañana. Me gusta recordarlo porque fue él quien, en el año 2000, dispuso que ese domingo, el segundo de este tiempo precioso que es el tiempo pascual (¡Jesús Resucitado es fascinante!), comenzara a denominarse en la Iglesia, "Domingo de la Misericordia Divina". Y fue entonces, poco después de participar lúcidamente en la Misa de ese domingo, celebrada a los pies de su cama por su secretario, don Estanislao, cuando se cumplió el deseo que Juan Pablo II había manifestado tenuemente y amorosamente en su agonía: "Déjenme partir a la casa del Padre".

Creo que si algo necesita hoy el mundo es la misericordia infinita de Dios: ¿es necesario enumerar los motivos?... Sólo quisiera recordar lo que el Papa decía un año antes de irse al cielo: "celebramos el domingo de la Misericordia divina. El Señor nos envía también a nosotros a llevar a todos su paz, fundada en el perdón y en la remisión de los pecados. Se trata de un don extraordinario, que quiso unir al sacramento de la penitencia y de la reconciliación. ¡Cuánta necesidad tiene la humanidad de experimentar la eficacia de la misericordia de Dios en estos tiempos, marcados por una incertidumbre creciente y por conflictos violentos!".

Y el año anterior había invocado especialmente a la Virgen "como Madre de la Misericordia divina, orando por toda la familia humana, conscientes de que sólo en la misericordia de Dios el mundo puede encontrar la paz".

Desde entonces hasta hoy, me parece que cada día aumentan los motivos para rezar más y con mayor devoción la Salve.

APÓSTOL DE LA MISERICORDIA DIVINA

Más que la fecha exacta (2 de abril de 2005), me gusta recordar que Juan Pablo II falleció en la víspera del segundo domingo de Pascua de 2005, que vamos a celebrar mañana. Me gusta recordarlo porque fue él quien, en el año 2000, dispuso que ese domingo, el segundo de este tiempo precioso que es el tiempo pascual (¡Jesús Resucitado es fascinante!), comenzara a denominarse en la Iglesia, "Domingo de la Misericordia Divina". Y fue entonces, poco después de participar lúcidamente en la Misa de ese domingo, celebrada a los pies de su cama por su secretario, don Estanislao, cuando se cumplió el deseo que Juan Pablo II había manifestado tenuemente y amorosamente en su agonía: "Déjenme partir a la casa del Padre".

Creo que si algo necesita hoy el mundo es la misericordia infinita de Dios: ¿es necesario enumerar los motivos?... Sólo quisiera recordar lo que el Papa decía un año antes de irse al cielo: "celebramos el domingo de la Misericordia divina. El Señor nos envía también a nosotros a llevar a todos su paz, fundada en el perdón y en la remisión de los pecados. Se trata de un don extraordinario, que quiso unir al sacramento de la penitencia y de la reconciliación. ¡Cuánta necesidad tiene la humanidad de experimentar la eficacia de la misericordia de Dios en estos tiempos, marcados por una incertidumbre creciente y por conflictos violentos!".

Y el año anterior había invocado especialmente a la Virgen "como Madre de la Misericordia divina, orando por toda la familia humana, conscientes de que sólo en la misericordia de Dios el mundo puede encontrar la paz".

Desde entonces hasta hoy, me parece que cada día aumentan los motivos para rezar más y con mayor devoción la Salve.

lunes, 13 de abril de 2009

¡FELICES PASCUAS!


¡Jesús, que murió en la Cruz el Viernes Santo, vive y ya no muere más!... ¡Felices Pascuas!
Quisiera ser poeta, porque eso tan Grande sólo se puede describir con sensibilidad de artista. Recurro a José Miguel Ibáñez, invitándolos a escribir JESÚS, ¡naturalmente!, donde él dice Dios.

Yo canto y bailo porque Dios existe
y el corazón me ronca en las entrañas
porque Dios existe ¡no se dan cuenta!
ando por la calle riéndome solo
de puro gusto ¡porque Dios existe!
de noche despierto bañado en lágrimas
y si es de día les ofrezco un brindis
porque Dios existe ¡salud a todos!
permítanme que dé unos pocos saltos
y que nadie esté triste ¡vive Dios!

¡FELICES PASCUAS!

¡Jesús, que murió en la Cruz el Viernes Santo, vive y ya no muere más!... ¡Felices Pascuas!
Quisiera ser poeta, porque eso tan Grande sólo se puede describir con sensibilidad de artista. Recurro a José Miguel Ibáñez, invitándolos a escribir JESÚS, ¡naturalmente!, donde él dice Dios.


Yo canto y bailo porque Dios existe
y el corazón me ronca en las entrañas
porque Dios existe ¡no se dan cuenta!
ando por la calle riéndome solo
de puro gusto ¡porque Dios existe!
de noche despierto bañado en lágrimas
y si es de día les ofrezco un brindis
porque Dios existe ¡salud a todos!
permítanme que dé unos pocos saltos
y que nadie esté triste ¡vive Dios!

viernes, 10 de abril de 2009

VIERNES SANTO


No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

VIERNES SANTO


No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.


Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.


Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.


No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

jueves, 9 de abril de 2009

FIESTA DE LOS SACERDOTES

Es Jueves Santo. Por primera vez, desde que fui ordenado sacerdote, esta mañana no fui a laMisa Crismal en la Catedral de Montevideo. No fui porque ya había participado en ella el Lunes Santo en Paysandú, mi nuevo destino pastoral. La decisión del Obispo de celebrarla en la Basílica sanducera, antes del Jueves Santo, se demostró acertada: pudieron participar todos los sacerdotes, rebosaba de fieles el templo, felices todos rezando por sus curas, aplaudiéndolos...
Es Jueves Santo, la Fiesta Mayor de los sacerdotes: hoy empezó, hace más de dos mil años, nuestro sacerdocio. Me pregunto cómo sería el mundo si no existiéramos... Vienen a la imaginación una tierra agrietada, unos árboles secos, unos ríos sin agua, unos océanos negros. Y escucho llantos de niños y de mujeres, y veo los ojos opacos de los hombres y a los viejos moribundos agitarse sin consuelo, sin auxilio ni esperanza...

No es poesía. Recuerdo que, al poco tiempo de ser elegido, Juan Pablo II decía a los sacerdotes de Roma: "Somos necesarios a los hombres, somos inmensamente necesarios y no a medio servicio ni a medio tiempo, como si fuéramos unos 'empleados'... Sí, de hecho, el Señor parece decirnos: 'Tengo necesidad de tus manos para seguir bendiciendo / tengo necesidad de tus labios para seguir hablando / tengo necesidad de tu corazón para seguir amando / tengo necesidad de ti para seguir salvando'".

El Obispo, en Paysandú, habló de nuestra participación en el sacerdocio de Jesucristo, Sacerdote Eterno, y de la necesidad imperiosa de estar unidos a Él como los sarmientos en la vid: si no, no daremos ni una uva. Éramos 30 curas... para atender a bastantes más de 300.ooo personas. Fueron presentados tres candidatos -Raúl, Martín y Christian- que quieren recibir el orden sacerdotal: el Obispo pidió oraciones por ellos. Y para que vengan diez veces más.

Un amigo sacerdote me contó que, además de su parroquia, tiene que atender él solo 22 capillas... Esta tarde, en la Misa de la Cena del Señor va a ser una de pedir, de pedirLe, de PedirLe...

lunes, 6 de abril de 2009

LA EPOPEYA DE LOS ANDES (3)


Después del alud, los sobrevivientes tuvieron una presencia de Dios aún más intensa. Moncho Sabella, enterrado bajo la nieve, pensando que se moría, asegura: “la paz que estaba viviendo en mi muerte en el alud se debía a que me estaba muriendo bien. Porque la peor cosa que nos podía suceder en esas circunstancias era irnos con cuentas pendientes, creyendo que habíamos dejado algo deshonesto y desleal en nuestro pasaje por la Tierra”. Y recuerda que “una noche, en el fuselaje, nos preguntamos: si nos íbamos a morir el próximo día, que hubiéramos cambiado en la vida que habíamos llevado hasta entonces. Recuerdo que era una ronda en laque cada uno decía lo que sentía, uno después el otro. (...) Uno decía que se arrepentía de todas las disputas innecesarias que había tenido con su familia, otro se lamentaba de no haber dicho muchas más cosas que tenía para decir a la gente que quería, a otro le dolía haberse preocupado más de lo necesario, descuidando el disfrute de las pequeñas cosas, y cuando me llegó el turno dije que no tenía nada que cambiar, creía que no tenía ninguna asignatura pendiente. Y si me muero hoy, lo hago tranquilo de que hice lo que tenía que hacer”.

“Coche” Inciarte, a su vez, tiene siempre en presente el proceso que fue desarrollándose en su interior y las conclusiones a las que llegó cuando, habiendo partido Parrado y Canessa en busca de ayuda, ya no tenía fuerzas para nada.

“El jueves 21 (de diciembre) ni siquiera podía incorporarme, mis necesidades me las hacía encima, aunque era lo que menos me importaba, cuando hacía más de dos meses que no me sacaba los varios pares de pantalones que usaba. Esa noche, curiosamente, la pasé revalorizando todo. Había aprendido en esos últimos días de moribundo que la vida había que merecerla, no se recibía de regalo, y para merecerla había que entregar algo, fundamentalmente afecto, y vaya si lo habíamos entregado a los amigos vivos y muertos en todos esos días. Y pensaba todo eso porque me estaba preparando para morir, estaba cada vez más cerca, a tres días exactos, los contaba por horas. Todo se había truncado demasiado rápido, pero había valido la pena”.

“(…) “En una libretita apunté todo lo que quería hacer si salía vivo. Le pedía a Dios que me enseñara a llenar ese hueco inmenso que se nos había abierto, un hueco metafísico que no puede llenarse con banalidades ni con conquistas materiales. Allá arriba, en la miseria más absoluta, hallé la respuesta, encontré cómo llenarlo, y anoté lo que iba a hacer si sobrevivía, cómo iba a llenar ese hueco sin caer en las tentaciones fáciles y fútiles de la sociedad convencional. En estos años que me tocó vivir, creo que he cumplido con algunos de los deberes con los que me comprometí, lo que tengo escrito en esa libretita que guardo siempre a mi lado, porque me impide, hasta hoy, que pierda el rumbo. Es la brújula abollada que teníamos en la montaña.
“Cuando salí, a los ocho meses me casé; lo hubiera hecho al mes siguiente, porque estaba en el primer lugar de la lista, pero no me hallaba en condiciones físicas, había perdido la mitad de mi peso, necesité ocho meses para recuperarme. Al año nació mi primer hijo, lo segundo en la lista, que me trajo uno de los momentos más vibrantes que he tenido en mi vida. Y después otra hija, y luego el tercero, y con ellos crecidos, criados, y con muchas otras cosas que me había impuesto, pude poner la palabra “fin” a la última hoja de esa libretita que llené con la letra trémula por el frío y el miedo, en el fuselaje del F 571”.

LOS QUE SE FUERON



Quizás una de las mayores preocupaciones que tenemos es el éxodo de tantos católicos hacia otras religiones… y hacia la nada. Y seguramente nos estrujamos el cerebro pensando cómo conseguir que vuelvan a la Iglesia.
En Estados Unidos, la diócesis de Phoenix ha puesto manos a la obra y, en muy poco tiempo, ha conseguido que varios miles de fieles regresaran a casa. Vale la pena conocer la iniciativa Católicos regresen (pinchar ahí).


En el sitio se recogen una excelente presentación de lo que es la Iglesia Católica, preparada para TV, y algunos testimonios de personas que volvieron a casa. Se encuentran también respuestas a las preguntas más frecuentes que se hacen quienes, habiendo abandonado la Iglesia, desearían volver a ella.
Es verdad que el entorno cultural de los católicos USA es un poco diferente del nuestro, pero lo que han hecho allá puede inspirar distintas iniciativas de los que estamos acá. Creo que estamos de acuerdo en que... ¡es urgente conseguir que vuelvan a casa los que se fueron!

jueves, 2 de abril de 2009

LA PARÁBOLA DEL PERRO

De Madrid me mandaron esta foto conmovedora… Y me vino al recuerdo “La parábola del perro” que escribió hace años el P. Horacio Bojorge, s.j., conocido sacerdote uruguayo.
En esta Semana Santa, que ya comienza, crecemos en amor de Dios viviendo las ceremonias litúrgicas, en primer lugar, y ocupando en la Pasión y Muerte de Jesús el lugar que más nos guste, que bien puede ser el del perro de esta “parábola”, de la que solamente he copiado unos versos.

Cuando quise saber cómo hay que orar,
recurrí en vano a libros y teorías.
Miré a mi perro. Y éste –sin hablar-
me enseñó, con su ejemplo, lo que haría
si Dios fuera mi dueño y yo, su can.

Y todo quedó claro como el día.
¡Cuánto nos pueden enseñar los canes,
con su llano, modesto, humilde ejemplo,
con sinceras posturas y ademanes
a adorar al Señor sin fingimientos;
a acudir a rogarle que nos sane
y a volcar ante Él los sentimientos!

Lo primero es que un perro,
no menea su cola
ante un concepto ni una idea.
Venera a un dueño real. Que, o bien lo mima
o, si se cuadra, se enoja y lo patea.
Jamás confunde lo que se imagina
con lo que está presente y se olfatea.

¿Y saben lo que me hace pensar eso?
Que hay gente que no reza, o reza mal,
porque toma por Dios al propio seso.
Y extraviada en sus modos de pensar
le pierde el rastro a la Presencia real
de Dios, que está en Jesús en carne y hueso.

El punto es capital, por eso insisto.
El Dios vivo, el Dios real –no imaginado-
el Dios tal como Él es y se ha mostrado
y está presente hoy, es Jesucristo
en su existencia de resucitado.

Si Jesucristo es Dios, Dios en persona
y quiero ser su fiel –fiel como un perro-
el perro nuevamente me alecciona
y me permite examinar si yerro.

El perro de Jesús –si es que lo tuvo-
viéndolo muerto en cruz, ¿qué es lo que haría?
¿Verdad que allí, a sus pies, se tiraría
a morirse de pena? ¡No lo dudo!

¿Y yo?... Cuando contemplo el crucifijo…
¿Siento en mí más dolor, siento más pena?
¿Es tanta la aflicción con que me aflijo?
¿O estoy ante la Cruz como una hiena,
sin piedad, sin dolor, sin compromiso…?
Si su muerte -¡por mí!- me deja frío,
¡el proceder del perro me condena!

LA PARÁBOLA DEL PERRO


De Madrid me mandaron esta foto conmovedora… Y me vino al recuerdo “La parábola del perro” que escribió hace años el P. Horacio Bojorge, conocido sacerdote uruguayo.
En esta Semana Santa que ya comienza y es la semana más importante del año, creceremos en amor de Dios viviendo las ceremonias litúrgicas, en primer lugar, y ocupando en la Pasión y Muerte de Jesús el lugar que más nos guste, que bien puede ser el del perro de esta “parábola”, de la que solamente he copiado unos versos.

Cuando quise saber cómo hay que orar,
recurrí en vano a libros y teorías.
Miré a mi perro. Y éste –sin hablar-
me enseñó, con su ejemplo, lo que haría
si Dios fuera mi dueño y yo, su can.

Y todo quedó claro como el día.
¡Cuánto nos pueden enseñar los canes,
con su llano, modesto, humilde ejemplo,
con sinceras posturas y ademanes
a adorar al Señor sin fingimientos;
a acudir a rogarle que nos sane
y a volcar ante Él los sentimientos!

Lo primero es que un perro,
no menea su cola
ante un concepto ni una idea.
Venera a un dueño real. Que, o bien lo mima
o, si se cuadra, se enoja y lo patea.
Jamás confunde lo que se imagina
con lo que está presente y se olfatea.

¿Y saben lo que me hace pensar eso?
Que hay gente que no reza, o reza mal,
porque toma por Dios al propio seso.
Y extraviada en sus modos de pensar
le pierde el rastro a la Presencia real
de Dios, que está en Jesús en carne y hueso.

El punto es capital, por eso insisto.
El Dios vivo, el Dios real –no imaginado-
el Dios tal como Él es y se ha mostrado
y está presente hoy, es Jesucristo
en su existencia de resucitado.

Si Jesucristo es Dios, Dios en persona
y quiero ser su fiel –fiel como un perro-
el perro nuevamente me alecciona
y me permite examinar si yerro.

El perro de Jesús –si es que lo tuvo-
viéndolo muerto en cruz, ¿qué es lo que haría?
¿Verdad que allí, a sus pies, se tiraría
a morirse de pena? ¡No lo dudo!

¿Y yo?... Cuando contemplo el crucifijo…
¿Siento en mí más dolor, siento más pena?
¿Es tanta la aflicción con que me aflijo?
¿O estoy ante la Cruz como una hiena,
sin piedad, sin dolor, sin compromiso…?
Si su muerte -¡por mí!- me deja frío,
¡el proceder del perro me condena!