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sábado, 9 de enero de 2021

TE DEUM AL TERMINAR ESTE AÑO

 El poeta Jesús Beades explicaba en la revista literaria Leer por leer la similitud entre la columna de prensa y el poema: «Su brevedad, la necesidad de ceñirse de algún modo a algún dato real, su tendencia al final lapidario o iluminador o paradójico, el hecho de enfatizar un aspecto de la realidad, y sólo uno, arrojando la luz de la inteligencia sobre éste por un momento…» César González Ruano o Manuel Alcántara o ambos fueron aún más allá y emparentaban la columna periodística al soneto, nada menos.

Hay otra coincidencia esencial: ni la columna ni el poema deben repetir lo consabido. Lo poético, dice Gómez Dávila, no es lo que sirve para escribir un poema, sino lo que ya sirvió; y la opinión general no es lo que vale para una columna de opinión, sino lo que se sostuvo a solas y antes −si hubo suerte− de que fuese común. Este carácter contradictorio me viene hoy de maravilla para defender una viejísima tradición.

El último día de año se entona un Te Deum de acción de gracias a Dios por lo bueno del que acaba. ¿Del año 2020? Sí, también. Si se ha entonado todos los años durante siglos, cuando hubo pestes, terremotos, heladas, hambrunas, guerras e incluso revoluciones, ¿por qué este año no? Estamos cayendo en el tópico unánime de decir que el 2020 ha sido desastroso a bulto, incluso "maldito", y podemos estar siendo algo injustos, hasta con nosotros mismos. Será prácticamente imposible ser ecuánimes en aquellos hogares (¡tantos!) que hayan perdido a algún familiar o amigo.

Ni será nada fácil para aquellos que económicamente lo estén pasando muy mal. Los demás, ¿tenemos derecho a quejarnos lo mismo que ellos? ¿No deberíamos juzgar el año día a día, caso a caso? Desde luego, por honor a la verdad y para ser agradecidos a las cosas buenas que seguro que también nos han pasado o hemos hecho en estos 365 días, que serán muchas.

Pero además por la alegría de volver verlas: la intimidad con la familia del confinamiento; la piedad con los que sufrían; el trabajo bien hecho desde casa; y, en el peor de los casos, los últimos momentos felices con aquellos que se han ido. Si durante el día de hoy nos disponemos a hacer un solemne agradecimiento, rebuscaremos los motivos y los recordaremos. Cimentaremos mucho mejor la fiesta de esta noche; contrastaremos las razones evidentes de queja y podremos desearnos en serio, sin tópicos, con el listón más alto, que el 2021 sea mejor.

Enrique García-Máiquez, en diariodecadiz.es

lunes, 14 de diciembre de 2020

RECUERDO DE ÁNGEL BENITO

El día 11 de noviembre falleció en Madrid, a los 91 años, Ángel Benito Jaén, maestro de periodistas, impulsor de las facultades de comunicación en España y gran estudioso del fenómeno informativo.


Ángel Benito acaba de terminar su carrera en este mundo. Y siento una pena grande. El año pasado, estando yo en Madrid unos pocos días, hablamos por teléfono y quedamos en que iría a verlo a su casa: - ¡Señor obispo, me darás una gran alegría!, me dijo. Pero no pudo ser: tuve que ir a ver a un amigo, muy enfermo, y debí conformarme con otra llamada a Ángel para avisarle del desencuentro. Y aproveché para preguntarle: - Oye, ¿por cuántos años estás ya? – Bueno, me respondió, esta información no suelo darla, pero en fin… ¡Ya estoy en los 90! Pensé: ¡genio y figura…! Quedamos en que, sí o sí, nos veríamos en mi próximo viaje…

          Conocí a don Ángel en julio de 1964, cuando, recién llegado a la Universidad de Navarra, yo iba de asombro en asombro recorriendo el Edificio Central: cada cosa estaba exactamente en su sitio, muy limpios los pisos y hasta delicadamente perfumados los baños, algo nunca visto. Don Ángel apareció en un pasillo (nos conocíamos sólo por cartas) y me saludó cordialmente. Y me descolocó con esta pregunta: - ¿Cómo está el Cardenal Barbieri?...  Solté un “bieeen”, recurso inútil para esconder mi ignorancia sobre el tema. ¿Cómo este hombre, pensé, puede conocer al arzobispo de Montevideo? Fue el mayor asombro de aquella mañana. (Ángel disfrutaba con estos desconciertos).

          Al terminar un mes más tarde un curso de verano, don Ángel presidió el tribunal que examinaba a los futuros alumnos de Periodismo. De todas las preguntas, solamente recuerdo la que él me hizo. - ¿En qué modelo de avión viajó usted desde Uruguay a España? – En un DC 8 de Iberia. - ¿Quién lo fabrica? – La Boeing. - ¿Y los motores? – Los motores son Rolls Royce. Está bien, hemos terminado, me despidió complacido.

          En el primer año de la carrera, don Ángel explicaba Redacción Periodística. Aprendí muchas cosas. Por ejemplo, que antes de ponerte a escribir es necesario hacer un esquema, “y cuanto más completo sea, mejor escribirán”. Buena enseñanza, la tengo experimentada. También aprendí a titular, “un arte difícil, en el que interviene la sonoridad de las palabras, que suele ser heredada”…, pero en todo caso, “más importa ser honrados al titular”.

          Una vez, nunca lo olvidé, elogió con entusiasmo una entrevista a Pablo J. de Irazazábal, publicada en el periódico Redacción: - ¿Qué es un periodista? – Es la persona más importante de la actualidad. - ¿Y qué es un intelectual? – Lo previo a ser periodista. (Y Ángel le sacaba punta a esta idea…).

          Don Ángel explicaba también Teoría general de la información y Teoría de la opinión pública. Eran clases magistrales, muy bien preparadas, muy bien leídas, que nadie interrumpía. Nos hablaba de la finalidad de los medios de información, del respeto a la libertad informativa y de la necesaria responsabilidad del que informa… (De yapa, digamos, a veces transmitía experiencias como estas: “El periodista vive de la discreción propia… y de la indiscreción ajena”. O, hablando sobre la importancia de la actualidad: “Más que lo que pasa, importa lo que queda”…).

          Al terminar la carrera me fui a Roma dos años y estuve estudiando Teología. Pero algunas mañanas, en distintas bibliotecas, seguí leyendo sobre las dos “Teorías” que explicaba Ángel: me habían conquistado. De manera que, al regresar a Pamplona en el curso 69-70, me ofrecí por si había algo…

          Me nombró Ayudante de Teoría de la información y, siendo él director de la revista Nuestro Tiempo, quiso que me desempeñara también como secretario de redacción.

          Durante dos cursos nos vimos diariamente, en el Instituto de Periodismo y en la redacción de la revista, en la calle Paulino Caballero. Trabajé mucho y me reí mucho con Ángel: siempre elegante en su vestir, siempre amable, ligeramente irónico, siempre confiado, dándome responsabilidades y escuchando mi opinión, no es poco.

          Otros han dado ya buena cuenta, y más la darán, de la trascendencia de su labor en el campo de la Comunicación. Esta mañana yo ofrecí por el alma de Ángel la Misa que celebré; es lo mejor y lo más grande que puedo hacer por él, infinitamente más que aquella visita que no pudo ser y que me ha dejado un regusto agrio…

 

 

           

          


sábado, 17 de octubre de 2020

TENGO RECUERDOS GRATIS-2

 

jueves, 4 de noviembre de 2010

ESO DE SER OBISPO... ¿DE QUÉ VA?

Gabi y Sito son sobrinos míos, viven en Madrid. Gabi es una chica muy mona y tiene pasión por el estudio (ha estudiado Hotelería, seguirá Marketing; en la foto, con la perra Olivia, de mi hermana Marga), aunque no sé si su pasión puede igualarse con la que siente Sito (Tomás, Tomasito = Sito) por la música. Sito es el fundador-compositor-director de un conjunto que se llama MyAlterEgo . (En la foto, Sito tragándose el micrófono).
El caso es que, cuando supieron que iban a tener un tío obispo, los dos me escribieron unos preciosos mensajes de felicitación. Sito, alegrándose conmigo por el nombramiento, me dijo con mucha sinceridad que no tenía mucha idea "de qué iba eso" de ser obispo... De ahí estas líneas.

Muy queridos Gabi y Sito: anteayer estuve otra vez en Minas, mi lugar de residencia habitual después del 28 de noviembre, cuando seré ordenado obispo. Cuando estaba llegando a la ciudad y empecé a ver las sierras y las combinaciones de verde de los árboles y el contraste con el azul celeste del cielo y... ¡bueno!: tienen que prometerme que un día vendrán a conocer los paisajes más encantadores del Uruguay. Esta primera idea es importante.

Pero hoy ustedes quieren saber qué haré yo como obispo o, mejor dicho, qué es lo que se espera que haga un obispo. Lo que se espera es parecido a lo que hace Sito con su orquesta. No me olvido del ensayo de MyAlterEgo, cuando estuve en enero pasado. ¡Cómo sonaba!... Sito estaba en su salsa por completo: corrigiendo el ritmo de la batería, animando al guitarra y al bajo, repitiendo la canción una y otra vez... Lo que a mí me corresponderá hacer, como obispo, es aunar los distintos instrumentos, de tal manera que la música salga... ¡como debe salir!: afinada, fiel a la partitura de su compositor.

Una vez, hace años, leé que en Inglaterra le habían dado a Paul Mc Cartney un premio importante, porque "Yesterday" es la canción más interpretada de la historia: de ella se han hecho algo así como 3.700 versiones... Es la misma música, pero la han interpretado desde Plácido Domingo hasta... ¿MyAlterEgo?

Bueno, en la Iglesia Católica, el Papa y los obispos (es el Papa quien nos elige) tenemos que estar vigilantes (obispo viene de "episkopo", en griego, que quiere decir eso, "vigilante"), para que, a lo largo de los siglos, la presencia de Jesús se mantenga viva y su mensaje sea siempre el mismo que Él nos dejó como la herencia más preciosa. Ustedes conocen a algunos sacerdotes de distintas Órdenes religiosas, a monjas y a algún monje... y, sobre todo, tienen cantidad de amigas y amigos que se toman en serio su fe, a otros que no tanto, a otros que quisieran conocer a Jesús pero nadie se los enseña... La misión del obispo es ayudar a todos a estar muy cerca de Él, dándolo a conocer y animando, a quienes ya lo conocen, a que difundan por todas partes el Evangelio, con su ejemplo de cristianos y con su palabra. ¡Todos la misma melodía, como "Yesterday", pero con gran variedad de acentos! No me dirán que no es apasionante...

Pero... hay un PERO: los colaboradores inmediatos del obispo son los sacerdotes: sin ellos, ¿qué va a hacer? Y resulta que, en Minas especialmente, son MUY POCOS. Por eso les tengo que pedir como el favor más grande: recen para que muchos muchachos se decidan a ser generosos con Dios y encuentren -¡Dios se la dará si se lo pedimos!- la vocación sacerdotal, que es la más grande que hay. Yo, ¿qué quieren que les diga? Hace 37 años que soy cura... ¡y no me cambio por nadie!

Por hoy es bastante. Algo les he dicho; lo suficiente, Gabi y Sito, para que a sus amigos puedan decirles: - ¿Sabéis que tengo un tío obispo? (¡Esto farda mucho!, ¿verdad?) Y te dirán: - ¡Ahí va! ¿Y qué hace ese tio? Y ustedes podrán responder: - Pues..., ¡dirige una orquesta!

Con todo cariño, un abrazo enorme,

Jaime


viernes, 16 de octubre de 2020

TENGO RECUERDOS GRATIS-1

 

martes, 19 de octubre de 2010

COMO UNA CATARATA



Estoy abrumado; abrumado y muy contento. El sábado 16 celebré Misa en la Catedral de Salto, a las 7.30 de la mañana, como he hecho habitualmente durante mis sábados salteños. Después de rezar Laudes, no dejé pasar la ocasión de pedir que rezaran por el nuevo obispo de Minas...
Al terminar la Misa y hasta la noche –no exagero-, durante el viaje en auto a Paysandú y en ómnibus hasta Montevideo, recibí una catarata de SMS y llamadas por el celular. El domingo continuó el concierto electrónico, hasta que me embarqué en Colonia rumbo a Buenos Aires, donde estoy ahora abrumado por tanto cariño que agradezco muy de veras, y sin conexión de celular. Me han felicitado cantidad de amigos, sacerdotes muchos de ellos, y también feligreses de Minas que aún no conozco. Les he pedido a todos que recen por mí y lo reitero ahora.
El sábado y el domingo se leyó en las parroquias y capillas de la diócesis esta carta, que quiero compartir también con ustedes.




Muy queridos fieles de la Iglesia que vive en la diócesis de Minas:

Hoy se ha hecho público que el Santo Padre, Benedicto XVI, me ha encomendado ser Pastor de esa preciosa porción de la Iglesia Católica. Desde que lo supe empecé a encomendarme y a encomendarlos a todos a la Santísima Virgen, la Inmaculada del Verdún. ¿En qué mejores manos podremos estar que en las de nuestra Madre?

Por una coincidencia no buscada, el anuncio de mi nombramiento se ha hecho cuando se cumple un nuevo aniversario de aquel inolvidable 16 de octubre de 1978, en que fue elegido el gran papa Juan Pablo II. Recuerdo, haciéndolas muy mías, sus primeras palabras: dijo que había sentido miedo al recibir la designación, pero que la había aceptado “con espíritu de obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre María Santísima”. Minas está amparada por el manto celeste de Nuestra Señora y yo también quiero cobijarme en él.

Espero ir muy pronto a conocerlos y escucharlos. El 19 de abril pasado fue la última vez que estuve en la diócesis, celebrando en el Verdún el 50º aniversario de su creación y la erección del Santuario. Entonces no podía pensar que seis meses más tarde estaría escribiendo esta carta. Los caminos de Dios no son, sin duda, nuestros caminos.
Quisiera agradecerle especialmente a Monseñor Rodolfo Wirz, con quien compartimos una amistad que se remonta a nuestros estudios liceales, la abnegación con que, durante este tiempo de sede vacante, ha desempeñado el cargo de Administrador Apostólico de la diócesis: que el Señor premie su esfuerzo con muchas bendiciones.
En esta semana que comienza estaré en Argentina haciendo un retiro, como preparación para la ordenación episcopal. Les ruego que recen por mí. De modo especial lo pido a cada uno de mis hermanos sacerdotes, con quienes me siento íntimamente unido.
A los enfermos, en primer lugar, y a todos, les envío una bendición llena de afecto en el Señor,

Jaime Fuentes
Obispo electo de Minas

TENGO RECUERDOS GRATIS

Hoy se cumplen 10 años desde que el Papa Benedicto XVI me nombró Obispo de Minas. Y, nostálgico que es uno, fui a buscar en este blog el año 2010. Para mi sorpresa (pasa el tiempo, las neuronas se gastan...) encontré varios posts en los que dejé testimonio de lo sucedido. A la vuelta de una década, pienso que tiene interés desempolvar esos recuerdos y ofrecerlos...   

16 de octubre de 2010

DIBUJAR UN CORDERO... Y ALGO MÁS

Hoy ya es público que el Papa Benedicto XVI me ha nombrado obispo de la diócesis de Minas. El martes pasado me lo comunicó el Señor Nuncio Apostólico y le respondí que sí, que aceptaba. Entonces se renovó en mi interior la impresión de Saint-Exupèry: cuenta que, mientras trataba de arreglar su avión en el desierto, se le apareció un Principito pidiéndole que le dibujara un cordero… Comenta el escritor: “Cuando el misterio es demasiado impresionante, no es posible desobedecer”.
Desde ese día recomencé la lectura del libro de Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos!, que el gran Papa le regaló a la Iglesia pocos meses antes de irse al Cielo. La actitud interior con que lo estoy leyendo ahora es muy distinta de la primera vez, cuando apenas fue publicado. Entonces sentía el interés natural por conocer este libro del Santo Padre, para conocer sus experiencias como obispo desde que fuera nombrado cuando tenía solamente 38 años.

En esta segunda lectura me sorprendo a mí mismo identificado con el sentimiento de Karol Wotyla, cuando supo que había sido nombrado Obispo auxiliar de Cracovia. Cuenta que, después de conocer la noticia, tomó el tren de regreso… “Llevaba conmigo el libro de Hemingway 'El viejo y el mar'. Leí durante casi toda la noche y solo conseguí adormecerme un rato. Me sentía más bien raro...”. Un poco más adelante vuelve a aparecer esa “rareza”: lo felicitan por el nombramiento y él dice: “Sonreí y me alejé, dirigiéndome al grupo de los amigos, donde tomé mi canoa; pero cuando me puse a remar, me sentí de nuevo un poco extraño”.
Exactamente así estoy yo ahora, y no es para menos: que te llamen para ser -¡ay, Señor!- sucesor de los Apóstoles, es excesivamente grande. Lo explica Juan Pablo II en su libro: “Precisamente durante aquellos días había oído estas palabras (“sucesor de los Apóstoles”) de boca de un físico conocido mío (…) Yo, un sucesor, pensaba con gran humildad en los Apóstoles de Cristo y en aquella larga e ininterrumpida cadena de obispos que, mediante la imposición de las manos, habían transmitido a sus sucesores la participación en la misión apostólica. Ahora tenían que transmitírmela también a mí. (…) ¡Admirable don y misterio!”.
Hoy no puedo decir más. Lo que me ha caído encima es bastante más complicado que dibujar un cordero: tengo que ser, de veras, un Buen Pastor.
El domingo me iré de retiro a Argentina: creo que es lo más “práctico” que puedo hacer. Por favor, acompáñenme rezando por mí y por la diócesis de Minas: ¡gracias, que Dios los bendiga!

viernes, 21 de agosto de 2020

PANDEMIA, NOSTALGIA Y PANDEMONIO

    

Pandemia -¡que fea palabra!- viene de pan (todos) y dem (pueblo), y nosema (enfermedad). Pandemonio es palabra mucho más fea todavía: demonio viene de deimonion y ya se imaginan: todos los diablos juntos… Bueno, esta pandemia se está convirtiendo en pandemonio: “lugar de mucho ruido y confusión”(RAE).   El “lugar” son todas las latitudes y longitudes del mundo: que si la vacuna rusa, china y USA; que el mejor remedio para el bicho es la hidroxicloroquina; ¡NO!, el Redemsivir; ¡NO!, las cabezas de ajo en jugo de limón…

Y el número de contagiados y de muertos, discriminados según su número y según quién los cuenta, que esto también importa. Y si la mascarilla y los tapabocas (porque no son lo mismo, dicen) aunque también los hay que ni una ni otro, porque ninguno de los dos sirve para nada... Y los protocolos para cuanto se te ocurra hacer, y los pronósticos, que se contradicen hoy, ayer y mañana. 

Pero entonces, menos festejada que nunca y por eso más deseada, aquí está, insobornable, “¡La Noche de la Nostalgia!”. Sin duda, mucho antes que la música de los Beatles y los Bee Gees, y todos los etcéteras musicales,  sentimos nostalgia de besos y abrazos; de apretones de manos y de caricias; de hablar de cerca y viéndonos las caras; hay nostalgia de hacer visitas y de recibir visitas; de reuniones de amigos; de fiestas de casamiento y de despedidas; de velorios y entierros en serio, por así decir; de partidos de todos los deportes y de hinchas que gritan y se abrazan; y… ¿para qué seguir?

En este pandemonio universal, una niña de no más de diez años, sin barbijo y con delicioso desparpajo, se acerca al sacerdote en la calle (lo reconoce por el cuellito) y le pregunta: - ¿Tú sos Padre? – Así es. - ¿Qué vas a hacer en la noche de la nostalgia? – La verdad es que no tengo nada pensado… Y ella, sin darle tiempo a ensayar algo: - ¿Sabés que voy a hacer yo?... Voy a acompañar a mi abuela. – Ah, ¡qué bien! – Ella me invitó. ¿Y sabés para qué? (se le iluminan los ojos): ¡Para rezar juntas el Rosario! ¡Chau, me voy!

Entonces, en un instante, se hace la luz: ¡al diablo con el pandemonio! Los niños enseñan, el sacerdote aprende…  ¿De qué puede tener nostalgia una criatura de diez años?...  No sabe ni qué significa la palabra. Pero la invitación de la abuela a rezar con ella, le sabe a gloria: desde siempre y hasta siempre, también en “la nueva normalidad”, la nostalgia de Dios sólo Dios la llena. 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

¡ESPERANZA, COMPAÑEROS!

      Estoy cansado, la verdad sea dicha. Primero fue para legalizar el aborto; ahora, para legalizar la eutanasia y el suicidio. Decían y dicen: “usted no puede imponer a nadie sus creencias religiosas”. Estoy cansado de explicar que no se trata de “imponer” sino de “proponer”, porque en una sociedad democrática la “creencia religiosa” tiene tanto derecho a ser propuesta, como toda la gama de ideologías que están detrás de no pocas argumentaciones. Insisten: “sus compromisos religiosos le impiden ser objetivo”… Y yo digo que cada uno hace sus objetivas elecciones y trata de ir viviendo: con Dios o con el diablo.

     Vayamos al núcleo de la cuestión. Es obvio que, detrás del empeño para que se dé a los médicos licencia para matar, lo que hay es un completo ateísmo, es decir, la convicción de que Dios no existe. En consecuencia, la vida es mía y solo mía, y puedo decidir terminar con ella cuando tenga “insoportables dolores”… o en cualquier momento, ¿por qué no? Naturalmente, si Dios no existe no hay nada que esperar después de la muerte, ni premio ni castigo: desaparecemos y… “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

    Concebir mi vida sin Dios y sin esperanza, me provoca una auténtica angustia, qué quieren que les diga. Pero la angustia se convierte en desolación, si imagino que la mayoría de mis compatriotas son ateos, es decir, que viven convencidos de que Dios no existe. ¿Será así? No, no me lo creo; la experiencia me dice otra cosa.

   Sería desolador en lo personal y en lo colectivo. Un personaje de Los Hermanos Karamazov aseguraba con razón: “Si Dios no existe, todo está permitido”. El suicidio porque tengo fuertes dolores; o porque me aburrí de vivir, ¿qué más da?

      Mi fe religiosa, en cambio… Mi fe religiosa, aquello en lo que yo creo (not to think but to believe), que llena de luz mi vida y me señala por dónde tengo que caminar para llegar al cielo, me dice algo tan hermoso como esto: Este mundo es el camino para el otro /que es morada sin pesar/ mas cumple tener buen tino/ para andar esta jornada sin errar…


      Me preguntan: - ¿Y por qué usted cree en lo que cree? – Porque lo aprendí de chico, lo estudié de adolescente, lo profundicé de joven y en la madurez; y ahora, que soy viejo, cada día admiro y amo más: porque lo que mi fe me propone es ¡divino!, literalmente y sin ninguna duda.

      Siguen preguntándome: - ¿Y por qué dice que no a la eutanasia? – Porque me sé portador de un principio de vida espiritual, que se llama alma, que no lo recibí de mis padres sino de Dios. Es espiritual, no se ve, pero gracias a ella es que puedo crear, imaginar, soñar más allá del espacio y del tiempo, más allá de mi misma vida…

       Continúan preguntando: - ¿Para usted qué es el hombre, qué dice su fe? – ¡Para mí, para mí!… ¿A quién le importará mi “para mí” en estos asuntos? Como si se tratara de opinar sobre un celular o sobre un futbolista… En fin, dejémoslo estar. Lo que dice mi fe se encuentra en el libro del Génesis: que el hombre fue creado por Dios “a su imagen” y “le insufló un aliento de vida”, ¡de su misma vida divina! En consecuencia: los padres de una criatura le dan a un hijo la vida física, pero es el mismo Dios quien crea para Él un alma que lo hace ser persona, único, irrepetible… (Una mamá me contó que, haciendo un poco de aspaviento, le había pedido a su hijo de seis años: - ¿No le vas a dar eso a tu madre, ¡a tu madre que te dio el ser!?”. Y su hijo: - ¿Qué es el ser? La madre, sorprendida: - ¿El ser?... Bueno, la vida… El hijo: - Vos no me diste el ser. - ¿Ah, no? ¿Quién te lo dio?... - ¡Dios!, ¿quién va a ser?). Sigamos.

     De manera que, desde hace desde hace no menos de treinta y pico de siglos, cuando se habría terminado de componer el Genésis, los hombres sabemos quiénes somos: “imagen de Dios”, del único Dios, el que creó este planeta Tierra y lo dio como regalo al hombre, por puro amor, para que lo disfrutara y lo cuidara, y al que insufló su aliento divino. Aliento que, obviamente, no está compuesto de partes y por lo tanto no puede corromperse. En suma: el hombre tiene un alma inmortal, que perdura más allá de la muerte del cuerpo. El ser humano está destinado, siendo imagen de Dios, a conocer y a amar al Creador que le da el ser y lo conserva en él. Me encanta esta guajira: “Cuando más tranquilo estaba/sin pensar en tu cariño/quiso Dios que te quisiera/ y te quise con delirio/. Y te seguiré queriendo/ hasta después de la muerte/ yo te quiero con el alma/ y el alma nunca se muere.  

      Hay mucho, muchísimo más para decir, pero pienso que lo dicho es suficiente para entender que no nos pertenecemos, que la vida es el mayor regalo que Dios le hace a una criatura y, porque de Dios procede, es la razón más alta de la dignidad humana. Es también suficiente para comprender que no somos los dueños, sino los administradores del asombroso tesoro que es la vida, la que yo tengo que administrar mientras viva. En este contexto, ¿es razonable dejar de lado la “creencia religiosa” al poner en juego, en un proyecto de ley, nada menos que el destino eterno de la persona?

     Me preguntan: - ¿Y qué pasa con los que no creen, con los que no tienen fe? Lo siento por ellos, ¡de verdad! Pero así como respeto su increencia, pido que respeten lo que creemos miles y miles de mujeres y hombres y que lo tengan en cuenta: así como los legisladores prestan atención al ateísmo, al agnosticismo y al indiferentismo, pido que atiendan a quienes creen en una religión, el cristianismo, sobre la que se edificó la civilización occidental, ¿es poco? ¿Acaso son más “objetivos” los que practican el no-Dios y no creen en el alma inmortal? ¿Cómo no sentir una des-almada discriminación?

 Me protestan: - ¡Pero usted no le resuelve el problema al que sufre dolores insoportables! Y pregunto: ¿lo resuelve el asesinato? La fe me empuja a poner todo de mi parte para aliviar los dolores de esa persona, pero quitarle la vida o quitármela, NO: es una gravísima ofensa a Dios. Por lo demás, hay modos y modos de sobrellevar esos dolores: con el auxilio de la fe es mucho más fácil, lo reconozco. Por eso, ¡qué importante es conocerla!

         Nos quedamos aquí, apenas en el umbral de lo que enseña la fe acerca de la vida y de la muerte, que a todos nos llegará. Ante ella uno puede ensayar lo de esta copla: Cada vez que yo me acuerdo / que me tengo que morir, / echo una mantita al suelo / y me harto de dormir”. No es recomendable. En cambio, ¿verdad que es inspirador el epitafio que lucirá en la tumba de un poeta católico? “Esperanza, compañeros./ Las almas viven, y encima /resucitarán los cuerpos”.

 

                                                                            + Jaime Fuentes

                                                                    Obispo emérito de Minas

                        

 

 

sábado, 25 de julio de 2020

CARTA ABIERTA A LOS SEÑORES LEGISLADORES

Señores legisladores:
                                  aliviar el sufrimiento de las personas que, padeciendo una enfermedad terminal, sufren dolores que pueden llegar a ser insoportables, es un deseo generalizado. Coincidiremos todos en la necesidad de buscar los modos de hacerlo, más y mejor; como sociedad tenemos un deber pendiente.

En esta línea quiere ir el Proyecto de ley eutanasia y suicidio asistido. Pero entiendo que le erra feo.

1)    ¿No es un completo sinsentido legalizarlos, en un país que tiene el mayor número de suicidios de América Latina y uno de los mayores del mundo?  

2)    Solamente en cinco países es legal la eutanasia: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia; y solo en Suiza se permite el suicidio asistido. En Bélgica, después de su legalización había solo unos cientos de casos de eutanasia al año. Actualmente hay más de 2.300 casos oficialmente registrados y la tendencia va en aumento (Deutsche Welle, 26.II.20), como en Uruguay. ¿Queremos seguir por este camino, alentando a los suicidas en potencia? Las leyes influyen, para bien o para mal, en el conjunto del comportamiento social.

3)    Resulta macabro el mensaje que recibirán las nuevas generaciones, si los médicos reciben licencia para matar. En todo caso, ¿por qué sólo ellos?... El médico estudia para curar, no para matar.

4)    Dicen que, con la ley, se respetará la libertad individual de decidir cuándo acabar con la propia vida. Pero ¿no vivimos en sociedad y somos inter dependientes? Si alguien ve a una persona que intenta suicidarse, ¿no trata por todos los medios de disuadirlo? ¡Porque es humano, nomás! Con la ley que se propone, “¡por mí que se mate, si es legal!”… ¿Esta es la sociedad que queremos, individualista hasta el colmo?

5)    Se olvida que el fin no justifica los medios. La vida humana posee la mayor de las dignidades y, por lo tanto, reclama el mayor de los cuidados. Decidir cada uno por su cuenta cuándo matarse, ¿es un derecho humano?, ¿quién lo dijo, dónde está escrito?

En el tiempo pandémico que estamos viviendo, mientras nos cuidamos de un contagio mortal, el proyecto de ley de eutanasia y suicidio aparece por demás sombrío. Hoy, más que nunca, necesitamos en Uruguay un proyecto colectivo entusiasmante: nuestro mayor problema es la falta de población. Hungría, Rusia, Serbia, Alemania…, que también lo tienen, han hecho planes concretos para incentivar la natalidad y lo están consiguiendo; en nuestro cercano y silencioso Paraguay, que en el año 2000 tenía 5 millones y pico de habitantes, hoy son más de 7 millones y su PBI crecerá 4% en el 2021 (Banco Mundial). Y nosotros, ¿no podemos hacer nada?  

Señores legisladores: estudiar el problema y trabajar por un Uruguay mejor es lo que se espera de ustedes. Agradezco la atención prestada y me despido, atentamente,

                       Dr. Jaime Fuentes

               Obispo emérito de Minas