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DESPUÉS DE 110 AÑOS...

Juan Bautista Berdum fue un vasco francés a quien el gobierno de España, en 1801, donó unos terrenos cercanos al poblado de la Inmaculada Concepción de Minas. Los vecinos del lugar, pasado el tiempo, le llamaron al paraje Cerro del Verdún. En el año 1900, el párroco de la ciudad, Don José De Luca, le pidió permiso a don Pedro Dartayete y a su esposa, doña María Ariza, dueños entonces del cerro, para colocar en la cumbre una imagen de la Virgen. Desde el 19 de abril de 1901 hasta hoy, la Virgen del Verdún se ha convertido en el lugar de peregrinaciones más popular del Uruguay: cada 19 de abril, miles de personas de todo el país suben al Cerro para agradecerle a la Inmaculada sus indudables favores. En 2010, coincidiendo con el jubileo por los 50 años de creación de la Diócesis de Minas, los obispos uruguayos declararon el lugar Santuario Nacional.

A la vuelta de 110 años, hay un sentir popular, compartido plenamente por el Obispo de Minas, de que ya es hora de ofrecerle a la Virgen un templo
, como expresión de gratitud por sus desvelos de Madre.

sábado, 21 de marzo de 2015

MADRE DE MISERICORDIA


Esta mañana llegó a Minas la imagen de la Madre Dolorosa, ¡Madre de Misericordia!, recién restaurada, que Dios mediante presidirá la capilla que estamos construyendo en la cumbre del Verdún. 

Su historia se remonta a 15 o 20 años atrás, cuando un señor la compró en un remate (¿dónde estaría antes, cuántos habrán rezado delante de ella?...) y la regaló a la prelatura del Opus Dei "para una ermita"... 

Esperando esa construcción que no podía concretarse (el tamaño de la imagen pedía, por lo menos, una capilla grande), el año pasado encontró su inesperado y exacto lugar.

Mechtild Endhardt, que sabe de restauración y de piedad, ha conseguido devolverle la belleza de su origen. 

Al empezar la que llamábamos Semana de Pasión, sólo de mirarla el corazón se conmueve... y te empuja a pedirle a la Madre, con  insistencia, que nos inunde la misericordia de Dios. 

martes, 17 de marzo de 2015

FIESTA DE FAMILIAS EN EL VERDÚN


        El sábado 14, la Virgen del Verdún regaló su sonrisa de Madre como pocas veces. Y es que ver llegar hasta su casa, en la cumbre del Cerro, a centenares de familias (entre papás, mamás e hijos, eran más de 500), a la una y media del mediodía, después de un viaje de la gran mayoría de ellos en tren (AFE es FE, la Virgen no lo olvidará, los pasajeros tampoco) y formando un ambiente de paz y serena alegría, no es algo que ocurra todos los días.

        Eran familias de los colegios Monte VI, Los Pilares y Our Kids. Subimos rezando el Rosario. Llegamos a la meta, ¡felices! Creo que el ejemplo cundirá. Y, gracias a la Madre, las familias crecerán unidas, cristianas.


















jueves, 5 de marzo de 2015

UNA NOTICIA MUY PERSONAL

Lo que sigue, con ese mismo título, aparece en el blog de un sacerdote argentino, Fabián Castro. Lo publicó al día siguiente de que otro sacerdote, Gustavo Mendoza, de su misma diócesis de Paraná, anunciara que dejaba el sacerdocio por una mujer. Traigo aquí el testimonio del P. Fabián, porque... bueno, léanlo y verán por qué.  

Lo he pensado mucho y creo que es el momento de hacerles conocer esto que, para algunos será una noticia amarga e inesperada. Pero otros, en cambio, lo verán como la lógica de un hombre que quiere ser en verdad libre. Creo que hoy es el momento propicio en que debo hacerlo. Mi conciencia me lo está pidiendo. Y yo hoy quiero ser fiel a mi conciencia. No puedo seguir luchando contra ella.

Señores y señoras: simplemente quiero decirles que quiero seguir ejerciendo el ministerio del sacerdocio en beneficio del Pueblo de Dios porque creo que Jesús me llamó para eso. Y lo quiero seguir haciendo porque soy libre y a mi libertad quiero serle fiel. No se crean que soy un santo o un tipo de otro mundo. Al contrario, soy un pobre gaucho que va arrastrando el carretón de la vida como puede. No soy para nada perfecto, al contrario. Y quienes me conocen un poquito pueden dar fe de esas imperfecciones… y relatarlas (sobre todo los más cercanos que padecen mi carácter).


 

Mis excusas para abandonar

Quiero seguir siendo sacerdote, a pesar de varias cosas que me han tirado atrás muchas veces. Yo también me enamoré alguna vez de una mujer. Pero cuando llegó el momento de elegir entre ella y Jesús (que es a quién le había consagrado mi vida) no dudé.

El que no haya dudado no quiere decir que no haya llorado en los rincones con el corazón roto en mil pedazos y una angustia por querer acariciar una piel que no podía ser mía. El tiempo, y sobre todo la distancia, fueron sanando esa parte afectiva de mi corazón. Es que yo no abracé el sacerdocio porque no me gustaran las mujeres o porque no quería formar una familia y tener hijos. Todo eso lo deseaba, pero lo renuncié por un amor más grande al que quería darle mi vida. En el seminario fue muy fácil tomar la decisión. Con cuatro años de sacerdote tuve que volver a tomar esa decisión… y no fue tan fácil. Pero no me arrepiento ni de la primera ni de la segunda decisión… que en definitiva es la misma: abrazar libremente el celibato.
Pero eso no es todo. Les puedo decir que el ministerio puede enfermar corporalmente. Les podría enumerar los ataques de hígado y gastritis que me dejaron los campamentos y convivencias con jóvenes… También les puedo contar que yo tengo diabetes: junto con el descuido de mi obesidad, comenzó a desatarse con el estrés que me produjo tener que pasar un Instituto Secundario, completo, al turno tarde. Y anduve cuatro años “loco” porque no sabía que la tenía. Hoy unas pastillitas me han serenado… pero la vista y los riñones están resentidos. Y si… podemos tener problemas corporales… pero quién no los tiene. Si hoy me estuviera por ordenar y me advirtieran que en mi futuro se vendrían estos achaques corporales, no lo dudaría un instante… volvería a elegir el sacerdocio.
Durante mis años sacerdotales me ha tocado compartir con párrocos y vicarios muy buenos. También de los otros. He tenido que sobrellevar la soledad de una casa (de varias). Las comunidades en las cuales he ejercido como párroco siempre eran de escasos recursos: en algunas tenía muy poco para comer y en otras tenía que olvidarme de comprarme ropa. Pero no me he quejado: cuando hay, hay y cuando no hay, no hay.

He tenido desencuentros con mis Obispos (uno me amenazó con suspenderme ad divinis)… he tenido desencuentros con mis hermanos presbíteros (el mote de “Roña Castro” ya no lo usan… pero la fama queda)… he tenido problemas con laicos en muchas comunidades… Muchos de estos problemas no eran culpa de los otros sino solamente míos (carácter de m.. el tuyo, cura..). Claro que a veces los demás ponían su granito o granote de arena. Pero todo eso no me hizo dudar de mi sacerdocio.
Les tengo que contar más. Muchas veces me enojé con Dios. Porque tenía muchas excusas para abandonar el sacerdocio… pero no podía. Lo del profeta, “me sedujiste Señor, y me dejé seducir”, me daba mucha bronca: ¿a dónde voy a huir si en definitiva vos lo sos todo para mí? Y hay veces en las cuales no puedo ni rezar o tengo que confesarme de manera muy frecuente… pero sigo siendo sacerdote porque toda esta historia comenzó con una certeza: Él puso su mirada sobre mí, me habló, me enamoró… y yo ya no pude ser plenamente libre de decirle que no… como todo enamorado: la libertad está en estar junto al amado.

El motivo de estas líneas

Les tengo que aclarar que esto no va contra ningún hermano sacerdote que ha dejado el ministerio. Para nada. Quien ha tenido que tomar la decisión de quedarse sabe de los dramas de quién ha tomado la decisión de partir. Algunos de entre ellos eran mis amigos. Yo no soy ni quiero ser juez de ninguno de mis hermanos. Tampoco escribo para que ustedes los juzguen.
Este escrito habla de mí. Les quiero contar algo que ni un periodista resentido con la Iglesia ni otro aliado al poder de turno que le tira los morlacos, les contarán. Simplemente les quiero contar que hoy, libremente, sin coacción de mi Obispo, ni del Papa, ni de Doña María, elijo seguir siendo sacerdote. No porque no crea en el amor o la vida clerical me sea fácil y cómoda. Simplemente elijo seguir siendo sacerdote porque me sé elegido por Dios para una tarea en su Iglesia. A esa elección yo, como muchos otros sacerdotes que no salen ni en diarios o televisiones, le quiero ser fiel.
Y como soy un pobre tipo (lo digo de verdad), les pido lo que pide un grande de hoy: recen por mí. Pero también recen por ese cura que está al lado de ustedes, en las parroquias, en las escuelas, en los hospitales o haciendo las compras en el Súper. Ellos también necesitan de su oración. Y, muy de vez en cuando, de alguna palabrita amable o algún gesto cariñoso. Es que somos hombres y no extraterrestres o ángeles. Y porque hombres, más allá de todos nuestros dramas, hay una convicción: hoy también elegimos seguir siendo sacerdotes.

viernes, 27 de febrero de 2015

UN TRASPLANTE

        A nadie le entusiasma que lo operen del corazón, ¡Dios nos libre! No hace falta explicarlo, es indudable.
         Durante la Cuaresma, sin embargo, le decimos a Dios cantidad de veces, que sí, que queremos someternos a una operación “a corazón abierto”, a un auténtico trasplante: “¡Oh Dios, crea en mí un corazón puro! Renuévame por dentro con espíritu firme”.
         Es un ruego de primera importancia, puesto que Jesús alaba a los “limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Lo que importa, entonces, es que hagamos propia la petición renovándola con la mayor frecuencia, como nos lo propone la liturgia de la Iglesia.
         ¿Qué es un corazón puro? No sé si han visto la película Tierra de María. En ella aparecen los testimonios de personas tan distintas como un antiguo médico abortista, una bailarina de Las Vegas, una modelo colombiana y otras más, que en un momento de sus vidas tuvieron un “encuentro” con la Virgen y cambiaron su existencia. El común denominador de todas ellas, cuando hablan de lo que les sucedió, es la insistencia en una misma idea: es necesario orar, hablar con Dios, con la ayuda de María, desde el fondo del propio corazón.


         Un corazón puro no es el que está “incontaminado”. Más bien, es el del hombre o la mujer que han sido capaces de bajar a la profundidad más honda de su existencia y, sin miedo, han reconocido la propia culpa y la necesidad de ser sanados por Dios: “¡Crea en mí un corazón puro!”, porque que yo solo no puedo hacerlo.
         Los testimonios que aparecen en la película, coinciden también en la paz y la alegría que les dio el encuentro con Dios: esas personas descubrieron un día que el amor misericordioso de Jesús por cada uno supera todo lo imaginable.
 El camino ordinario de la operación cardíaca fue una Confesión bien hecha, salvajemente sincera, en la que después de admitir sin vueltas las culpas, cada uno deja que Dios haga su obra en el corazón y le “renueve por dentro con espíritu firme”: conmueve en la película, por ejemplo, el testimonio de una antigua mujer de la vida, que dice con sencillez de niño que ya no se dedica a la prostitución, que nunca más lo volvió a hacer desde que encontró el amor de Jesús…
Quiero animar a todos, en esta Cuaresma, a pedirle a Dios, por medio de María, que cree en cada uno de nosotros un corazón puro. El Papa Francisco nos anima, especialmente, a luchar para que no nos domine la indiferencia, una actitud propia de quienes están cómodos, instalados en sí mismos y cerrados, de hecho, al amor de Dios y a los demás. Solamente teniendo un corazón puro, desprendido de nosotros mismos, podremos conseguirlo.
En esta operación de trasplante –cambiar el corazón viejo por uno nuevo creado por Dios- es indispensable la colaboración con el médico divino: la oración, el ayuno y la limosna son los medios que tenemos al alcance de la mano. Una oración más sincera; la privación de tantas cosas a las que estamos apegados (defectos del carácter con los que no luchamos; egoísmo; orgullo; estar pendientes de lo que nos da placer…) y la entrega no sólo de dinero, sino de la limosna de nuestra caridad, que se expresa en mil detalles de la vida ordinaria.
Que la Virgen Santísima, Madre de Jesús y Madre nuestra nos ayude a vivir con alegría esta bendita Cuaresma.

miércoles, 25 de febrero de 2015

ESPECIAL PARA MAMÁS: ¡CAMPEONAS!...

¿Por qué será, se pregunta uno, que las mamás trabajan el doble, el triple?... ¡Y sin protestar! Otra que ayuno de Cuaresma...


domingo, 22 de febrero de 2015

IMPERIALISMO CULTURAL

Hace poco me alarmé cuando supe que Hillary Clinton, como Secretario de Estado, dijo que el gobierno de Estados Unidos estaba comprometido a favor de todo lo que pudiera impulsar el programa de control de la población. Dijo que, en realidad, Estados Unidos sólo ayudaría a Nigeria a combatir “Boko Haram” si modificamos nuestras leyes relativas a la homosexualidad, la planificación familiar y control de la natalidad. Es muy claro que existe un imperialismo cultural”.



En estos tiempos de forzada ortodoxia a los dictados de lo políticamente correcto, no viene mal de vez en cuando leer a gente que está por encima de tales hipocresías. Se leen con la sensación de quien hace algo casi clandestino. Eso es lo que me ha sucedido con una entrevista de la que procede el párrafo precedente. La publica Aleteia y el entrevistado es un obispo nigeriano, Emmanuel Badajo, de 53 años, nuevo presidente del área de comunicación del consejo de las conferencias episcopales de Africa y Madagascar (SECAM).

Junto a la referencia a los condicionamientos ideológicos impuestos por la administración norteamericana, el obispo culpa de negligencia a los gobiernos nigerianos de los últimos 30-35 años, que han permitido que creciera el surtidor humano de dónde se alimenta el grupo terrorista “Boko Haram”: “se veía venir desde hace varios años. Cuando ibas al norte de Nigeria, incluso en los tiempos más pacíficos, veías montones y montones de jóvenes en las calles sin hacer absolutamente nada más que la mendicidad. Cualquier persona con una capacidad mínima para el análisis sabía que aquí había un problema”.

Y sobre los “nuevos derechos”, tan de moda en cierta mentalidad occidental, el obispo nigeriano aporta un poco de sentido común: “el mundo occidental afirma que todo derecho es un derecho humano, y que todo comportamiento debe tener la condición de derecho humano. Nosotros decimos que no. No todo el comportamiento humano tiene el estatus de un derecho humano. Hay derechos humanos, y hay comportamientos humanos. Pero no todo el comportamiento humano tiene ese estatus”. Es un razonamiento con el que creo que Aristóteles estaría de acuerdo.

www.laiglesiaenlaprensa.com

martes, 17 de febrero de 2015

JE SUIS COPTE


Los cristianos manifestamos nuestro dolor con la oración y el silencio. Y pedimos a los mártires que Dios nos dé fortaleza, para no traicionarlo. 




DEDICADO A MAMÁS AGOBIADAS

Especial para las mamás, que ¡tantas veces!, se pasan de autocríticas, piensan que son "de terror", que les falta paciencia con sus hijos...