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sábado, 17 de octubre de 2020

TENGO RECUERDOS GRATIS-2

 

jueves, 4 de noviembre de 2010

ESO DE SER OBISPO... ¿DE QUÉ VA?

Gabi y Sito son sobrinos míos, viven en Madrid. Gabi es una chica muy mona y tiene pasión por el estudio (ha estudiado Hotelería, seguirá Marketing; en la foto, con la perra Olivia, de mi hermana Marga), aunque no sé si su pasión puede igualarse con la que siente Sito (Tomás, Tomasito = Sito) por la música. Sito es el fundador-compositor-director de un conjunto que se llama MyAlterEgo . (En la foto, Sito tragándose el micrófono).
El caso es que, cuando supieron que iban a tener un tío obispo, los dos me escribieron unos preciosos mensajes de felicitación. Sito, alegrándose conmigo por el nombramiento, me dijo con mucha sinceridad que no tenía mucha idea "de qué iba eso" de ser obispo... De ahí estas líneas.

Muy queridos Gabi y Sito: anteayer estuve otra vez en Minas, mi lugar de residencia habitual después del 28 de noviembre, cuando seré ordenado obispo. Cuando estaba llegando a la ciudad y empecé a ver las sierras y las combinaciones de verde de los árboles y el contraste con el azul celeste del cielo y... ¡bueno!: tienen que prometerme que un día vendrán a conocer los paisajes más encantadores del Uruguay. Esta primera idea es importante.

Pero hoy ustedes quieren saber qué haré yo como obispo o, mejor dicho, qué es lo que se espera que haga un obispo. Lo que se espera es parecido a lo que hace Sito con su orquesta. No me olvido del ensayo de MyAlterEgo, cuando estuve en enero pasado. ¡Cómo sonaba!... Sito estaba en su salsa por completo: corrigiendo el ritmo de la batería, animando al guitarra y al bajo, repitiendo la canción una y otra vez... Lo que a mí me corresponderá hacer, como obispo, es aunar los distintos instrumentos, de tal manera que la música salga... ¡como debe salir!: afinada, fiel a la partitura de su compositor.

Una vez, hace años, leé que en Inglaterra le habían dado a Paul Mc Cartney un premio importante, porque "Yesterday" es la canción más interpretada de la historia: de ella se han hecho algo así como 3.700 versiones... Es la misma música, pero la han interpretado desde Plácido Domingo hasta... ¿MyAlterEgo?

Bueno, en la Iglesia Católica, el Papa y los obispos (es el Papa quien nos elige) tenemos que estar vigilantes (obispo viene de "episkopo", en griego, que quiere decir eso, "vigilante"), para que, a lo largo de los siglos, la presencia de Jesús se mantenga viva y su mensaje sea siempre el mismo que Él nos dejó como la herencia más preciosa. Ustedes conocen a algunos sacerdotes de distintas Órdenes religiosas, a monjas y a algún monje... y, sobre todo, tienen cantidad de amigas y amigos que se toman en serio su fe, a otros que no tanto, a otros que quisieran conocer a Jesús pero nadie se los enseña... La misión del obispo es ayudar a todos a estar muy cerca de Él, dándolo a conocer y animando, a quienes ya lo conocen, a que difundan por todas partes el Evangelio, con su ejemplo de cristianos y con su palabra. ¡Todos la misma melodía, como "Yesterday", pero con gran variedad de acentos! No me dirán que no es apasionante...

Pero... hay un PERO: los colaboradores inmediatos del obispo son los sacerdotes: sin ellos, ¿qué va a hacer? Y resulta que, en Minas especialmente, son MUY POCOS. Por eso les tengo que pedir como el favor más grande: recen para que muchos muchachos se decidan a ser generosos con Dios y encuentren -¡Dios se la dará si se lo pedimos!- la vocación sacerdotal, que es la más grande que hay. Yo, ¿qué quieren que les diga? Hace 37 años que soy cura... ¡y no me cambio por nadie!

Por hoy es bastante. Algo les he dicho; lo suficiente, Gabi y Sito, para que a sus amigos puedan decirles: - ¿Sabéis que tengo un tío obispo? (¡Esto farda mucho!, ¿verdad?) Y te dirán: - ¡Ahí va! ¿Y qué hace ese tio? Y ustedes podrán responder: - Pues..., ¡dirige una orquesta!

Con todo cariño, un abrazo enorme,

Jaime


viernes, 16 de octubre de 2020

TENGO RECUERDOS GRATIS-1

 

martes, 19 de octubre de 2010

COMO UNA CATARATA



Estoy abrumado; abrumado y muy contento. El sábado 16 celebré Misa en la Catedral de Salto, a las 7.30 de la mañana, como he hecho habitualmente durante mis sábados salteños. Después de rezar Laudes, no dejé pasar la ocasión de pedir que rezaran por el nuevo obispo de Minas...
Al terminar la Misa y hasta la noche –no exagero-, durante el viaje en auto a Paysandú y en ómnibus hasta Montevideo, recibí una catarata de SMS y llamadas por el celular. El domingo continuó el concierto electrónico, hasta que me embarqué en Colonia rumbo a Buenos Aires, donde estoy ahora abrumado por tanto cariño que agradezco muy de veras, y sin conexión de celular. Me han felicitado cantidad de amigos, sacerdotes muchos de ellos, y también feligreses de Minas que aún no conozco. Les he pedido a todos que recen por mí y lo reitero ahora.
El sábado y el domingo se leyó en las parroquias y capillas de la diócesis esta carta, que quiero compartir también con ustedes.




Muy queridos fieles de la Iglesia que vive en la diócesis de Minas:

Hoy se ha hecho público que el Santo Padre, Benedicto XVI, me ha encomendado ser Pastor de esa preciosa porción de la Iglesia Católica. Desde que lo supe empecé a encomendarme y a encomendarlos a todos a la Santísima Virgen, la Inmaculada del Verdún. ¿En qué mejores manos podremos estar que en las de nuestra Madre?

Por una coincidencia no buscada, el anuncio de mi nombramiento se ha hecho cuando se cumple un nuevo aniversario de aquel inolvidable 16 de octubre de 1978, en que fue elegido el gran papa Juan Pablo II. Recuerdo, haciéndolas muy mías, sus primeras palabras: dijo que había sentido miedo al recibir la designación, pero que la había aceptado “con espíritu de obediencia a Nuestro Señor Jesucristo y con confianza plena en su Madre María Santísima”. Minas está amparada por el manto celeste de Nuestra Señora y yo también quiero cobijarme en él.

Espero ir muy pronto a conocerlos y escucharlos. El 19 de abril pasado fue la última vez que estuve en la diócesis, celebrando en el Verdún el 50º aniversario de su creación y la erección del Santuario. Entonces no podía pensar que seis meses más tarde estaría escribiendo esta carta. Los caminos de Dios no son, sin duda, nuestros caminos.
Quisiera agradecerle especialmente a Monseñor Rodolfo Wirz, con quien compartimos una amistad que se remonta a nuestros estudios liceales, la abnegación con que, durante este tiempo de sede vacante, ha desempeñado el cargo de Administrador Apostólico de la diócesis: que el Señor premie su esfuerzo con muchas bendiciones.
En esta semana que comienza estaré en Argentina haciendo un retiro, como preparación para la ordenación episcopal. Les ruego que recen por mí. De modo especial lo pido a cada uno de mis hermanos sacerdotes, con quienes me siento íntimamente unido.
A los enfermos, en primer lugar, y a todos, les envío una bendición llena de afecto en el Señor,

Jaime Fuentes
Obispo electo de Minas

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Hoy se cumplen 10 años desde que el Papa Benedicto XVI me nombró Obispo de Minas. Y, nostálgico que es uno, fui a buscar en este blog el año 2010. Para mi sorpresa (pasa el tiempo, las neuronas se gastan...) encontré varios posts en los que dejé testimonio de lo sucedido. A la vuelta de una década, pienso que tiene interés desempolvar esos recuerdos y ofrecerlos...   

16 de octubre de 2010

DIBUJAR UN CORDERO... Y ALGO MÁS

Hoy ya es público que el Papa Benedicto XVI me ha nombrado obispo de la diócesis de Minas. El martes pasado me lo comunicó el Señor Nuncio Apostólico y le respondí que sí, que aceptaba. Entonces se renovó en mi interior la impresión de Saint-Exupèry: cuenta que, mientras trataba de arreglar su avión en el desierto, se le apareció un Principito pidiéndole que le dibujara un cordero… Comenta el escritor: “Cuando el misterio es demasiado impresionante, no es posible desobedecer”.
Desde ese día recomencé la lectura del libro de Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos!, que el gran Papa le regaló a la Iglesia pocos meses antes de irse al Cielo. La actitud interior con que lo estoy leyendo ahora es muy distinta de la primera vez, cuando apenas fue publicado. Entonces sentía el interés natural por conocer este libro del Santo Padre, para conocer sus experiencias como obispo desde que fuera nombrado cuando tenía solamente 38 años.

En esta segunda lectura me sorprendo a mí mismo identificado con el sentimiento de Karol Wotyla, cuando supo que había sido nombrado Obispo auxiliar de Cracovia. Cuenta que, después de conocer la noticia, tomó el tren de regreso… “Llevaba conmigo el libro de Hemingway 'El viejo y el mar'. Leí durante casi toda la noche y solo conseguí adormecerme un rato. Me sentía más bien raro...”. Un poco más adelante vuelve a aparecer esa “rareza”: lo felicitan por el nombramiento y él dice: “Sonreí y me alejé, dirigiéndome al grupo de los amigos, donde tomé mi canoa; pero cuando me puse a remar, me sentí de nuevo un poco extraño”.
Exactamente así estoy yo ahora, y no es para menos: que te llamen para ser -¡ay, Señor!- sucesor de los Apóstoles, es excesivamente grande. Lo explica Juan Pablo II en su libro: “Precisamente durante aquellos días había oído estas palabras (“sucesor de los Apóstoles”) de boca de un físico conocido mío (…) Yo, un sucesor, pensaba con gran humildad en los Apóstoles de Cristo y en aquella larga e ininterrumpida cadena de obispos que, mediante la imposición de las manos, habían transmitido a sus sucesores la participación en la misión apostólica. Ahora tenían que transmitírmela también a mí. (…) ¡Admirable don y misterio!”.
Hoy no puedo decir más. Lo que me ha caído encima es bastante más complicado que dibujar un cordero: tengo que ser, de veras, un Buen Pastor.
El domingo me iré de retiro a Argentina: creo que es lo más “práctico” que puedo hacer. Por favor, acompáñenme rezando por mí y por la diócesis de Minas: ¡gracias, que Dios los bendiga!

viernes, 21 de agosto de 2020

PANDEMIA, NOSTALGIA Y PANDEMONIO

    

Pandemia -¡que fea palabra!- viene de pan (todos) y dem (pueblo), y nosema (enfermedad). Pandemonio es palabra mucho más fea todavía: demonio viene de deimonion y ya se imaginan: todos los diablos juntos… Bueno, esta pandemia se está convirtiendo en pandemonio: “lugar de mucho ruido y confusión”(RAE).   El “lugar” son todas las latitudes y longitudes del mundo: que si la vacuna rusa, china y USA; que el mejor remedio para el bicho es la hidroxicloroquina; ¡NO!, el Redemsivir; ¡NO!, las cabezas de ajo en jugo de limón…

Y el número de contagiados y de muertos, discriminados según su número y según quién los cuenta, que esto también importa. Y si la mascarilla y los tapabocas (porque no son lo mismo, dicen) aunque también los hay que ni una ni otro, porque ninguno de los dos sirve para nada... Y los protocolos para cuanto se te ocurra hacer, y los pronósticos, que se contradicen hoy, ayer y mañana. 

Pero entonces, menos festejada que nunca y por eso más deseada, aquí está, insobornable, “¡La Noche de la Nostalgia!”. Sin duda, mucho antes que la música de los Beatles y los Bee Gees, y todos los etcéteras musicales,  sentimos nostalgia de besos y abrazos; de apretones de manos y de caricias; de hablar de cerca y viéndonos las caras; hay nostalgia de hacer visitas y de recibir visitas; de reuniones de amigos; de fiestas de casamiento y de despedidas; de velorios y entierros en serio, por así decir; de partidos de todos los deportes y de hinchas que gritan y se abrazan; y… ¿para qué seguir?

En este pandemonio universal, una niña de no más de diez años, sin barbijo y con delicioso desparpajo, se acerca al sacerdote en la calle (lo reconoce por el cuellito) y le pregunta: - ¿Tú sos Padre? – Así es. - ¿Qué vas a hacer en la noche de la nostalgia? – La verdad es que no tengo nada pensado… Y ella, sin darle tiempo a ensayar algo: - ¿Sabés que voy a hacer yo?... Voy a acompañar a mi abuela. – Ah, ¡qué bien! – Ella me invitó. ¿Y sabés para qué? (se le iluminan los ojos): ¡Para rezar juntas el Rosario! ¡Chau, me voy!

Entonces, en un instante, se hace la luz: ¡al diablo con el pandemonio! Los niños enseñan, el sacerdote aprende…  ¿De qué puede tener nostalgia una criatura de diez años?...  No sabe ni qué significa la palabra. Pero la invitación de la abuela a rezar con ella, le sabe a gloria: desde siempre y hasta siempre, también en “la nueva normalidad”, la nostalgia de Dios sólo Dios la llena. 

 

lunes, 10 de agosto de 2020

¡ESPERANZA, COMPAÑEROS!

      Estoy cansado, la verdad sea dicha. Primero fue para legalizar el aborto; ahora, para legalizar la eutanasia y el suicidio. Decían y dicen: “usted no puede imponer a nadie sus creencias religiosas”. Estoy cansado de explicar que no se trata de “imponer” sino de “proponer”, porque en una sociedad democrática la “creencia religiosa” tiene tanto derecho a ser propuesta, como toda la gama de ideologías que están detrás de no pocas argumentaciones. Insisten: “sus compromisos religiosos le impiden ser objetivo”… Y yo digo que cada uno hace sus objetivas elecciones y trata de ir viviendo: con Dios o con el diablo.

     Vayamos al núcleo de la cuestión. Es obvio que, detrás del empeño para que se dé a los médicos licencia para matar, lo que hay es un completo ateísmo, es decir, la convicción de que Dios no existe. En consecuencia, la vida es mía y solo mía, y puedo decidir terminar con ella cuando tenga “insoportables dolores”… o en cualquier momento, ¿por qué no? Naturalmente, si Dios no existe no hay nada que esperar después de la muerte, ni premio ni castigo: desaparecemos y… “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

    Concebir mi vida sin Dios y sin esperanza, me provoca una auténtica angustia, qué quieren que les diga. Pero la angustia se convierte en desolación, si imagino que la mayoría de mis compatriotas son ateos, es decir, que viven convencidos de que Dios no existe. ¿Será así? No, no me lo creo; la experiencia me dice otra cosa.

   Sería desolador en lo personal y en lo colectivo. Un personaje de Los Hermanos Karamazov aseguraba con razón: “Si Dios no existe, todo está permitido”. El suicidio porque tengo fuertes dolores; o porque me aburrí de vivir, ¿qué más da?

      Mi fe religiosa, en cambio… Mi fe religiosa, aquello en lo que yo creo (not to think but to believe), que llena de luz mi vida y me señala por dónde tengo que caminar para llegar al cielo, me dice algo tan hermoso como esto: Este mundo es el camino para el otro /que es morada sin pesar/ mas cumple tener buen tino/ para andar esta jornada sin errar…


      Me preguntan: - ¿Y por qué usted cree en lo que cree? – Porque lo aprendí de chico, lo estudié de adolescente, lo profundicé de joven y en la madurez; y ahora, que soy viejo, cada día admiro y amo más: porque lo que mi fe me propone es ¡divino!, literalmente y sin ninguna duda.

      Siguen preguntándome: - ¿Y por qué dice que no a la eutanasia? – Porque me sé portador de un principio de vida espiritual, que se llama alma, que no lo recibí de mis padres sino de Dios. Es espiritual, no se ve, pero gracias a ella es que puedo crear, imaginar, soñar más allá del espacio y del tiempo, más allá de mi misma vida…

       Continúan preguntando: - ¿Para usted qué es el hombre, qué dice su fe? – ¡Para mí, para mí!… ¿A quién le importará mi “para mí” en estos asuntos? Como si se tratara de opinar sobre un celular o sobre un futbolista… En fin, dejémoslo estar. Lo que dice mi fe se encuentra en el libro del Génesis: que el hombre fue creado por Dios “a su imagen” y “le insufló un aliento de vida”, ¡de su misma vida divina! En consecuencia: los padres de una criatura le dan a un hijo la vida física, pero es el mismo Dios quien crea para Él un alma que lo hace ser persona, único, irrepetible… (Una mamá me contó que, haciendo un poco de aspaviento, le había pedido a su hijo de seis años: - ¿No le vas a dar eso a tu madre, ¡a tu madre que te dio el ser!?”. Y su hijo: - ¿Qué es el ser? La madre, sorprendida: - ¿El ser?... Bueno, la vida… El hijo: - Vos no me diste el ser. - ¿Ah, no? ¿Quién te lo dio?... - ¡Dios!, ¿quién va a ser?). Sigamos.

     De manera que, desde hace desde hace no menos de treinta y pico de siglos, cuando se habría terminado de componer el Genésis, los hombres sabemos quiénes somos: “imagen de Dios”, del único Dios, el que creó este planeta Tierra y lo dio como regalo al hombre, por puro amor, para que lo disfrutara y lo cuidara, y al que insufló su aliento divino. Aliento que, obviamente, no está compuesto de partes y por lo tanto no puede corromperse. En suma: el hombre tiene un alma inmortal, que perdura más allá de la muerte del cuerpo. El ser humano está destinado, siendo imagen de Dios, a conocer y a amar al Creador que le da el ser y lo conserva en él. Me encanta esta guajira: “Cuando más tranquilo estaba/sin pensar en tu cariño/quiso Dios que te quisiera/ y te quise con delirio/. Y te seguiré queriendo/ hasta después de la muerte/ yo te quiero con el alma/ y el alma nunca se muere.  

      Hay mucho, muchísimo más para decir, pero pienso que lo dicho es suficiente para entender que no nos pertenecemos, que la vida es el mayor regalo que Dios le hace a una criatura y, porque de Dios procede, es la razón más alta de la dignidad humana. Es también suficiente para comprender que no somos los dueños, sino los administradores del asombroso tesoro que es la vida, la que yo tengo que administrar mientras viva. En este contexto, ¿es razonable dejar de lado la “creencia religiosa” al poner en juego, en un proyecto de ley, nada menos que el destino eterno de la persona?

     Me preguntan: - ¿Y qué pasa con los que no creen, con los que no tienen fe? Lo siento por ellos, ¡de verdad! Pero así como respeto su increencia, pido que respeten lo que creemos miles y miles de mujeres y hombres y que lo tengan en cuenta: así como los legisladores prestan atención al ateísmo, al agnosticismo y al indiferentismo, pido que atiendan a quienes creen en una religión, el cristianismo, sobre la que se edificó la civilización occidental, ¿es poco? ¿Acaso son más “objetivos” los que practican el no-Dios y no creen en el alma inmortal? ¿Cómo no sentir una des-almada discriminación?

 Me protestan: - ¡Pero usted no le resuelve el problema al que sufre dolores insoportables! Y pregunto: ¿lo resuelve el asesinato? La fe me empuja a poner todo de mi parte para aliviar los dolores de esa persona, pero quitarle la vida o quitármela, NO: es una gravísima ofensa a Dios. Por lo demás, hay modos y modos de sobrellevar esos dolores: con el auxilio de la fe es mucho más fácil, lo reconozco. Por eso, ¡qué importante es conocerla!

         Nos quedamos aquí, apenas en el umbral de lo que enseña la fe acerca de la vida y de la muerte, que a todos nos llegará. Ante ella uno puede ensayar lo de esta copla: Cada vez que yo me acuerdo / que me tengo que morir, / echo una mantita al suelo / y me harto de dormir”. No es recomendable. En cambio, ¿verdad que es inspirador el epitafio que lucirá en la tumba de un poeta católico? “Esperanza, compañeros./ Las almas viven, y encima /resucitarán los cuerpos”.

 

                                                                            + Jaime Fuentes

                                                                    Obispo emérito de Minas

                        

 

 

sábado, 25 de julio de 2020

CARTA ABIERTA A LOS SEÑORES LEGISLADORES

Señores legisladores:
                                  aliviar el sufrimiento de las personas que, padeciendo una enfermedad terminal, sufren dolores que pueden llegar a ser insoportables, es un deseo generalizado. Coincidiremos todos en la necesidad de buscar los modos de hacerlo, más y mejor; como sociedad tenemos un deber pendiente.

En esta línea quiere ir el Proyecto de ley eutanasia y suicidio asistido. Pero entiendo que le erra feo.

1)    ¿No es un completo sinsentido legalizarlos, en un país que tiene el mayor número de suicidios de América Latina y uno de los mayores del mundo?  

2)    Solamente en cinco países es legal la eutanasia: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia; y solo en Suiza se permite el suicidio asistido. En Bélgica, después de su legalización había solo unos cientos de casos de eutanasia al año. Actualmente hay más de 2.300 casos oficialmente registrados y la tendencia va en aumento (Deutsche Welle, 26.II.20), como en Uruguay. ¿Queremos seguir por este camino, alentando a los suicidas en potencia? Las leyes influyen, para bien o para mal, en el conjunto del comportamiento social.

3)    Resulta macabro el mensaje que recibirán las nuevas generaciones, si los médicos reciben licencia para matar. En todo caso, ¿por qué sólo ellos?... El médico estudia para curar, no para matar.

4)    Dicen que, con la ley, se respetará la libertad individual de decidir cuándo acabar con la propia vida. Pero ¿no vivimos en sociedad y somos inter dependientes? Si alguien ve a una persona que intenta suicidarse, ¿no trata por todos los medios de disuadirlo? ¡Porque es humano, nomás! Con la ley que se propone, “¡por mí que se mate, si es legal!”… ¿Esta es la sociedad que queremos, individualista hasta el colmo?

5)    Se olvida que el fin no justifica los medios. La vida humana posee la mayor de las dignidades y, por lo tanto, reclama el mayor de los cuidados. Decidir cada uno por su cuenta cuándo matarse, ¿es un derecho humano?, ¿quién lo dijo, dónde está escrito?

En el tiempo pandémico que estamos viviendo, mientras nos cuidamos de un contagio mortal, el proyecto de ley de eutanasia y suicidio aparece por demás sombrío. Hoy, más que nunca, necesitamos en Uruguay un proyecto colectivo entusiasmante: nuestro mayor problema es la falta de población. Hungría, Rusia, Serbia, Alemania…, que también lo tienen, han hecho planes concretos para incentivar la natalidad y lo están consiguiendo; en nuestro cercano y silencioso Paraguay, que en el año 2000 tenía 5 millones y pico de habitantes, hoy son más de 7 millones y su PBI crecerá 4% en el 2021 (Banco Mundial). Y nosotros, ¿no podemos hacer nada?  

Señores legisladores: estudiar el problema y trabajar por un Uruguay mejor es lo que se espera de ustedes. Agradezco la atención prestada y me despido, atentamente,

                       Dr. Jaime Fuentes

               Obispo emérito de Minas



viernes, 29 de mayo de 2020

ENCUESTA SOBRE UN NUEVO DOGMA MARIANO



Estimados todos:
                            en 2021 tendrá lugar en Roma el 25º Congreso Mariológico Internacional y tengo el propósito de presentar una ponencia sobre este tema:

¿ES CONVENIENTE DEFINIR COMO VERDAD DE FE LA
MATERNIDAD ESPIRITUAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN?



Los motivos que me llevan a plantear esta posibilidad son los siguientes:

      1) La Iglesia del siglo XXI tiene una gran deuda de gratitud con la Santísima Virgen. Ella fue la que salvó de la muerte al Papa san Juan Pablo II en el atentado del 13 de mayo de 1981 y la que “abrió las puertas a Cristo” en los países dominados por el comunismo y que hoy gozan de libertad.

            2)  La Iglesia necesita especialmente el auxilio de María, para enfrentarse a la “cultura de la muerte” que promueve el aborto, la eutanasia, la sexualidad desenfrenada, la destrucción de la familia… y la idea misma de Dios.

3      3) En todo el mundo se verifica un creciente recurso a la intercesión de la Virgen. Es una manifestación del “sentido de la fe” del pueblo cristiano que, en momentos de graves dificultades, busca en Ella serenidad, cariño, esperanza… Esta certeza habla por sí misma de la fe en el poder de la intercesión materna de María delante de Dios. 

4         4)La maternidad espiritual de María abarca a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Ella fue proclamada por Jesús, cuando en la cruz le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Y a continuación: “aquí tienes a tu madre” (Jn 19, 26s). La maternidad es siempre personal: así como Jesucristo dio su vida por cada hombre y por cada mujer (“me amó y se entregó por mí”, Gal. 2, 20) así quiere a cada uno la Madre de Dios y Madre nuestra.

5        5) En este tiempo de miedo por la pandemia y de desesperanza por la ignorancia del amor que Dios nos tiene, es más fácil llegar a los corazones de mujeres y hombres por medio de “la índole de la Madre” (san Juan Pablo II). Proclamar la Maternidad espiritual de María como verdad revelada por Dios, certificará lo que la Iglesia enseña: “los dogmas son luces en el camino de nuestra fe, lo iluminan y lo hacen seguro (Catecismo Iglesia Católica, n. 89).

Por estas razones, les quedaré muy agradecido si pueden responder a la encuesta que encontrarán pinchando en este enlace:

Naturalmente, a cuantas más personas les llegue esta comunicación, con el fin de que también respondan a la encuesta, mejor. La dirección para comunicarse:


Muchas gracias por la colaboración. Reciban un saludo y una bendición, con todo afecto, desde el Corazón Inmaculado de María,

                                                                              + Mons. Jaime Fuentes
                                                                  Obispo emérito de Minas (Uruguay)
                  Miembro de la Pontificia Academia Mariana Internacional






sábado, 23 de mayo de 2020

COMO EN UN BAÑO DE LUZ


Cuantas veces paso por Tres Cruces y la veo allí, recortada sobre el cielo, blanca y elegante como una novia, la cruz que nos dejó san Juan Pablo II me habla desde más allá del tiempo… Ahora, cuando se cumplen cien años del nacimiento del Papa Magno, lo hace aún con mayor elocuencia.

La cruz me recuerda, enseguida, las palabras de Aquel a quien san Juan Pablo II debió representar durante más de veinticinco años: - “El que quiera seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”.

En estos tiempos raros que nos han tocado, a los ojos de muchas personas la cruz tiene nombre propio: se llama Covid-19 y, como bien sabemos, todo lo que se haga es poco para evitar que actúe. La sola posibilidad imaginaria de que “me toque”, es causa de inquietud…

Pensándolo mejor, sin embargo, si la condición que señaló el Maestro para seguirlo es llevar la cruz cada día, ¿no habrá que encontrarla en realidades menudas, ordinarias, antes que en un suceso extraordinario como el ataque del bicho?

Volvamos a la visita de Juan Pablo II al Uruguay. Aquel 31 de marzo de 1987, cuando llegó a Montevideo llovía a baldes, sin consideración. El presidente Sanguinetti lo recibió con impermeable, los paraguas eran puramente simbólicos para proteger al Papa del agua mientras pasaba revista, con mucha paz, a las tropas formadas en la pista del aeropuerto…

Al llegar a la Catedral, lo recuerdo muy bien, para encontrarse con sacerdotes y religiosos, su sotana blanca estaba arrugada por el agua. El papamóvil no había podido resistir la fuerza de la lluvia… Pero Juan Pablo II había recorrido la rambla saludando, mirando y bendiciendo con enorme cariño a la gente que, para verlo pasar, lo esperaba cantando bajo la lluvia… Un niño describió su experiencia en una carta: Querido Papa: tengo 10 años, soy uruguayo y vivo en Montevideo su capital. Yo te fui a ver cuando vinistes e incluso lo tengo grabado. No me voy a olvidar nunca cuando vinistes la primera vez yo era muy chico y estaba lloviendo. El Papamóvil se detuvo y tú me mirastes detenidamente porque era chico estaba debajo de la lluvia y me vendecistes. Testimonios como este, de un encuentro personal con el Papa en medio de la multitud, los hay en cantidad.

Una vez que terminó el acto en la Catedral, fue hasta el Palacio Taranco: a saludar, a saludar, a saludar y a pronunciar otro discurso… Y de ahí a la Nunciatura, sin apuro, como disfrutando el atardecer de una primavera… bajo agua. A la gente joven que lo esperaba en el portón de la casa, después de escucharlos un rato les aseguró: - Ahora vamos a dormir, que mañana hará buen tiempo. ¡Adiós!



A la mañana siguiente, cuando empezó la Misa en Tres Cruces, dejó de llover. Fue una celebración cuidada en todos los detalles. Y el Papa se sintió muy a gusto. Mientras pronunciaba la homilía, varias veces lo interrumpieron los gritos que pedían que volviera… Juan Pablo II bromeaba: - ¡Pero si todavía no me fui!...

Al terminar agradeció la “buena música” de la orquesta del SODRE y aseguró que iba a regresar al Uruguay. Después saludó uno a uno a los enfermos, colocados en la primera fila de los asistentes. Tenía todo el tiempo del mundo para entregarse a ellos.

Al mediodía salía el avión que lo llevaba a Chile. Apenas habían transcurrido poco más de doce horas desde su llegada, y ya estaba el Papa en el aeropuerto despidiéndose de las mismas autoridades que lo habían recibido la tarde anterior. Y dentro de tres horas estaría en Santiago, saludando de nuevo, sonriendo, escuchando…

La cruz que presidió la Misa es enorme y pesa mucho: es la cruz del Papa, la que debió llevar cada día durante más de un cuarto de siglo. Y lo hizo; por eso es un gran santo; precisamente porque supo unir su cruz a la Cruz.

En 1998 tuve la suerte de ir a Cuba, a informar sobre el viaje de Juan Pablo II a la isla. El último día, en un libro de José Martí, encontré por casualidad unos versos que son la explicación exacta de su vida: Cuando al peso de la Cruz/ el hombre morir resuelve/ sale a hacer el bien y vuelve/ como en un baño de luz.

Celebrando un siglo de su nacimiento, le pido a san Juan Pablo II, Magno, que me enseñe un poquito a llevar mi cruz - ¡qué pequeñez! -  como él cargó con la suya: con elegancia, con una sonrisa, con un renovado recomienzo cada día… Me parece que este el camino para mejorar el mundo.