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martes, 27 de julio de 2021

PARA SALIR DEL HORNO


          Hoy, más que ayer y anteayer, es necesario rezar: por la Iglesia en el mundo entero; por el Papa Francisco; por sus colaboradores inmediatos; por los obispos; por los sacerdotes; por las religiosas y los religiosos; por todos, mujeres y hombres de toda raza, de toda condición. No doy razones. Si alguien las pide, póngase a rezar de apuro porque está en el horno.

Foto de Mart Production en Pexels

          

domingo, 25 de julio de 2021

ABUELOS: ¡NO HAY JUBILACIÓN!


           Hoy se celebra en la Iglesia, por primera vez, la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Será, en adelante, el domingo de julio más cercano a la celebración de los santos Joaquín y Ana, padres de la Santísima Virgen, y por eso abuelos de Jesús.

           El Papa Francisco ha escrito un Mensaje para esta ocasión. Dice: No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo. 

            No tenemos edad de retiro... Los nietos están ahí; lo que su abuelo/a les enseña es para siempre. ¡Que labor!

Foto, Alena Darmel 

sábado, 5 de junio de 2021

LA RENUNCIA DEL CARDENAL MARX

 

La noticia “bomba” estalló en Munich ayer, viernes 5 de junio, con la publicación de la carta de su arzobispo, Cardenal Reinhard Marx, en la que le pide al papa Francisco que lo dimita de ese cargo en la Iglesia.

            Perdí la cuenta de las veces en que he leído y releído la carta, intentando comprender los argumentos que presenta el arzobispo para justificar su inesperada decisión. ¿Por qué tantas veces? Porque la carta no es sólo de renuncia, sino también de denuncia de lo que va mal en toda la Iglesia. Renunciando, piensa el cardenal que su gesto servirá “para un nuevo recomenzar de la Iglesia y no solamente en Alemania”.

            Dice también que nos encontramos en la Iglesia en “un punto muerto”, en un callejón sin salida que, según cree, solamente podrá superarse siguiendo el “camino sinodal”.

           Tanto el diagnóstico como la terapia propuesta dan y darán para muchos comentarios. Aquí solamente quisiera aportar un antiguo texto del profesor Joseph Ratzinger que, a mi entender, arroja luz al problema actual y no solamente de Alemania.

            En 1970, después de terminado el Concilio Vaticano II en el que participó como “Experto” y siendo profesor de dogmática en Ratisbona, Ratzinger difundió por la radio cinco conferencias que fueron publicadas en Munich, precisamente, con el título “Fe y futuro”. En la última de ellas trata este tema: ¿Qué aspecto tendrá la Iglesia en el año 2000?

            Para responder la pregunta, el profesor Ratzinger va a la historia, maestra de la vida (nada nuevo hay bajo el sol) y analiza en profundidad algunas de las crisis que ha sufrido la Iglesia. Finalmente, concluye con el texto que ahora transcribo. (Los subrayados son míos).


¿QUÉ ASPECTO TENDRÁ LA IGLESIA DEL AÑO 2000? * 

El futuro de la Iglesia puede venir y sólo vendrá, también hoy, de la fuerza de aquellos que tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. No vendrá de aquellos que sólo dan recetas. No vendrá de aquellos que sólo se acomodan al instante actual. No vendrá de los que critican sólo a los otros y se aceptan a sí mismos como norma infalible.

 Por eso tampoco vendrá de aquellos que sólo escogen el camino más cómodo, los que evitan la pasión de la fe, y tienen por falso y superado, por tiranía y legalidad, todo lo que exige al hombre, lo que le duele, lo que le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo positivamente: el futuro de la iglesia, también ahora, como siempre, ha de ser acuñado nuevamente por los santos.

 Por hombres, por tanto, que perciben algo más que las frases que son precisamente modernas. Por hombres que pueden ver más que los demás, porque su vida tiene mayores vuelos. El desprendimiento que libera a los hombres, sólo se alcanza por las pequeñas renuncias diarias a sí mismo. En esta pasión diaria, por la cual únicamente puede experimentar el hombre de qué múltiples formas le ata su propio yo, en esta pasión diaria y sólo en ella, se va abriendo el hombre palmo a palmo.

 El hombre sólo ve tanto cuanto ha vivido y sufrido. Si hoy apenas podemos percibir a Dios, es porque nos resulta muy fácil escapar a nosotros mismos, huir de la profundidad de nuestra existencia al sopor de cualquier comodidad. Así lo que es más profundo en nosotros sigue estando inexplorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡cuán ciegos estamos todos!

 (…) Demos un paso más. De la Iglesia de hoy saldrá también esta vez una Iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios construidos en la coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad. Se habrá de presentar a sí misma, de forma mucho más acentuada que hasta ahora, como comunidad voluntaria, a la que sólo se llega por una decisión libre

Como comunidad pequeña, habrá de necesitar de modo mucho más acentuado la iniciativa de sus miembros particulares. Conocerá también, sin duda, formas ministeriales nuevas y consagrará sacerdotes a cristianos probados que permanezcan en su profesión: en muchas comunidades pequeñas, por ejemplo en los grupos sociales homogéneos, la pastoral normal se realizará de esta forma. Junto a esto, el sacerdote plenamente dedicado al ministerio como hasta ahora, seguirá siendo indispensable.

 Pero en todos estos cambios que se pueden conjeturar, la Iglesia habrá de encontrar de nuevo y con toda decisión lo que es esencial suyo, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la asistencia del Espíritu que perdura hasta el fin de los tiempos.

 Volverá a encontrar su auténtico núcleo en la fe y en la plegaria y volverá a experimentar los sacramentos como culto divino, no como problema de estructuración litúrgica. Será una iglesia interiorizada, sin reclamar su mandato político y coqueteando tan poco con la izquierda como con la derecha. Será una situación difícil. Porque este proceso de cristalización y aclaración le costará muchas fuerzas valiosas.

 La empobrecerá, la transformará en una iglesia de los pequeños. El proceso será tanto más difícil porque habrán de suprimirse tanto la cerrada parcialidad sectaria como la obstinación jactanciosa. Se puede predecir que todo esto necesitará tiempo. El proceso habrá de ser largo y penoso. (…) Pero tras la prueba de estos desgarramientos brotará una gran fuerza de una Iglesia interiorizada y simplificada. Porque los hombres de un mundo total y plenamente planificado, serán indeciblemente solitarios. Cuando Dios haya desaparecido completamente para ellos, experimentarán su total y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo completamente nuevo.

Como una esperanza que les sale al paso, como una respuesta que siempre han buscado en lo oculto. Así que me parece seguro que para la Iglesia vienen tiempos muy difíciles. Su auténtica crisis aún no ha comenzado. Hay que contar con graves sacudidas. Pero también estoy completamente seguro de que permanecerá hasta el final: no la Iglesia del culto político, sino la Iglesia de la fe. Ya no será nunca más el poder dominante en la sociedad en la medida en que lo ha sido hasta hace poco. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los hombres como patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.

 

 

*JOSEPH RATZINGER, Fe y futuro. Kosel-Verlag, München 1970. Ediciones Sígueme, Salamanca 1972, págs. 74 y ss.

 

 

 

           

martes, 1 de junio de 2021

DIOS ES UN NIÑO


                                                            Foto Javier Marrodán


               Los niños no saben de colores de piel, ni de edades, ni de conocido o desconocido: a todos ofrecen, sin distinción, lo único que tienen: su sonrisa y su mano, su capacidad de querer, es decir, TODO. Y el que lo recibe se siente infinitamente pagado, no hay más que ver su rostro de una felicidad tan inesperada como enorme; el agradecimiento le sale del corazón.

              Y es que el mismo Dios es un niño; y el temor de Dios, el miedo de lastimarlo... "El que recibe a un niño me recibe a Mí" (Marcos 9, 37).    

domingo, 18 de abril de 2021

UN DÍA GLORIOSO

 El de ayer fue un día glorioso. Más, porque estamos en otoño. La  temperatura, ideal. Y el mar, azul como pocas veces. Y no había viento. En este tiempo de encierro, la playa fue libertad responsable en estado puro. Frente al mar, una sinfonía en azul que me hizo pensar…

¿Qué haré de mi vida?...


¡Ya resolví el problema, manos a la obra!


Hay quienes prefieren esperar, sentados, a ver si “se me da”…


O, aunque con esfuerzo, de pie, buscando el pique, trabajando por el pique



Corriendo, también corriendo se vive la vida


Y caminando en compañía de amigos, ¡qué mejor!


Pero importa encontrar con quién compartir la existencia


Y, cuando se encuentra, el futuro es puro presente conversado mil veces


Con alguna incomodidad, claro, pero ¡con gusto!


Porque pasar la vida en soledad… No, decididamente no.


Un día glorioso, para no parar de darle gracias a Dios. Lo pasé en Santa Lucía del Este, con amigos “burbujeantes”. Inolvidable.



 

 

  

martes, 6 de abril de 2021

¡ESTÁ VIVO!...


 ¡Sí, decididamente, sí! ¡Hay que gritarlo con altoparlantes! ¡JESUCRISTO VIVE!... Uno puede leer y releer la biografía de un héroe, de un famoso, de un hombre bueno... y conocerla con pelos y señales. Pero... ¡no puede conversar con él, ni intimar, ni... nada! ¡Porque está muerto! Con Jesús, en cambio, puedo hablar de lo mío, de lo suyo, de lo nuestro, de la pandemia, de mis amigos muertos, de mi familia, de mis proyectos, de mi país, de los otros países, de los que están en guerra... Y del presente, del futuro y del pasado, sí, aunque él no tiene memoria para los momentos tristes en que me olvidé de su presencia. Y me cuenta del Cielo, y me dice que le duele el olvido de tantos... ¡Jesucristo está vivo!, ¿se entiende? Y te ofrece la Paz verdadera, la que perdura, la que espanta los miedos covídicos... ¡Vamos, a entrar en relación de amistad con él! Leyendo y releyendo su vida, ahora mismo los capítulos finales de los Evangelios: ¡ahí está Jesús Resucitado! Sirviendo, escuchando, sonriendo, animando...

sábado, 27 de marzo de 2021

LA SEMANA MÁS IMPORTANTE DEL AÑO


 Domingo de Ramos. Empieza la Semana Santa. El amor de Jesús lo lleva a instituir el sacramento de la locura, la Eucaristía. Todos los días, desde hace más de 47 años, la celebro en cada Misa, renovación incruenta del sacrificio del Calvario. Me estremece. Me salva el arranque de la celebración: "Yo confieso que he pecado mucho, de pensamiento, palabra, obra y omisión"... Y pido perdón golpeándome el pecho. ¡Dame tiempo, Señor, dame tiempo para arrepentirme y mejorar!

                            


    El mismo día en que Jesús resucitó, ¡alleluia!, se apareció a sus apóstoles para decirnos: "a quien ustedes les perdonen los pecados, les quedan perdonados". ¡Tenía apuro el Señor, para transmitir a sus sacerdotes el poder que solo Él tenía! "De pasarme las horas confesando, los días y los años absolviendo pecadores, sí, ¡santos!, ángeles con el ala rota, pedros y magdalenas que se acusan del peso de la sombra de este mundo: de tanto perdonarles alma y cuerpo se vuelven transparentes como dulces marías que renacen, y yo, yo pecador, un cristo ciego que con los años entra en agonía de carne y sangre y tierra, opaca muerte (José M. Ibáñez Langlois).

(Fotos, Josh Applegate, Unsplash).