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lunes, 9 de mayo de 2022

EL SOTANOSAURIO

            Fue hace una cantidad de años, a fines de la década del 70. El Obispo de San José de Mayo era monseñor Herbé Seijas, amigo de mi familia. Yo era un sacerdote casi de estreno: había recibido la ordenación en 1973 y al año siguiente ya estaba trabajando  en Montevideo. El caso es que me encontré aquí con monseñor Seijas y enseguida me pidió si podía ir a San José tal fin de semana, para ayudar con las Misas: - Es que tenemos varios casamientos, me explicó, y Misas y no hay curas… Le dije que sí, naturalmente.

            El párroco de la Catedral de San José era el P. Palermo, tan recordado y tan querido. Me dio un abrazo muy afectuoso cuando llegué, mientras exclamaba sonriente: - ¡Sos el último sotanosaurio!... Sí, yo usaba entonces la sotana con la que había sido ordenado. Era la prenda todouso en la que me embutía al levantarme y me despedía de ella al irme a la cama: Misas, confesiones, reuniones, comidas; caminatas, viajes en ómnibus… siempre con sotana; me parecía lo más lógico del mundo.



            En nuestro laico país educado, que conste, nunca nadie comentó o se rió o sonrió de mi sotana. Pero, con el correr de poco tiempo más, viendo que se iba normalizando su desuso entre los clérigos, tomé la decisión de reservarla para la celebración de los sacramentos y, en las demás actividades, usar el traje negro (clergyman) con camisa y cuellito.

            Han pasado muchos años, estamos en tiempos de full freedom. Pero advierto que, precisamente en este contexto, la sotana del sacerdote ha adquirido una inesperada estimación.

            Algo intuía yo, porque vistiéndola recientemente por la calle había escuchado algún comentario tipo “¡mirá, un Padre!”… Ayer tuve la confirmación de este interesante cambio cultural.

             Me habían pedido ir a la Médica Uruguaya a atender a una señora. Sábado, de 4 a 6 de la tarde horario de visitas, allá vamos, con sotana, a la Torre D, piso 5º. Portero de la entrada: - Sí, mire: vaya hasta donde están las cajas; agarra a la derecha y ahí está el ascensor para el quinto piso. Ascensorista mujer: - Ahora lo dejo en otra planta; sigue hasta el fondo y toma el ascensor para la torre D. ¡Adiós, encantada! Ascensorista hombre: - ¿Cómo anda?... Sí, hasta las seis, pero cada tanto hay un hueco y uno se puede ventilar un poco. ¡Gracias!

            Encuentro la habitación. La señora está con una acompañante de servicio, que enseguida se levanta y me deja a solas con ella. Dice la paciente: “¡qué alegría que haya venido, Padre!”. En la cama de al lado duerme otra señora, también ella acompañada. La acompañante, acurrucada en su sillón, no se mueve.

            Confesión y Unción de los enfermos para la paciente. Y justo entran un enfermero y una enfermera para darle un calmante (la señora es fuerte y no se queja, pero sufre mucho: fracturada la cadera e infección en una pierna). El enfermero, nada más verme exclama: - ¿Qué hace falta para casarse por la Iglesia? ¡Porque yo quiero casarme por la Iglesia! – ¿Y para cuándo sería? – No, todavía no; es para saber. Porque yo quiero que sea por la Iglesia, reitera. – Bueno, lo primero es tener una novia… ¿Ya la tenés? – No, todavía no; pero la voy a encontrar. – Averiguá dónde te bautizaron y pedí un certificado de tu bautismo… Interviene entonces la enfermera: - Yo no sé si estoy bautizada. A mí me dieron el “agua de socorro”… Hablamos sobre esto. Unos minutos más y salen de la habitación dándome las gracias.

            Pude entonces darle la Comunión a mi paciente, que estaba realmente Feliz. Al terminar, la acompañante de la otra señora dejó su sillón y se acercó a preguntarme: - Padre, si mi hijo quiere casarse por la Iglesia, ¿qué tengo que hacer? La delata el acento: - Sí, soy venezolana. Y me cuenta cuándo llegó a Uruguay, por qué vino, dónde vive con su hijo, que ya se ennovió con otra venezolana y a lo mejor se casan pronto, y lo agradecida que está a Dios y al país…

            Después de 40 minutos, más o menos, me despido y emprendo la retirada:  ensotanado y renovando el propósito de seguir usándola: no sé qué tiene, pero es un imán que invita a acercarse y da confianza. ¿Sotanosaurio?... Voy a cruzar avenida Italia y oigo un grito que alguien lanza desde un ómnibus que pasa: “¡Padree!”…      

 

           

 

jueves, 5 de mayo de 2022

SI PARA ALGO SIRVE LA HISTORIA...

Entre 1991 y 2001, se sucedieron las llamadas guerras de los Balcanes, que costaron entre 130.000 y 200.000 muertos y millones de personas que debieron abandonar sus hogares. El miércoles 12 de enero de 1994, Juan Pablo II pronunció estas palabras en la Audiencia General. 

Como sabéis, he convocado para el domingo 23 de enero una jornada especial de oración, precedida por un día de ayuno, el viernes 21 de enero, por la paz en los Balcanes. Es sumamente urgente que toda la comunidad eclesial y todos los creyentes eleven una oración insistente por esas queridas poblaciones, a las que seguramente se puede aplicar de forma dramática las palabras de Pascal: "Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo" (Pensées, "Le mystère de Jésus", 553).

Estas palabras afloraron como pensamiento dominante a lo largo del reciente encuentro de estudio celebrado en el Vaticano sobre el tema de la paz en los Balcanes. En esa reunión se hizo un atento análisis de la situación de las poblaciones en los Balcanes, que ha permitido entender mejor las causas, la realidad y las consecuencias de ese conflicto sangriento. Es difícil no vislumbrar en los acontecimientos que vienen sucediéndose desde hace años en la ex Yugoslavia precisamente "la agonía de Cristo que continúa hasta el fin del mundo...". Aunque san Pablo recuerda que "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre Él" (Rm 6, 9), esta última no deja de estar presente en la vida de los hombres. Somos testigos de un proceso de muerte precisamente en los Balcanes y, por desgracia, testigos impotentes. Cristo sigue muriendo entre los acontecimientos trágicos que se suceden en esa zona del mundo, y esto ha sido objeto de nuestra reflexión común. Cristo continúa su agonía en muchos hermanos y hermanas nuestros: en los hombres y mujeres, en los niños, en los jóvenes y en los ancianos; en muchos cristianos y musulmanes, en creyentes y no creyentes.


(Foto El Mundo)

En la guerra de los Balcanes la mayoría de las víctimas son personas inocentes. Y entre los mismos militares no son muchos los que tienen la plena responsabilidad de las operaciones bélicas. Así aconteció en el Gólgota, donde en realidad fueron pocos los verdaderos culpables de la muerte de Cristo. Los ejecutores materiales de su muerte e incluso los que gritaban "¡Crucifícale, crucifícale!" (Lc 23, 21), no sabían lo que estaban haciendo o pidiendo. Por eso, Jesús dijo desde la cruz: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen" (Lc 23, 34).

Pero, ¿es posible realmente afirmar que las personas y los ambientes responsables de los trágicos acontecimientos de la ex Yugoslavia no saben lo que hacen? En realidad, no pueden no saberlo. Tal vez la verdad es que tratan de encontrar justificaciones para su comportamiento. Nuestro siglo, por desgracia, nos ha suministrado muchos ejemplos de ese tipo. Los totalitarismos, tanto los de índole nacionalista como los de índole colectivista han tenido gran difusión en el pasado reciente, y todos se basaban en la obediencia a ideologías de salvación, que prometían el paraíso en la tierra para cada persona y para toda la sociedad. En ese marco se podría decir que lo que está aconteciendo ahora en los Balcanes, a la luz de la historia reciente de Europa, no constituye ninguna novedad. Lamentablemente hemos conocido ya la reivindicación del espacio vital (Lebensraum), como también la idea de una nación elegida, de una raza o clase privilegiada.

Al final de la segunda guerra mundial, en el momento del despertar de las conciencias, la humanidad cayó en la cuenta de que todo eso era contrario al bien del hombre y de las naciones. La primera respuesta a la crueldad de ese tremendo conflicto fue la Declaración universal de los derechos del hombre. Y, precisamente en los Balcanes, parece que se ha vuelto, en cierto sentido, al punto de partida. Los derechos del hombre son violados de manera espantosa y trágica, y los responsables llegan a justificar sus actos con el principio de la obediencia a las órdenes y a determinadas ideologías. Así, resuenan, también ahora, las palabras de Cristo dirigidas al Padre: "Perdónales, porque no saben lo que hacen".

Si existe de hecho cierta inconsciencia de la gravedad del momento, eso no nos exime de tomar posición según criterios de objetividad frente a una situación tan trágica. Los responsables de los crueles delitos de la segunda guerra mundial fueron juzgados y el proceso en Occidente concluyó en un período de tiempo relativamente corto. En Europa oriental, por el contrario, se tuvo que esperar hasta el año 1989, y hasta el día de hoy no todos los culpables de las múltiples y documentadas violaciones de los derechos humanos han recibido una justa condena.

Lo que está sucediendo en los Balcanes suscita espontáneamente reflexiones de este tipo. Con todo, aunque reconocemos la necesidad de hacer justicia con respecto a los culpables, no podemos olvidar el grito de Cristo en la cruz: Perdónales... No pueden olvidarlo la Iglesia y la Sede Apostólica, ni los ambientes ecuménicos que llevan de verdad en su corazón la causa de la unidad de los cristianos. No pueden olvidarlo los defensores de los derechos del hombre, que hablan en nombre de las organizaciones internacionales europeas y mundiales. Desde luego, no se trata de una indulgencia superficial frente al mal, sino de un esfuerzo sincero de imparcialidad y de la necesaria comprensión con respecto a quienes han actuado impulsados por una conciencia errónea.



De todo ello se habló a lo largo del encuentro celebrado recientemente en el Vaticano. Y la conclusión general a que se llegó fue la siguiente: problemas tan graves no se pueden resolver sin hacer referencia a Cristo.

Se dijo que en los Balcanes los cristianos, por haber cedido a presiones ideológicas de diversa índole, han perdido credibilidad. Por consiguiente, cada uno debe asumir su propia parte de responsabilidad. Con todo, la debilidad de los cristianos pone aún más de relieve el poder de Cristo. Sin Él no se pueden resolver problemas que resultan cada vez más complicados para las instituciones y las organizaciones internacionales, así como para los diversos gobiernos involucrados en el conflicto.

Si parece imposible llegar a una solución duradera y pacífica, ¿es sólo por falta de buena voluntad de las partes enfrentadas? ¿Se puede aplicar también aquí el grito de Cristo: "Perdónales, porque no saben lo que hacen?" Es de suponer que todos los que se hallan implicados quieran razonablemente evitar lo peor, es decir, la multiplicación de los enfrentamientos, que corren el peligro de convertirse en el inicio de una guerra europea o, incluso, mundial.

La Sede Apostólica, por su parte, no cesa de recordar el principio de la intervención humanitaria. No se trata, en primer lugar, de una intervención de índole militar, sino de todo tipo de medidas que se encaminen a lograr el desarme del agresor. Ese principio encuentra una aplicación precisa en los preocupantes acontecimientos de los Balcanes. En la enseñanza moral de la Iglesia toda agresión militar se considera moralmente mala, por el contrario, la legítima defensa es admisible y, a veces, debida. La historia de nuestro siglo ofrece numerosos casos que confirman esa enseñanza.

La intervención humanitaria más poderosa sigue siendo siempre la oración, pues constituye un enorme poder espiritual, sobre todo cuando va acompañada por el sacrificio y el sufrimiento. ¡Cuántos sacrificios, cuántos sufrimientos están afrontando los hombres y las naciones de esa atormentada zona de los Balcanes! Aunque no sea perceptible a una mirada superficial, y aunque muchos no lo reconozcan, la oración unida al sacrificio constituye la fuerza más poderosa de la historia humana. Como dice san Pablo, es algo así como "amontonar ascuas sobre la cabeza" de quienes cometen delitos e injusticias (cf. Rm 12, 20); es como "espada de dos filos, que penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón" (Hb 4, 12).

La oración es también un arma para los débiles y para cuantos sufren alguna injusticia. Es el arma de la lucha espiritual que la Iglesia libra en el mundo, pues no dispone de otras armas. La Jornada mundial de la paz es una fuerte llamada anual a la oración. El año pasado tuvo como prolongación el encuentro especial celebrado en Asís, con la participación de los representantes de las naciones balcánicas. Este año, por el contrario, está prevista para el domingo 23 de enero una jornada de oración por la paz, durante la semana de oración por la unidad de los cristianos.

El reciente encuentro de estudio, en el que tomaron parte expertos cualificados, tenía como objetivo contribuir a la preparación de la Jornada especial del próximo día 23 de enero, para que cuente con una participación mayor y más ferviente. La oración nos debe unir realmente a todos frente a Dios, Padre justo y rico en misericordia.

El año pasado fue beatificada sor Faustina Kowalska, a quien Cristo llamó a un vasto apostolado de misericordia, en vísperas de la segunda guerra mundial. Sor Faustina era consciente de la importancia del mensaje que le encomendó Cristo, pero no podía prever la enorme difusión que tendría en el mundo, pocos años después de su muerte. La humanidad entera tiene necesidad de ese mensaje sobre la misericordia de Dios. Y de Él tiene necesidad el mundo de hoy, en especial la atormentada zona de los Balcanes. El mensaje de la misericordia de Dios es, al mismo tiempo, una fuerte invitación a una confianza más viva: ¡Jesús, confío en ti! Es difícil encontrar palabras más elocuentes que las que nos legó sor Faustina.

¡Jesús, confío en ti! Ésa es la esperanza que nos ha guiado en estos días de reflexión común, teniendo viva la conciencia de que la paz en los Balcanes es posible. Spes contra spem! ¡Nada es imposible para Dios!

Es posible, sobre todo, la conversión, que puede transformar el odio en amor y la guerra en paz.

Por eso, se vuelve más insistente y confiada nuestra oración: ¡Jesús, confío en ti!

sábado, 30 de abril de 2022

PREDICACIÓN MUSICAL

ERIK VARDEN es monje y obispo, nacido en Noruega en 1974. En el año 2002, después de diez años de estudios en la Universidad de Cambridge, ingresó en la Abadía San Bernardo, en Charnwood Forest. El Papa Francisco lo nombró Obispo de Trondheim, en Noruega, en 2019.

Monseñor Varden lleva el blog semanal Coram fratribus, al que estoy suscrito. En el último número, con el título "Predicación musical", publica este comentario.    


En un momento en el que el culto a Stalin goza de un perverso renacimiento en el Este y en el que incluso podemos asistir a un intento de reencarnación, es bueno recordar a aquellos que resistieron al dictador con determinación, a un gran coste. Una de ellas fue Maria Yudina, una de las mejores pianistas que han existido. Gloriosamente excéntrica, dormía en una bañera y solía regalar los honorarios de sus conciertos a los miembros de su público. No se inmutaba en su confesión cristiana. Cuando Stalin, que la admiraba, le envió un regalo en metálico, ella respondió: "Rezaré por usted día y noche y pediré al Señor que perdone sus grandes pecados ante el pueblo y el país". En cuanto al dinero, añadió, lo había regalado. Fue expulsada de la vida pública y vivió en la penuria. Shostakovich la conocía y la veneraba. Tras su muerte, causada por un error de medicación, dijo: "Siempre tocaba como si estuviera dando un sermón". Podrá hacerse una idea de lo que quería decir si escucha esta grabación del 4º Concierto de Beethoven.

Ah, ¡si hubiera más predicadores que predicaran como si estuvieran tocando a Beethoven!



domingo, 10 de abril de 2022

MÁS ALLÁ DE RUSIA Y UCRANIA

El Acto de consagración realizado por el Papa Francisco, en unión con todos los obispos del mundo en la Solemnidad de la Anunciación, el 25 de marzo de 2022, pasará a la historia. Lo será por las circunstancias dramáticas en que fue hecho y porque, aceptando el pedido que le habían hecho los obispos católicos ucranianos, Francisco se dirigió a la Virgen consagrando concretamente a Rusia, como Ella lo había solicitado en su aparición de julio de 1917 en Fátima. No obstante, en mi opinión, su trascendencia histórica debería buscarse más allá de las circunstancias que lo han rodeado.



Una especial preparación

            El 17 de marzo pasado las Nunciaturas Apostólicas enviaron a todos los obispos una comunicación, por encargo del Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin que anticipaba que, en los próximos días el Papa Francisco enviará una Carta con la cual invita a unirse en oración especial por la paz el próximo viernes 25 de marzo. Después de anunciar que en esta fecha el Santo Padre tendrá una celebración particular en la cual consagrará Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María, añadía que era deseo del Papa que esta iniciativa a favor de la paz sea vivida por todo el santo pueblo de Dios y en particular por los sacerdotes, religiosas y religiosos, con iniciativas locales (en las catedrales, iglesias parroquiales y santuarios marianos) de la manera más conveniente en cada Diócesis.[1]

             Este anuncio fue un primer signo de la importancia que el Papa daba al Acto que iba a realizar. La Carta, fechada en San Juan de Letrán el 21 de marzo, llegó dirigida a cada obispo, Querido Hermano. Después de exponer el sufrimiento del pueblo ucraniano y la necesidad de interceder ante el “Príncipe de la paz”, y acogiendo también numerosas peticiones, Francisco explica su intención: deseo realizar un solemne Acto de consagración de la humanidad, particularmente de Rusia y de Ucrania, al Corazón inmaculado de María. Y enseguida añade el sentido que tendrá el Acto: quiere ser un gesto de la Iglesia universal, que en este momento dramático lleva a Dios, por mediación de la Madre suya y nuestra, el grito de dolor de cuantos sufren e imploran el fin de la violencia, y confía el futuro de la humanidad a la Reina de la paz. Por esta razón, concluye, lo invito a unirse a dicho Acto, (…) para que el Pueblo santo de Dios eleve la súplica a su Madre de manera unánime y apremiante.

            Tres características pueden señalarse en estos pasos de preparación del Acto: 1) la consagración sería un Acto solemne, y dicha solemnidad se manifestaría en que sería realizado por el Papa y la Iglesia universal. 2) La consagración no sería solamente de Rusia y Ucrania, sino de toda la humanidad. 3) La oración de toda la Iglesia llegará al Cielo por mediación de la Madre de Dios, que es también Madre nuestra, y a Ella se le confiará el futuro de la humanidad.

            La convocatoria al Acto tuvo una extraordinaria y sorprendente acogida en todas partes, como se verificó a lo largo y a lo ancho del mundo: la fibra mariana de los católicos se manifestó de manera inmediata. En Europa se pudo realizar a la misma hora de Roma, como el Papa lo pedía en su Carta. En algunos países de América, la diferencia horaria era una dificultad, pero, en todos los casos, se llevó a cabo con gran asistencia de público. (En Montevideo, concretamente, la Misa y consagración se celebró en la Catedral a las 5 de la tarde que, para sorpresa de no pocos, estuvo llena en un día de semana).

Madre de Dios y Madre nuestra

            La celebración litúrgica penitencial presidida por Francisco comenzó con lecturas bíblicas, a las que siguió la homilía del Papa. En esta subrayó que realizaría el Acto en unión con los obispos y los fieles del mundo; deseo solemnemente llevar al Corazón inmaculado de María todo lo que estamos viviendo; renovar a ella la consagración de la Iglesia y de la humanidad entera y consagrarle, de modo particular, el pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que con afecto filial la veneran como Madre. Saliendo al paso de una posible interpretación equivocada del Acto de consagración, Francisco explica en su homilía que no se trata de una fórmula mágica, no, no es eso; sino que se trata de un acto espiritual. Es el gesto de la plena confianza de los hijos que, en la tribulación de esta guerra cruel y esta guerra insensata que amenaza al mundo, recurren a la Madre. En momentos difíciles como el que ahora vivimos, Francisco quiso animarnos a acercarnos al Corazón de nuestra Madre para colocar en él todo lo que tenemos y todo lo que somos, para que sea ella, la Madre que nos ha dado el Señor, la que nos proteja y nos cuide.

            Después de un tiempo dedicado a su Confesión personal y a confesar él mismo a algunos penitentes y, con él, más de un centenar de sacerdotes, el Papa Francisco se dirigió a la imagen de la Virgen de Fátima para realizar el Acto de consagración.

              Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra (…) Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces… Con esta preciosa advocación y declaración de la Maternidad espiritual de María comenzó la oración dirigida a la Señora. Madre Santa la llamará, reconociendo que es el mismo Dios quien nos la entregó como Madre en la Cruz y puso en su Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad.

              Más adelante, apoyándose en las palabras llenas de cariño que la Virgen le dijo a san Juan Diego en su aparición en México, en 1531, se dirige a Ella para rogarle: Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?Y recurre también a una advocación mariana (la Virgen Desatanudos, que se venera en Augsburgo desde 1707, a la que Francisco tiene especial devoción) para pedirle con total confianza: Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio. (…)

            Por último, limitándonos a lo que nos interesa subrayar de la oración del Papa, después de revivir con el texto de san Juan la entrega de su Madre que Jesús hizo en la Cruz, concluirá: Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. (…) Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad…

Significado del Acto

            ¿Cuál es el significado del Acto de consagración al Inmaculado Corazón de María, realizado por el Papa Francisco, unidos con él los pastores y los fieles del mundo entero?  En la Constitución dogmática Lumen Gentium se enseña que al Magisterio auténtico del Romano Pontífice se le debe un obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento, aun cuando no hable ex cathedra, puesto que se trata de su magisterio supremo. A su vez, explica enseguida la Constitución que a esta enseñanza pontificia se le debe prestar adhesión según la manifiesta mente y voluntad del Santo Padre, que se deduce principalmente ya sea por la índole de los documentos, ya sea por la frecuente proposición de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo (n. 25).

            Aplicando estos principios al Acto de consagración del 25 de marzo y teniendo en cuenta su esmerada preparación, se podría afirmar: 1) Se trata de un Acto de consagración a Cristo, invocada la mediación materna de María, que además de su propio relieve teologal de primer orden, tiene como objeto a toda la humanidad y a toda la Iglesia. 2) Francisco, sirviéndose de palabras y gestos (homilías, visitas a la Virgen antes y al regresar de sus viajes pastorales…) en numerosas ocasiones ha hecho referencia a la Maternidad espiritual de María. 3) En esta oportunidad, tanto en la Carta de invitación dirigida a los obispos, como en la homilía pronunciada antes de la consagración, y en la Oración de consagración, la forma de referirse a ella como un Solemne acto -así lo expresa en los tres documentos- aparece como muy significativa: ¿acaso no quiere manifestar que la Maternidad espiritual de María debe permear la vida de la Iglesia, más allá de las difíciles circunstancias actuales?

El texto de la Lumen Gentium enseña también que, aunque cada uno de los Prelados no goce por sí de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando, aun estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el vínculo de comunión entre sí y con el sucesor de Pedro, enseñando auténticamente en materia de fe y costumbres, convienen en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo (n. 25).

A su vez, parecería conveniente recordar lo que explicó en su día la Congregación para la Doctrina de la Fe: cuando sobre una doctrina no existe un juicio en la forma solemne de una definición, pero pertenece al patrimonio del depositum fidei y es enseñada por el Magisterio ordinario y universal – que incluye necesariamente el del Papa –, debe ser entendida como propuesta infaliblemente. La intención del Magisterio ordinario y universal de proponer una doctrina como definitiva no está generalmente ligada a formulaciones técnicas de particular solemnidad; es suficiente que quede claro por el tenor de las palabras usadas y por el contexto[2].

Llegando al final de este análisis, una conclusión sería que el Acto de consagración del 25 de marzo de 2022, llevado a cabo por el Papa Francisco en unión con todos los obispos del mundo, ha puesto de manifiesto solemnemente la profunda convicción de fe que tiene el Santo Padre en la protección materna de María, quien nos ha sido dada por Dios como Madre. 

Esta certeza de fe no ha cambiado desde que fue anunciada e infundida por Jesucristo a los suyos en el Calvario: en todos los tiempos así la han vivido todas las generaciones de cristianos y, sin duda, así se mantendrá hasta el final de los tiempos porque está inscrita con trazo fundacional, por así decir, en el corazón de la Iglesia: a nuestra Madre acudimos y siempre acudiremos confiadamente, de modo individual o colectivo, ante cualquier peligro o necesidad, buscando amparo, seguros de su intercesión y auxilio. 

A su vez, el Acto de consagración quizás puede situarse en línea -una línea abierta a inéditos acontecimientos y a múltiples iniciativas pastorales-, con el deseo que manifestara san Juan Pablo II durante el inolvidable Año Mariano de 1987-1988, que precedió a la caída del comunismo: mediante este Año Mariano, escribió entonces, la Iglesia es llamada no sólo a recordar todo lo que en su pasado testimonia la especial y materna cooperación de la Madre de Dios en la obra de la salvación en Cristo Señor, sino además a preparar, por su parte, cara al futuro, las vías de esta cooperación[3]. En otras palabras, se trata de encontrar los medios apropiados para facilitarle cada vez más a María el ejercicio de su Maternidad espiriual, que abarca a todos los hombres y mujeres del mundo entero. Entonces estará empezando en la Iglesia un renovado tiempo de misión.

 

 

 

 



[1] Todos los destacados en negrita son nuestros.

[3] JUAN PABLO II, enc. Redemptoris Mater, 25.III.1987, n. 49

martes, 22 de marzo de 2022

MARÍA DETUVO LA GUERRA

 

 

CUANDO MARÍA DETUVO LA GUERRA E IMPUSO LA PAZ

Costanza Signorelli

La Bussola Quotidiana, 21.III.2022

 



En 1522, la ciudad de Treviglio, en la actual región de Lombardía, fue escenario de particulares disputas entre franceses y españoles, que la saquearon sin descanso y la desfiguraron sin piedad. Durante uno de estos saqueos, los habitantes de Treviglio ofendieron a las tropas francesas en retirada, desatando la ira del general Lautrec, que -apodado "el tigre"- era conocido por ser un hombre de una ferocidad sin precedentes y un corazón "duro como el diamante". Lautrec juró vengarse de Treviglio y no tardó en organizar una ofensiva para pasar a cuchillo a la ciudad.

Ni que decir tiene que todas las más altas autoridades políticas de la zona se movilizaron para iniciar las negociaciones de paz, mientras que las autoridades eclesiásticas lo intentaron todo: el mitrado preboste de Pontirolo envió a su vicario Andrea Serbelloni a reunirse con el general Lautrec para la reconciliación. El "tigre", sin embargo, respondió que los enemigos del rey de Francia no podían ni debían ser perdonados por nadie.

Así, el 28 de febrero de 1522, los habitantes de Treviso, enterados del asedio, se despertaron al amanecer y comenzaron a esconderse, algunos en los bosques, otros en los sótanos y otros en los conventos, esperando el furioso ataque. Mientras tanto, las tropas francesas avanzaban sobre la ciudad. Pero en un instante, en lugar del sonido de los hierros y el fuego, se oyó un clamor procedente de la iglesia, que se hizo cada vez más fuerte en las calles del pueblo, hasta que estalló en un grito: "¡¡¡La Virgen está llorando!!!".

En el campanario del monasterio de los agustinos, había un fresco de la Virgen con las manos unidas en oración y el Niño Jesús sobre sus piernas, que de repente se había puesto a llorar.

Todo el pueblo se precipitó al lugar, y uno a uno salieron de sus escondites, donde se habían refugiado por miedo a la guerra: no era sólo curiosidad por ver un milagro ante sus ojos, sino sobre todo por ver cumplidas las expectativas de sus corazones: ¡la esperanza de ser salvados!

En un abrir y cerrar de ojos, toda la plaza y las calles y casas alrededor del campanario se llenaron de una multitud que se arrodilló y comenzó a rezar a la Virgen: eran las 8 de la mañana del viernes 28 de febrero de 1522.

Los relatos de la época dicen que la Virgen no derramó unas pocas lágrimas, sino que de repente se puso a llorar durante seis largas horas. Lloró con los ojos, lloró con la cara, lloró con todo su cuerpo, que rezumaba sangre y agua. Todo estaba mojado, pero sólo ella: el niño y la pared circundante estaban perfectamente secos.

Ante este milagro, el general Lautrec también acudió al lugar, y en cuanto vio a la Virgen llorando, se arrodilló y quedó profundamente conmovido, puso su casco y su espada a los pies de María y se puso a rezar. Tras él, varios soldados se quitaron los cascos, las espadas, las armaduras, las túnicas, los estandartes... y donaron anillos, oro, plata y muchas otras cosas preciosas para honrar a la Reina del Cielo.

Hoy en día, el casco y la espada del general se conservan en un gran santuario construido con los ahorros del pueblo de Treviglio, que desde ese momento comenzó a vivir con la mirada fija en el Cielo, simbolizando el poder de Dios que convierte a los malvados, llevando la paz a todos los corazones.

lunes, 7 de marzo de 2022

¿QUÉ ES Y POR QUÉ "DESNAZIFICAR" UCRANIA?

Lo que está pasando en Ucrania es aterrador, basta con mirar algunos de los innumerables videos y escuchar testimonios. Es necesario rezar por el don de la paz.

"Desnazificar" Ucrania: este es el motivo invocado por el presidente ruso para justificar la invasión. Y me preguntaba: ¿qué quiere decir "desnazificar"? Escribí entonces al embajador de la Federacion Rusa en nuestro país, Andrey Budaev, pdiéndole una explicación. Amablemente, esta mañana me ha enviado el texto que ahora transcribo. (Es mío el link a Stepán Bandera). No obstante, es elemental preguntarse: ¿el fin justifica los medios?

         

SOBRE LA DESNAZIFICACIÓN DE UCRANIA

El 24 de febrero Rusia lanzó una operación militar especial en Ucrania después de que las autoridades de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk pidieron ayuda para repeler la agresión de Kiev (de acuerdo con los datos de la ONU en los últimos 8 años fallecieron 14 mil habitantes de estas republicas). En su declaración el presidente ruso Vladimir Putin dijo que esta operación tenía como objetivo la desmilitarización y desnazificación de este país.

Cabe recordar que, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la URSS y los países aliados pusieron en marcha un programa de desnazificación en Europa, destinado a liberar a las estructuras políticas alemanas y austriacas, a las organizaciones públicas y culturales y a los medios de comunicación de su ideología nazi. Se adoptaron medidas similares en los países que habían estado bajo ocupación alemana. El programa culminó con la detención y el juicio de los miembros del partido nazi y la destrucción de los símbolos físicos del régimen nazi.

En el contexto actual, la desmilitarización de Ucrania se refiere a la neutralización de su potencial militar, alimentado recientemente desde el exterior. El proceso de la desnazificación es un conjunto de medidas cuyo objetivo es liberar a la sociedad ucraniana de la ideología nazi y el miedo de la gente común de los actos agresivos de los nacionalistas ucranianos – los banderistas.

Muchos ucranianos simplemente tienen miedo de expresar todo su rechazo a los nazis por temor por su vida y salud. También cabe mencionar que la política del actual gobierno de Kiev de glorificar a los nazis y a sus colaboradores ya hace tiempo alcanzó el nivel estatal en Ucrania. Varios políticos y periódicos occidentales pronuncian el eslogan "¡Gloria a Ucrania!" como si no supieran su vínculo con los banderistas y otros colaboradores de los nazis. Y si alguien duda la esencia de este lema, basta con recordar que fue introducido en la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN*) en los años 1920 por una asociación con el nombre notable: la Unión de Fascistas Ucranianos. Ahora, el eslogan de los nazis ucranianos es el eslogan de las fuerzas armadas ucranianas, es decir, a nivel oficial el ejército ucraniano ha asumido el papel de sucesor histórico de los nazis.

Cabe señalar que el proceso de nazificación en Ucrania había comenzado incluso antes de que Ucrania declarara su independencia. En algunas ciudades del oeste de Ucrania, antes del colapso oficial de la URSS aparecieron las primeras calles que llevaban el nombre del líder de la OUN y partidario de los métodos terroristas Stepán Bandera. Uno de los partidos de actualidad más antiguos de Ucrania es Svoboda, que se registró como Partido Social Nacional en 1991. Al principio iba a llamarse Partido Nacional Social, pero se le amenazó con denegar el registro porque era una referencia demasiado obvia al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) de Hítler.

Por desgracia, la banderización de Ucrania ha alcanzado dimensiones colosales en todos los aspectos, desde los manuales escolares hasta los códigos de conducta. Se ha arraigado en la ideología y los símbolos del estado. La imponen los medios de comunicación y los políticos. En consecuencia, la desbanderización y desnazificación de este estado se convirtió en un problema urgente hace una década y media, cuando empezaron a emitir decretos presidenciales sobre la glorificación de los líderes de la colaboración con los nazis. Tras el golpe de Estado de 2014, estos procesos no solo se aceleraron, sino se convirtieron en una avalancha, acompañada de una descarada rusofobia. En aquel entonces los eslóganes "¡Moskals* a cuchillo!" se convirtieron en algo habitual en las marchas de antorchas banderistas. Y ahora han sido sustituidos por llamamientos a "masacrar a los rusos". Pero la comunidad occidental trata de hacer caso omiso incluso de estos llamamientos abiertos al genocidio por motivos étnicos, a pesar de que nuestros representantes los citan desde la tribuna de la ONU.

Los políticos occidentales demuestran a su auditorio que en Ucrania no hay nazismo ni genocidio y que, por tanto, este país no necesita desnazificación. Y simplemente les piden que ignoren los hechos que indiquen lo contrario. Incluso en estos días los nacionalistas y mercenarios ucranianos recurren a tácticas de los nazis en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, usando a los civiles como escudo humano. Cuando termine la operación en Donbás, comenzará un proceso difícil: la exhumación e identificación de los cuerpos de las fosas comunes de los lugares donde los notorios batallones Azov y Sector Derecho* tuvieron su base durante ocho años. Pero ya sabemos de antemano la reacción del Occidente colectivo: volverá a pedir a su sociedad que dé la espalda a esta evidencia de las atrocidades de los nazis ucranianos, que no le haga caso o la ignore. La desmilitarización y la desnazificación del actual gobierno ucraniano redundan en beneficio de la inmensa mayoría de la población ucraniana (ucranianos, rusos, judíos, armenios, georgianos, griegos, etc.), que se ha convertido en rehén de la criminal ideología nazi y de sus rabiosos partidarios. Todas las personas razonables del planeta deberían interesarse por esto, porque el régimen nazi militante de Ucrania supone una amenaza no sólo para Rusia, sino también para muchos países europeos. Desgraciadamente, muchas personas aún no comprenden esto.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

AÑO NUEVO, LUCHA NUEVA

El 31 de diciembre de hace tres años, en este mismo blog, publiqué el comentario que ahora reproduzco. No es por la comodidad de que "como de algo hay que escribir"..., sino que sigo pensando lo mismo que en el final del 2018: Dios y el mundo esperan de mí una lucha nueva. ¡Sí, Dios y el mundo!, sin exageración alguna.   



Estamos despidiendo un año y van y vienen llamadas, mensajes de whatsapp, correos… No son de despedida, sino de esperanza: ¿no es una muestra de esperanza, el hecho de que nos deseemos felicidades para el año que está sin estrenar? Yo me lo figuro como una agenda en blanco, con 365 páginas para escribir en ellas las alegrías, los trabajos, las dificultades, los buenos momentos, las sorpresas y los sinsabores de un nuevo año. Todo esto junto compondrá el año que está llegando, porque es la vida de cada uno la que está aliñada con esos ingredientes.


Llega el fin del año y quiero actualizar un particular recuerdo de san Josemaría. Terminaba 1971 y, haciendo un balance de lo hecho en ese año; (creo que lo hacemos todos, serenamente, en la presencia de Dios, qué hice bien, qué hice mal, por qué…) san Josemaría, aquel 31 de diciembre, después de ese examen le dijo a don Álvaro, el beato Álvaro del Portillo, que quería confesarse: no hay mejor manera de acabar el año, tomemos nota. Después, redactó un propósito para el año siguiente: AÑO NUEVO, LUCHA NUEVA. No es año nuevo vida nueva, sino lucha nueva, es decir, decisión enamorada de pelearla, de superarse ganándole batallas al propio yo, por amor a Dios. Y añadió aquel 31 de diciembre de 1971, con firme convicción: "Éste es nuestro destino en la tierra: luchar por amor hasta el último instante. Deo gratias!"

Pienso que es un propósito muy bueno, si tratamos de puntualizar la lucha nueva en el empeño por cultivar las virtudes domésticas. Por ejemplo: pedir por favor, dar las gracias, sonreír, anotar los encargos para no olvidarse, ofrecerse, ser más ordenado/a, silenciar lo negativo, destacar lo positivo, adelantarse en servir… Todo esto es lucha nueva. Y, como no sabemos cuándo nos llamará Dios a su presencia, sentir el deber de aprovechar el tiempo. 

Escribió también san Josemaría:  "El tiempo es un tesoro que se va, que se escapa, que discurre por nuestras manos como el agua por las peñas altas. Ayer pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero, ¡cuánto puede realizarse en este pequeño espacio, por amor de Dios!

De manera que AÑO NUEVO, LUCHA NUEVA. La deseo para todos, confiando por completo en la ayuda que nos va a dar la Santísima Virgen. El 1º de enero empezaremos el año celebrando su divina maternidad. Entonces…